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Kamal, el joven que soñó ser guardia civil y al que una cruel venganza ha dejado sin rostro

Sus hermanos y padres han convocado una manifestación este domingo en la capital caspolina con el lema 'Todos somos Kamal'. Buscan fondos para ayudar a reconstruir su rostro desfigurado. 

La familia de Kamal, el chico de 17 años al que arrojaron ácido, durante la masiva concentración de apoyo que se celebró en Caspe
La familia de Kamal, el joven al que arrojaron ácido a la cara, durante la masiva concentración de apoyo que se celebró en Caspe
Laura Quílez

A Kamal Mouloudi no le puede dar la luz. Ni siquiera en un día nublado. Las contadas veces que sale a la calle tiene que hacerlo prácticamente encapuchado. Su piel no soporta los rayos solares, y su alma y su corazón no soportan las miradas ajenas. Kamal solo es Kamal por dentro. 

Por fuera, su rostro ha desaparecido. No tiene nariz, no tiene párpados, le falta una oreja. Terribles cicatrices le impiden cerrar la boca. Solo puede beber con una pajita. Cada vez que le operan, y han sido muchas las ocasiones, está dos semanas sin comer.

Lleva tres intervenciones en el cuello, pero le sigue tirando la piel y solo puede mirar hacia abajo. En el pecho se le han formado queloides, cicatrices mucho más grandes que las propias lesiones. De la pierna le falta piel por los numerosos injertos que le han hecho. Sus manos, codos, espalda también están marcados por las quemaduras químicas del ácido.

Kamal cumplió 18 años en septiembre de 2019. Cuatro meses antes, un viernes de mayo, cuando se dirigía a su casa de la calle de Garía de Caspe, un individuo se le acercó y le arrojó un líquido químico a la cara. 

El chaval acababa de ser víctima de la venganza más cruel e inhumana que un día imaginaron una o dos malas personas de Caspe y ejecutó una tercera, de Zaragoza. Su cuñada, Sara G., está en prisión, como supuesta inductora de la brutal agresión, junto a su tío, José G. (recientemente puesto en libertad) y el presunto autor material, Aitor G. El supuesto móvil: una venganza de Sara G. por haber sido abandonada por su marido y hermano de Kamal, Yahya Mouloudi.

Quienes ahora describen las terribles lesiones que padece Kamal son su padre, Mohamed Moloudi, de 63 años, y su hermano Ayoub, de 22. Han querido contar cómo es la vida que ahora, por una sádica decisión de otros, lleva su hermano pequeño. Herido, desfigurado, destrozado anímicamente, aislado, lejos de lo que era su día a día en Caspe, donde nació, un mundo de adolescente alegre y guapetón, lleno de ilusiones. 

Su familia necesita explicar cómo está porque quiere que el mundo sepa en lo que se ha convertido su vida y porque los médicos de la unidad de Quemados del Hospital Miguel Servet les han dicho que, hasta que se recupere de las operaciones,, un proceso lento en lesiones tan graves, no pueden volver a intervenirle. 

Han contactado con la clínica del doctor Pedro Cavadas (dedicado a la reconstrucción microquirúrgica y famoso por tratar casos con secuelas muy difícilmente reparables) y les recibirá dentro de unas semanas.

"Nos da mucho miedo que Kamal se pueda quedar así para siempre y no tenga posibilidades de mejora", dice Ayoub. La familia ha decidido movilizarse y convocar una manifestación el próximo domingo en Caspe y esperan sea tan multitudinaria como fue la primera, cuando toda la localidad se volcó con el joven agredido. Con el lema ‘Todos somos Kamal’, recorrerán la capital caspolina desde la plaza del Horno hasta la de España.

Pero también quieren apelar a la solidaridad de los aragoneses y conseguir fondos para intentar agotar todas las posibilidades de reparar las graves lesiones del joven al que, no obstante, seguirá tratando la sanidad pública, a la que están enormemente agradecidos.

Buscan dinero para pagar la defensa de Kamal, incluso querrían que el Gobierno de Aragón se personase en la causa, y quieren crear una asociación que proteja a las víctimas quemadas con ácido. Así lo explica su hermana Hasnae en la página Gofundme.com con el lema ‘Todos somos Kamal’.

Mohamed y su esposa Mabrouka, de 57 años, llevan 20 viviendo en Caspe. De origen muy humilde, han sacado adelante siete hijos. El padre de Kamal ha trabajado siempre en el campo y ahora, con las frecuentes visitas al hospital, no puede seguir haciéndolo como antes, pues tiene que faltar muchas veces. "Y si no trabajo no hay dinero", resume.

Él y su esposa, ya mayores y con problemas de salud, son los únicos que se han quedado a vivir en la capital caspolina. Sus hijos no pueden ni quieren estar allí. Tienen miedo de los agresores, pero también de lo que podría suceder si se encuentran con ellos.

"A Kamal le han truncado la vida antes de vivirla. Era muy buen estudiante, estaba a punto de hacer la Selectividad, irse de viaje de fin de curso. Su sueño era ser guardia civil. Con un amigo, había buscado una academia en Zaragoza para prepararse. Nunca podrá cumplirlo. Ahora bastante tiene con sobrevivir así", cuenta Ayoub.

Su vida se limita a estar en casa, jugar con la Play y hablar con algún amigo por Whatsapp. No sale apenas, salvo cuando tiene que ir al hospital. "Un día de octubre en las fiestas, vinimos a Zaragoza. Duró dos minutos en la plaza del Pilar. Estaba tapado, pero pensaba que todos lo miraban. Tuvimos que marcharnos. Dice que donde mejor está es en el hospital".

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