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La acusación califica de ejecución la muerte de Laínez y la defensa, de imprudencia

El juicio contra Lanza se reanuda con alegatos de las partes y versiones totalmente opuestas.

Rodrigo Lanza, durante la vista celebrada este lunes en la Audiencia de Zaragoza.
Rodrigo Lanza, durante la vista celebrada este lunes en la Audiencia de Zaragoza.
javier Cebollada/efe

De espaldas, sin posibilidad de reacción y con ensañamiento. Una "ejecución", a juicio del abogado José Luis Melguizo, fue lo que Rodrigo Lanza hizo con Víctor Laínez en un bar del Casco Histórico en diciembre de 2017. "Lo quiso matar por motivos ideológicos; por ser contrario a sus ideales de extrema izquierda; porque le dijeron que era un facha y solía llevar tirantes con la bandera de España", expuso este lunes el letrado que, junto a Enrique Trebolle, representa a la familia de la víctima.

Una legítima defensa, un miedo insuperable, un estado mental en cortocircuito, una influencia del alcohol... "Rodrigo Lanza es responsable de haberle golpeado, si. Él mismo lo reconoce. Pero dice que lo hace porque Víctor Laínez lo quería matar y llevaba una navaja. ¿Tiene derecho a pegar puñetazo tremendo? Si siente que va a acabar con su vida, si. Aunque su intención no fue matarlo". Endika Zulueta, defensor de Rodrigo Lanza, volvió a presentar a su cliente como una persona no violenta, que temió por su vida y que actuó en reacción a una agresión previa por parte de la víctima.

El abogado quiso alejar el foco del motivo idelológico, no en vano una de las circunstancias agravantes que alegan las otras partes es el odio. Tildó de "simples" las explicaciones que dan a la agresión a la víctima, por reducirlas a que se desencadenó porque un amigo de Lanza le dijo que Laínez era conocido en el barrio por ser un "facha" y que, acto seguido, el procesado intercambió unas palabras con la víctima, esta le llamó, según dice, "sudaca de mierda" y él le dijo "fascista".

"Mantienen que es un ultraizquierdista radical y, como no le gusta la bandera española, lo ataca y lo mata. Pero nadie ataca por eso. Yo no he dicho nada de eso ni ningún testigo. ¿Cómo se va a matar porque lleve una bandera? Aquí no hay nada político. Le golpea no porque es un fascista sino porque le va a matar con una navaja", insistió Zulueta.

La supuesta navaja

Pero las acusaciones lo tienen claro. Además de hacer hincapié en que nadie vio esa supuesta navaja, salvo el acusado y el amigo que lo incitó, insistieron en que el motivo es "eminentemente ideológico". "Si no le hubieran dicho que era facha o de los templarios no se habría ido a por él», manifestó Melguizo.

El abogado contó al jurado que Laínez era amigo íntimo suyo y que no tuvo "cuajo" de presentarse como acusación en el primer juicio por no ver su autopsia. "Pero ahora que se ha criminalizado a la víctima y victimizado al criminal, se ha dicho que era un nazi, un legionario, tratando de descalificar a quien no se puede defender, sí". Destacó que la víctima vivía en la Magdalena y presentó en la causa fotos donde se le ve cocinando en comidas con personas de raza negra y de etnia gitana.

"Estas dos personas no se conocían. Solo se vieron esa noche y solo por ese motivo, provocado por la aproximación de Lanza a Laínez tras el comentario del amigo. Aunque rechacemos ese tipo de violencia, existe y hay personas que necesitan muy poco para actuar", planteó la fiscal, Ana Cabezas. Indicó unos testigos vieron el principio de la agresión y otros el final. "Pero lo que vieron todos es que en ningún momento Laínez agredió a Lanza", dijo.

David Arranz, abogado de Vox y diputado por esta formación, también incidió en que fue su "radicalismo" ideológico y la ideología que creía que tenía la víctima le llevó a atacarla. "No hubo legítima defensa; tampoco miedo. Tuvo oportunidad de marcharse y no lo hizo. Entró al bar cuando la víctima iba hacia la barra tranquila y de espaldas y la atacó. Tras dejarla inconsciente, le rompió todos los huesos de la cara salvo el lagrimal", dijo.

Zulueta, por su parte, dejó al jurado claras sus intenciones. "Mi función basta con hacerles dudar. Con eso me vale", afirmó. Y les recordó la fórmula: es mejor diez culpables estén en la calle a que un inocente esté la cárcel.

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