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Sanitarios en primera línea contra la covid: "Ha sido muy emotivo que pacientes de larga estancia en uci hayan venido a vernos"

A lo largo de estos duros nueve meses de batalla contra el virus, también ha habido momentos para la emoción y la alegría entre estos profesionales, que van unidos a la recuperación de los enfermos.

El médico intensivista Pablo Ruiz de Gopegui trabaja en la uci polivalente del Miguel Servet.
El médico intensivista Pablo Ruiz de Gopegui trabaja en la uci polivalente del Miguel Servet.
P. R.

Para el personal sanitario que lleva desde marzo luchando contra el coronavirus en Aragón, desde sus distintas profesiones y especialidades, estos nueves meses han sido "duros" y "agotadores"; de cansancio físico y psicológico. Pero dentro de esta difícil realidad de nuevos contagios y goteo de fallecidos por la pandemia, también ha habido momentos emotivos y de alegría que van unidos a la recuperación de los enfermos y al apoyo que han recibido por parte de sus familiares.

Pablo Ruiz de Gopegui, médico especialista en cuidados intensivos y que trabaja desde hace ocho años en la uci polivalente del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, se remonta al inicio de la crisis sanitaria como uno de los momentos "más emocionantes" desde el punto de vista profesional y científico. "Nos enfrentábamos a una enfermedad desconocida y la tratábamos con lo que teníamos y lo poco que sabíamos, que era nada. Basándonos en lo que hacían los colegas chinos e italianos. Cuando vimos que había pacientes que iban bien y sobrevivían dijimos: ¡Qué alegría! Eso fue emocionante", comenta. Ahora, la expectativa de la vacuna le hace estar "algo más optimista".

En el aspecto humano, Ruiz de Gopegui subraya sobre todo los resultados positivos con enfermos de larga duración y las visitas que han recibido una vez han mejorado. "Ha sido muy emotivo cuando pacientes de larga estancia en uci han venido a vernos. Y también nos ha hecho mucha ilusión que nos hayan mandado algún christmas de Navidad", indica este intensivista, quien recuerda como muy emotivo el reencuentro que tuvo con un paciente joven, con Ecmo (una técnica extracorpórea para proporcionar soporte cardíaco y respiratorio a pacientes cuyos pulmones y corazón están gravemente dañados), en septiembre. "Fue en el parque grande en una cita concertada por Aragón Televisión. La última vez que lo había visto fue en abril. Me hizo mucha ilusión; lo encontré muy bien", dice.

Ánimo de las familias

Asimismo, confiesa que le ha marcado "muchísimo" los ánimos de las familias al personal médico incluso en casos en los que sus allegados habían fallecido. "Nos han dado las gracias y nos han seguido apoyando para futuros pacientes. Y nos han agradecido todo lo que hemos hecho a pesar de la muerte, es el reconocimiento de que hemos tratado con cariño tanto a los familiares como a los pacientes, pese a esa barrera física que había por la que apenas podían recibir visitas. En la primera ola no se permitían y en la segunda, sí", destaca.

"Las familias nos han agradecido todo lo que hemos hecho a pesar de la muerte de sus allegados"

Junto a la emoción, también ha habido momentos alegres en los que esbozar una sonrisa. Por ejemplo, Ruiz de Gopegui recuerda un enfermo que había estado mucho tiempo en coma inducido y lo primero que le preguntó al despertar fue por el Real Zaragoza. O al paciente maquinista que les contaba anécdotas del AVE. Y también a una jotera con la que se reían escuchando jotas. "Hay pacientes que cuando están mejor sacan su genio. Todo lo vulnerables que los has visto, sacan el genio y te ríes con ellos", afirma.

La enfermera Eva Andrés trabaja en la uci polivalente del Hospital Miguel Servet de Zaragoza.
La enfermera Eva Andrés también trabaja en la uci polivalente del Hospital Miguel Servet de Zaragoza.
E. A.

También la enfermera Eva Andrés trabaja en la uci polivalente del Miguel Servet; en su caso desde hace 10 años. Para ella estar con pacientes covid desde marzo ha sido "agotador" y "deprimente". "Ves que el bicho está aquí. Ahora, por lo menos, con la vacuna hay un poco la luz al final del túnel", comenta con esperanza.

Recuerda muy bien a los primeros pacientes infectados que llegaban a las unidades de cuidados intensivos del hospital en la primera ola. La mayoría eran personas sanas y con edades comprendidas entre los 68 y 75 años. "Iba viniendo gente de la tercera edad que había viajado con el Imserso a Benidorm (Alicante) y se contagió en el autobús tras cinco horas de viaje. Eran personas robustas y no salían. Benidorm causó estragos. Luego fueron llegando de otros sitios", comenta.

