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El artesonado de Casa Gavín, entre la protección y el olvido

El centenario local de la antigua tienda de semillas lleva tres años cerrado y en venta. Se han iniciado obras en el edificio, que "no afectan a los elementos patrimoniales", según el Ayuntamiento.

El artesonado, en una de las imágenes que aparece en el anuncio del la inmobiliaria.
El artesonado, en una de las imágenes que aparece en el anuncio de la inmobiliaria.
Idealista

Es una de las joyas del comercio zaragozano. Una tienda centenaria, que echó la persiana hace algo más de tres años y que, de momento, no ha encontrado comprador. En algunos libros del patrimonio de la ciudad se menciona su “espectacular conjunto de anaqueles expositores articulados por esbeltas columnillas”, ejecutados totalmente en madera tallada. También se destaca “la rica techumbre de casetones de roble” de Casa Gavín, que desde hace unos días es objeto de preocupación por los amantes del arte y el patrimonio, debido a una obras iniciadas en el edificio ubicado a la altura del número 100 de la avenida de César Augusto.

El asunto, incluso, llegó la semana pasada a la comisión de Urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza, donde el concejal Víctor Serrano tranquilizó a los presentes. “La jefa de la unidad de Patrimonio Histórico, Nuria Ramón Fernández, emitió un informe el 25 de enero en el que confirma con detalle que las obras propuestas no afectan a ninguno de los elementos que gozan de protección”, asegura Serrano, que añade que el Consistorio es especialmente cuidadoso con los locales y edificios que se encuentran en un ‘entorno BIC’ como es la plaza de Salduba, el Mercado Central y, por ende, el Casco Histórico. “No existe ninguna intervención prevista que pueda afectar al artesonado”, afirma Serrano, al tiempo que dice tener un especial cariño por aquel local, dado que su abuelo era agricultor y compró allí las semillas durante muchos años.

El exterior de Casa Gavín, con su cartel de venta.
El exterior de Casa Gavín, con su cartel de venta.
Guillermo Mestre

Las obras que se están llevando a cabo estos días en el edificio corresponden a un local contiguo y a la reforma interior de una vivienda en la planta superior, por lo que, aunque se vea trajín, nada tienen que ver con la tienda de semillas. No obstante, desde la oposición municipal se ha solicitado una mayor atención por el patrimonio y articular “algún recurso jurídico para salvar el interior de la tienda y condicionar su futuro a cualquier comprador”, en palabras del concejal Fernando Rivarés. 

Fue precisamente el edil de Podemos quien formuló la pregunta mostrando su preocupación por el devenir del artesonado porque, a su juicio, “es una auténtica obra de arte” y debería de gozar de una mayor protección de la que actualmente dispone. El edificio está catalogado como de Interés Arquitectónico de grado B y se especifica en su ficha que es obligado conservar la fachada “y la carpintería interior”, al igual que en otros locales míticos como el de la antigua joyería Aladrén. “Habría que impulsar alguna actuación para proteger la decoración de madera, que no muera, que no se lleve a otros lugares como ha sucedido tantas veces”, dice Rivarés, poniendo de ejemplo las techumbres de la planta noble del Ayuntamiento, que proceden de la desaparecida casa de Gaspar de Ariño (el palacio de los marqueses de Osera).

La decoración en roble de Casa Gavín se atribuye al arquitecto Ricardo Magdalena, aunque no se sabe a ciencia cierta quién fue su autor dado el amplio eclecticismo en el que predomina el modernismo geométrico. El edificio fue proyectado por el arquitecto José de Yarza Echenique en 1904, justo en un momento en el que comenzaba a bullir esta zona de la ciudad con la construcción del Mercado Central. Fue, sin embargo, unos pocos años antes, allá por 1900, cuando el emprendedor oscense Saturnino Gavín Abadías recaló en Zaragoza y se instaló en la llamada plaza del Mercado, hoy avenida de César Augusto. Empezó vendiendo semillas, productos para el campo y también ultramarinos, justo tres años antes de que abriera la lonja de Lanuza. Precisa y paradójicamente, las obras de remodelación del mercado contribuyeron a que la tercera generación de la familia colgara el cartel de ‘Se vende’ hace ahora tres años.

Una imagen del interior de la tienda cuando aún estaba en funcionamiento.
Una imagen del interior de la tienda cuando aún estaba en funcionamiento.
Heraldo

Lo cierto es que Casa Gavín lleva a la venta desde febrero de 2019 y, de momento, parece que no le han aparecido muchas novias. El local comenzó anunciándose a un precio de 240.000 euros y, en la actualidad, en el reclamo que puede verse ‘online’ en la inmobiliaria Shilfram se ofrece por 40.000 euros menos. Son 143 metros cuadrados de superficie construida (127 útiles), repartidos en tres plantas y, en el anuncio, se hace hincapié en el valor artístico pero también sentimental del inmueble. Casa Gavín recibió en 2003 una de las medallas concedidas por la Fundación Basilio Paraíso a los comercios centenarios de la ciudad y, una vez más, se destacó su gran belleza con una fachada de composición simétrica, capiteles y pilastras de madera tallada y un zócalo de mármol, que es de época más reciente.

Un anuncio de la tienda de mitad del siglo pasado.
Un anuncio de la tienda de mitad del siglo pasado.
Heraldo

Casa Gavín era hasta hace unos años una parada obligada en la llamada ‘Ruta 1908’ que se puso en marcha por las tiendas centenarias del Casco de Zaragoza. Desde el Torreón de la Zuda y hasta el Teatro Principal, los turistas podían conocer algunas joyas del comercio local, muchas de las cuales llegaron de la mano de la exposición Hispano Francesa de 1908, los primeros automóviles o la popularización de la electricidad. En aquellos ‘tours’, además del artesonado de Casa Gavín, también se visitaba el mostrador de la que fuera La Reina de las Tintas, el local de Paños Fortea o la tienda ‘gourmet’ Montal, donde se explicaban -dado que ahí se conserva el reloj original- algunos detalles de la Torre Nueva, demolida hace años. La antigua joyería Aladrén también era parada obligada, así como la pastelería Fantoba, también con una excepcional carpintería que costó 3.200 pesetas de la época, a comienzos del siglo XX.

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