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sociedad

En una plaza de toros, en un bosque o en el pueblo, así se han adaptado las fotos de bodas y comuniones

La pandemia de covid-19 y sus restricciones han reducido las celebraciones y los reportajes, en otro año en el que se siguen aplazando eventos.

Una niña vestida de comunión entre árboles y tules en un bosque, un niño de marinero en una plaza de toros o unos novios subidos a un risco. Estas son algunas de las escenas de los reportajes fotográficos de las celebraciones en pandemia. La crisis sanitaria por la covid-19 ha restringido movimientos con los cierres perimetrales, algunos vigentes hasta esta semana, y reducido a la mínima expresión la lista de invitados para evitar el riesgo de contagios, pero no ha impedido que se busquen lugares especiales, ganando posiciones la tendencia de estos años de hacer cada vez más fotos al aire libre. 

"Yo llevo 30 años en la profesión y antes era todo estudio. Decirle a alguien que fuera a la calle era impensable. Ahora la gente quiere espontaneidad, pero no solo por la pandemia", asegura Jorge Miret, con estudio en Calatayud. Este año ha tenido una comunión de un niño con la que ha recorrido las calles de la vecina Ateca, incluida su plaza de toros octogonal; en otra ha retratado a una comulganta  en una casa rural de la familia que tiene un valor especial para la niña y en todas ha habido naturaleza, aunque parte del reportaje se sigue haciendo en el estudio. En su ciudad, el escenario para las fotos más tradicionales es el Monasterio de Piedra, el casco antiguo o el castillo. A él le gusta buscar lugares "neutros" y preguntar a los fotografiados por sus aficiones o rincones especiales. Este sábado cubre la boda de una pareja que compite en autocross y la sesión de fotos posterior incluirá el coche de carreras.

En casas de campo

En muchos estudios fotográficos reparten el trabajo la mitad en interior y la otra mitad en el exterior. "Nosotras recomendamos ir a zonas verdes, que haya alguna foto que se relacione con Zaragoza, pero como la gente tiente tantas ganas de salir hemos ido a zonas de bosque, que les gustan más, son más idílicas", explica Diana Cebrián, que trabaja desde 2013 y comparte estudio en la capital aragonesa con Silvia Redín en Flash Go Fotografía. Entre sus lugares preferidos se encuentra la zona de arboleda del Parque del  Agua o el Parque Grande José Antonio Labordeta. "Este año nos piden que vayamos a los pueblos, por ejemplo, niños que comulgan en Zaragoza, pero como tienen la casa de los abuelos allí quieren que sea más sentimental", cuenta. La pandemia ha hecho que se huya de algunos demandados otros años con la ribera del Ebro. "Muchos padres han dicho que allí no van, porque hay mucha gente", cuenta.

"Hace unos años que está la tendencia de buscar más la naturalidad, que en el estudio es más compleja", añade Juan Pons, fotógrafo con cuatro décadas de trayectoria en Ejea de los Caballeros. En su caso, el reportaje también es híbrido. "Yo tengo un estudio grande, pero quien tiene más pequeño ha hecho más en exteriores para evitar acumular gente", explica. En comuniones algunos padres han preferido reportajes en casas de campo y lugares "que tienen alguna cercanía con el niño", pone como ejemplos. 

"El exterior ofrece la luz natural y la interacción con el medio", cuenta Aránzazu Navarro, fotógrafa zaragozana.  "Puedes repetir sitios, pero cada pareja se comunica con el entorno de una manera diferente. Las fotos es más fácil que sean únicas aunque el sitio sea el mismo", asegura, en el caso de las bodas. Sigue habiendo novios a los que les gustan imágenes tradicionales como la tomada desde el Molino de San Lázaro, con la Basílica del Pilar y el Puente de Piedra de fondo o fotos de cuento en edificios con historia, mientras otros son más "minimalistas". Entre los lugares clásicos figura también el Arco del Dean o la Expo. "Hay gente que celebra en fincas, que son vistosas, o edificios como el Palacio de los duques de Villahermosa en Pedrola".

El paso del tiempo y el cambio de gustos de los padres hace que cada vez se utilicen menos los posados tradicionales para los comulgantes. Nada de decorados pintados con bucólicos paisajes a través de falsas ventanas o columpios. Cebrián apuesta por las "fotografías limpias con fondos blancos o claros y sin meter mucha decoración. Buscamos la risa del niño", cuenta. En ello coincide Miret porque "el protagonismo es el niño. Lo que acompaña tiene que ser muy discreto". 

La tendencia de la 'postboda'

En las pocas bodas que hay se extiende la moda de esperar a que pase la celebración para hacer las fotos. "El día de la boda se les notan más los nervios. Les decimos de hacerlas después del viaje de novios y se nota más la relajación", asegura Cebrián. Para la 'postboda' apuestan por naturaleza y algunos eligen un pueblo o el lugar donde se conocieron. Tuvieron incluso una boda de 2019 que retrasó las fotos tras la ceremonia a 2020 y les cogió la pandemia. Con las restricciones por la pandemia pocas bodas y pocos viajes de novios ha habido y mucha tensión controlando cómo cambiaban los aforos. Muchos han decidido posponer la fecha a 2022.