Ahora, sin embargo, las personas que ingresan en las uci son más jóvenes y también, señala, hay gente mayor contagiada por hijos y nietos, y familias enteras infectadas. "En un caso, el marido estaba en nuestra uci y la mujer, en la de al lado. El hombre murió y ese mismo día a su esposa la entubaron en la uci de al lado. Ahora, los pacientes salen más a planta que en la primera ola", afirma.

Las duras despedidas

Eva ha vivido más momentos tristes que alegres. Los más duros, cuando dejaban pasar a familiares para que se despidieran de sus seres queridos. "Era gente joven que podría haber vivido 10 años más. Y las familias destrozadas, claro. Sonrisas hemos tenido pocas estos meses", destaca con pena. En el lado opuesto, los más emotivos, cuando un paciente recibe el alta. "Cuando damos el alta son momentos de alegría", asegura, al tiempo que resalta que tras salir de la uci queda un largo trabajo duro de recuperación. "Pueden estar hasta un mes más en planta haciendo rehabilitación hasta que empiezan a recuperar fuerzas".

"Sonrisas hemos tenido pocas estos meses"

Además, Eva hace referencia al proyecto 'Abrazando corazones' para acompañar emocionalmente a los enfermos y sus familias en los momentos más duros de la enfermedad; impulsado por el equipo de Enfermería de la uci polivalente del Servet. "Ahora las familias pueden pasar una vez a la semana, pero al principio no. A las familias les pedíamos que nos enviaran audios, cartas, frases; lo que quisieran contarles. Se lo poníamos en los boxes a través de altavoces para que lo escucharan. De alguna manera, les hacíamos llegar una voz familiar de fondo. Es un proyecto muy bonito, que continúa", asegura.

Patricia Olaria, en la farmacia Helca en Zaragoza, de la que es titular.
Patricia Olaria, en la farmacia Helca en Zaragoza, de la que es titular.
P. O.

Miedo a poder contagiar

Por su parte, Patricia Olaria -titular de la farmacia Helca en Zaragoza- destaca como lo más duro en el inicio de la pandemia era el miedo que tenía a poder contagiar a su hijo pequeño, unido al impacto de oír todo el día las sirenas de las ambulancias ya que su negocio está junto a las consultas externas del Hospital Miguel Servet. "Mi adjunta y yo nos planteamos incluso dormir en la farmacia para no ir a nuestras casas. Solo sabías que moría mucha gente y pensar que por tu profesión lo puedes llevar a casa, eso es duro. Y también fue horroroso lo mucho que nos costó conseguir guantes y mascarillas. Me supuso mucho estrés", dice.

Patricia fue de las primeras farmacéuticas en solidarizarse con compañeros que tuvieron que cerrar por el virus asumiendo alguno de sus servicios tras el llamamiento del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Zaragoza. Para su equipo solo tiene halagos. "Mi personal se ha portado increíblemente bien; es duro trabajar en estas condiciones".

Para ella, el momento de más alegría, dentro de la complicada situación que vivimos, es cuando una persona vuelve a casa tras estar ingresada en el hospital. Y los más dolorosos, los fallecimientos. "Tras eso, me impacta también mucho que ha disminuido la calidad de vida de las personas mayores. Por ejemplo, no poder ver a sus nietos para muchos es muy duro. Me impactan las secuelas psicológicas de la covid. Pacientes míos mayores que salían de casa a dar un paseo, ahora no salen ninguno", cuenta.

"Lo que más me impactan son los fallecimientos y las secuelas psicológicas de la covid. Ha disminuido la calidad de vida de las personas mayores"

Por otro lado, esta farmacéutica señala que la población está ahora más concienciada ante la crisis sanitaria. "Desgraciadamente, nos hemos acostumbrado. Lo estamos empezando a ver como normal porque sigue habiendo oleadas y la gente sigue enfermando", asegura.

Mientras, tanto Pablo Ruiz de Gopegui como Eva Andrés coinciden en que la presión en las ucis ha bajado "levemente" en las últimas semanas. No obstante, muestran su temor ante lo que pueda pasar estas Navidades. "Me preocupa que nos juntemos más de lo debido y se reprodujese lo que ha ocurrdio en Estados Unidos en el Día de Acción de Gracias y el colapso de los hospitales", advierte el médico intensivista.

Por su parte, la enfermera admite que están "temblando" ante lo que "nos viene en enero". "Que la gente sea consciente de esto: no pasa nada si no puedes celebrar una Navidad con la familia. Habrá muchas más para poder celebrar juntos si en estos próximos días hacemos las cosas bien", avisa. Y a la gente más incrédula ante la amenaza real del virus, le invita a darse una vuelta por una uci covid. "No es ninguna broma lo que está pasando".

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