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especial 23 de abril

Grandes tragedias escriben la historia negra de Aragón: del incendio de Flying a Igor el Ruso

Desastres naturales, incendios, asesinatos, imprudencias, negligencias, accidentes... La vida y la muerte van de la mano en la historia del ser humano y las crónicas periodísticas tratan de ser un reflejo lo más fiel posible de lo que acontece.

Imágenes de archivo del incendio de la discoteca Flying, cuando se cumplen 30 años del trágico suceso
Imágenes de archivo del incendio de la discoteca Flying, cuando se cumplen 30 años del trágico suceso
Archivo Ayuntamiento de Zaragoza

Los crímenes más abyectos, las tragedias más inesperadas, las venganzas más crueles, las imprudencias o desidias más estúpidas forman parte de la historia de los pueblos. Generaciones enteras guardan en la memoria los relatos que integran la crónica negra de la época que les ha tocado vivir. Es la parte más dolorosa a la par que vergonzosa, pues descubre a vista de todos la peor parte del ser humano. En cuarenta años se han cometido muchas atrocidades, asesinatos y tropelías, tantos que es imposible resumirlos en pocas líneas. Aún así, aquí va una pincelada.

1982 comenzaba dejando atrás un año convulso, marcado por el golpe de Estado del 23-F y, en Zaragoza, por el secuestro de la máxima estrella del fútbol español y pichichi con el Fútbol Club Barcelona: Enrique Castro ‘Quini’. Acababa de jugar un partido contra el Hércules en el Camp Nou, que se saldó con goleada (6-0), dos de las dianas salidas de las botas de Quini. 

El futbolista iba al aeropuerto a buscar a su familia cuando tres zaragozanos armados lo obligaron a meterse en un coche. Comenzaba así un secuestro que conmocionó a España. Los captores lo tuvieron 25 días en un zulo de un local del barrio zaragozano de las Tenerías y lo dejaron en libertad sin pago alguno. Quini los perdonó y fueron condenados a 10 años de cárcel. La figura del fútbol murió de un infarto en 2018, a los 69 años.

Hace 40 años se perpetraba en Zaragoza el que fue llamado robo del siglo. Cinco hombres armados se presentaban a las ocho menos cuarto de la mañana en la fábrica de joyería Viuda de Simón Franco, en la calle de Argualas del barrio de Casablanca, y se apoderaron de oro valorado en 150 millones de pesetas (más de 900.000 euros).

Ese mismo año saltaba a las portadas de los periódicos el nombre de Antonio Gali Balaguer, un depredador sexual y asesino reincidente que mató a un pastor en La Zaida y a una niña de 11 años en el barrio de La Cartuja, a la que antes violó. Desde 1978, el individuo había sido juzgado por otras agresiones sexuales a niñas, pero en esa época no tan lejana estos delitos no se consideraban graves y se saldaban con simples multas o días de cárcel. Tras cumplir pena por los asesinatos, en 2006 salió de prisión y en Orense violó a dos mujeres y mató a una de ellas.

El año 1990 está impreso en letras bien negras el incendio de la discoteca Flying, en la calle de Don Teobaldo de Zaragoza. Cuando se declaró el fuego, de origen eléctrico, había 70 personas dentro. Las llamas hicieron colapsar el techo de la planta calle y desde allí se extendieron a la sala de baile, en el sótano. Las luces se apagaron, una densa humareda originó una desbandada hacia la salida de emergencia y las escaleras se convirtieron en una trampa mortal para 43 personas. Todas murieron intoxicadas, solo hubo una persona que sufrió heridas por quemaduras. 

Si el incendio de la Flying marcó 1990, la violencia fue la protagonista de la crónica negra de 1991. Durante este año, la delincuencia y el crimen tomaron derroteros de especial brutalidad. Las andanzas del clan Flores (una familia de quinquis autora de seis asesinatos, otros tantos frustrados, secuestros y violaciones e incontables atracos) sembraron el terror en Fraga (Huesca) y Zaragoza, además de en ciudades como Tarragona, Burgos o Valladolid, por citar algunas. Los miembros de esta familia, oriunda de Sevilla, eran delincuentes natos. Cuando sus hijos llegaban a este mundo, el patriarca del clan los inscribía en distintos registros parroquiales con diferentes identidades para garantizarles la impunidad cuando llegaran a la edad de delinquir.