Sin embargo, para Miret ha tenido un lado positivo. Han sido celebraciones "más emotivas porque se están haciendo bodas muy pequeñas" por las restricciones para prevenir contagios. Algo que es malo para su negocio, pero en las que afloran más los sentimientos. Y eso lo capta la cámara. "Falta mucha gente. No tienen a todo el mundo que querrían tener y no se casan por la fiesta", cuenta. Entre las que ha tenido ha encontrado a parejas a las que se les había muerto algún abuelo de covid o han ido a ver a la abuela a su casa porque no acudía a la celebración.

"El día de la boda se les notan más los nervios. Les decimos de hacerlas después del viaje de novios y se nota más la relajación"

Desde el colectivo de fotógrafos de este tipo de eventos reconocen que al reducirse los invitados, lo hace también el reportaje. Los efectos se han notado desde el momento de la ceremonia donde las restricciones han afectado "negativamente", reconocen desde la Asociación de fotógrafos profesionales de Aragón (AFPA). 

"Ahora hay mucha boda de juzgado. Lo único que quieren son las fotos de familia y ellos", lamenta Cebrián, aunque sigue habiendo quien contrata el seguimiento desde el domicilio hasta el restaurante. "El reportaje se mantiene porque ese día es único, pero a día de hoy todavía hay aplazamientos y alguna cancelación", añade Navarro. Aunque se contratan muchas sin fotos en el domicilio ni en el restaurante ni hay photocall ni fiesta, Miret se ha encontrado con parejas que siguen pidiendo algo más porque les da apuro reducir tanto el presupuesto.

Limitados por los cierres perimetrales hasta ahora

Continúa el cambio de fechas por las restricciones y los cierres perimetrales, que han estado vigentes en algunas localidades hasta esta misma semana. "Ejea ha sido uno de los sitios más confinados de Aragón. El hecho de que estemos cerrados al exterior ha sido más duro. Todo está parado, a cámara lenta, las bodas han desaparecido. Todo es minimalista", asegura Pons. 

En algunos casos, las familias perdían las ganas por la foto en la ceremonia por no quedar retratados con mascarilla para la posteridad. "Hemos tenido que convencerlas diciendo que nosotros contamos historias y ahora es así, aparte de educar a la gente de que las fotos no son para los padres, son para los niños y que ellos lo de la mascarilla no lo ven tan mal como los adultos, y en un futuro no entenderán por qué no tienen fotos de su comunión", añade Miret. En su caso, asegura que pese a tener la mitad de comulgantes, estos "se han dejado más dinero, ya que la gente no ha gastado en viajes ni en ocio". Por el contrario, otros profesionales han visto cómo los clientes gastaban menos recortando el número de fotos.

"Las fotos no son para los padres, son para los niños y ellos lo de la mascarilla no lo ven tan mal como los adultos, y en un futuro no entenderán por qué no tienen fotos de su comunión"

El baile de fechas provoca también que "los padres no se arriesgan a contratar", asegura Salvador Palos, presidente de AFPA, recogiendo la experiencia de los asociados.  En su caso, este año ha tenido también confirmaciones. "Ya casi no se hacen, pero este año me llamaron para hacerlas, en la ceremonia y unas después o antes en el lugar". Pero este año siguen aplazándose celebraciones. "Tenemos una niña de comunión a la que le hemos realizado el reportaje en estudio y exterior, que tenía que comulgar en abril y tiene la nueva fecha a mitad de octubre", cuenta Cebrián.  La ola de contagios tras la Semana Santa llevó a volver a mover fechas. A pesar de ello, la fotógrafa asegura que alguna familia ya "se ha lanzado a reservar" para principios de 2022.

Pero el balance es negativo para buena parte del sector. Al cambiar las fechas, algunas de las pocas que se celebraron han coincidido en el calendario, lo que ha obligado a algunos profesionales a rechazar encargos. Otras terminaron cancelándose y han perdido celebraciones anuales fijas como las fiestas patronales y en algunas de ellas los posados de las reinas.

No todos los profesionales han podido aguantar la caída de celebraciones. Por ello, Palos confiesa que hay compañeros que han cerrado el estudio o han cerrado el local y se han cambiado a un piso para reducir gastos. "Resistimos a duras penas y la gente que no se ha actualizado ha tenido que cerrar. En los pueblos tenemos la ventaja de que no somos tantos, tenemos clientela fija y los cierres han sido una especie de compensación por los que no han podido salir", cuenta Pons, aunque lo peor ha sido la "falta de ilusión" por consumir debido a la crisis. Todos esperan la ansiada "nueva normalidad".

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