Un enfrentamiento a tiros con agentes de la Policía Local de Zaragoza en Montañana en diciembre de 1991 permitió desarticular el clan, también conocido como la banda de las Carreteras por los atracos a camioneros. Un policía fue herido de gravedad y uno de los delincuentes murió en el tiroteo. Las Audiencias de Zaragoza y Huesca condenaron a cuatro hermanos a 267 años de cárcel, pero cuando salieron de permiso penitenciario, en julio de 2008, mataron a una joven de 20 años en Cádiz y dispararon contra los guardias civiles que los detuvieron, dejando malherido a un agente.

Dos bilbilitanos queman la casa de una familia en Cervera de la Cañada y matan a cuatro de sus miembros.   

Difícil es de olvidar en la Comunidad de Calatayud el incendio de una casa familiar en Cervera de la Cañada. En agosto de 1991, cuando la localidad estaba en fiestas, dos jóvenes bilbilitanos, molestos con que el dueño de una vivienda les llamara la atención por orinar en la puerta de su casa, fueron a comprar gasolina y, después de tomarse unas copas, regresaron a la casa y le prendieron fuego. El resultado no pudo ser más terrible: cuatro personas murieron abrasadas por las llamas: un matrimonio, su hija de 13 años y la abuela, y dos resultaron heridas. Solo un niño de 2 años salió ileso. Los autores fueron condenados a 98 años de cárcel y nunca reconocieron los hechos ni mostraron arrepentimiento alguno.

La mayor catástrofe natural registrada en la historia de Aragón ocurrió en el verano de 1996, en la localidad altoaragonesa de Biescas. En la tarde del 7 de agosto, una tormenta típica de verano descargó con fuerza en la zona. El campin Las Nieves alojaba a 630 personas, que conforme arreció el aguacero se refugiaron en las tiendas y caravanas. No eran conscientes de que en la cabecera del barranco de Arás habían caído 200 litros en una hora. La tormenta arrastró troncos y rocas que taponaron el barranco, el agua se salió del cauce y arrasó el campin, llevándose por delante la vida de 87 personas, entre ellas 27 niños.

El 19 de septiembre de 1999 se registraba en la autovía A-2, en La Muela, uno de los accidentes más graves ocurridos en Zaragoza. Murieron 32 pasajeros y 20 resultaron heridos. El autobús en el que viajaban acababa de descender el puerto, llovía y la calzada estaba mojada. Los tribunales determinaron que la velocidad del vehículo era inadecuada al estado de la vía –la exigida era 100 km/h y circulaba a 102, pero el asfalto estaba mojado– y que los neumáticos estaban desgastados. Por estas razones el autobús se salió de la vía, volcó y quedó aplastado en una barranquera.

Cómo olvidar la tragedia de la Pirotecnia Zaragozana. El 31 de agosto de 2015, a las 14.15, una cadena de explosiones sobrecogió a la ciudad. Procedía de la fábrica situada entre Garrapinillos y Casetas. Las detonaciones fueron tan potentes que no dejaron lugar a dudas de que algo muy grave había pasado. La muerte de seis trabajadores marcó para siempre al resto de la plantilla.

Aragón ha sido escenario de dos crímenes que concitaron la atención de medios nacionales e internacionales. El 12 de enero de 2007, Santiago Mainar tendió una emboscada al alcalde de Fago, Miguel Grima, y lo mató. Los tribunales lo declararon culpable de asesinato y fue condenado a 20 años y 9 meses de cárcel que sigue cumpliendo en la prisión del Dueso en Cantabria. En la cárcel de Teixeiro (La Coruña) está Norbert Feher, conocido como Igor el Ruso, condenado a prisión permanente revisable como autor de los asesinatos, en diciembre de 2017, del ganadero andorrano José Luis Iranzo y de los agentes de la Guardia Civil Víctor Romero y Víctor Caballero.

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