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La pandemia impulsa el atractivo del medio rural y hace crecer los empadronamientos

Pequeños municipios de las tres provincias aragonesas han ganado nuevos vecinos que buscan tranquilidad y espacios abiertos y menos riesgo de contagio.

Arriba, a la izquierda, Víctor Asensio y su familia en Ferreruela (Teruel); a la derecha, Carlos y Laura, junto a sus hijos Pablo y Gabriel en Robles: Debajo, Adrián López, en una calle de Villalengua (Zaragoza)
Arriba, a la izquierda, Víctor Asensio y su familia en Ferreruela (Teruel); a la derecha, Carlos y Laura, junto a sus hijos Pablo y Gabriel en Robles: Debajo, Adrián López, en una calle de Villalengua (Zaragoza)
V. Asensio / P. Puértolas / J. Zorraquín

La despoblación ha azotado a la provincia turolense desde hace décadas y, aunque a lo largo de las legislaturas se han propuesto cientos de medidas para atraer a la población al mundo rural, ha sido la llegada de una pandemia mundial la que ha animado a la gente a volver a los pueblos.

La tranquilidad y los espacios abiertos se han convertido en dos elementos muy demandados tras el largo confinamiento. Y ahí, la provincia de Teruel, con apenas 9,1 habitantes por kilómetro cuadrado y donde el 41% de los 236 municipios turolenses apenas llega a los 101 censados, tiene mucho que ofrecer. Es el caso de Ferreruela de Huerva, en la comarca del Jiloca que hasta el año pasado contaba con apenas 56 censados oficiales.

Sin embargo, su alcalde, Óscar Gracia, explica que se han producido cuatro nuevos empadronamientos en lo que llevamos de año. Se trata de un matrimonio que pasó el confinamiento en su casa del pueblo, un un chico joven que va a incorporarse en la explotación de gallinas situada en las afueras de la localidad y una mujer que se encuentra teletrabajando.

Otro claro ejemplo de este fenómeno es la pedanía turolense de Concud, con 140 censados, que ha contabilizado una decena de nuevos vecinos durante los meses de ‘nueva normalidad’. "La gente quiere más tranquilidad y en las zonas rurales hay mucho espacio y se puede garantizar la separación", cuenta el alcalde, Carlos Valero. Este barrio pedáneo se encuentra a tan solo seis kilómetros de la ciudad de Teruel y hasta hace una década su número de habitantes se reducía cada año con una media de tres vecinos. 

"Es difícil que un matrimonio joven se asiente en una zona rural, pero las circunstancias de este año han provocado que se empadronen una pareja de recién casados", afirmó Valero. El traslado de este y otro matrimonio se ha traducido en la compra de dos viviendas en Concud. Esta situación no se producía tan a menudo antes del confinamiento, ya que el perfil habitual de los nuevos habitantes solía ser de personas en edad de jubilación.

La localidad de Castellote, en la comarca del Maestrazgo, es otro de los lugares donde se ha contabilizado un aumento de población. Hasta 15 nuevos habitantes se han empadronado en apenas mes y medio. Lo confirma su alcalde, Ramón Millán, quien asegura que el Ayuntamiento está tramitando el empadronamiento de varias personas más. "Creo que mucha gente se ha mudado a Castellote porque el confinamiento se vive mejor en un pueblo que en la ciudad", señala. Con 676 censados, Castellone se encuentra, segun Millán, al límite de su capacidad residencial y no hay oferta de nueva vivienda. Pero, tal es el interés por este pueblo que su alcalde apunta que incluso algunas promotoras inmobiliarias se han puesto en contacto con el Ayuntamiento. "Creo que la España Vaciada ha tenido mucha promoción a través de los medios de comunicación, pero la mayor publicidad ha sido a raíz de la pandemia", explica Millán.

"Creo que la España Vaciada ha tenido mucha promoción a través de los medios de comunicación, pero la mayor publicidad ha sido a raíz de la pandemia"

En Los Monegros, una de las comarcas oscenses más castigadas por la despoblación, son varias las localidades beneficiadas con la llegada de nuevas familias, que buscan alejarse de los grandes focos de contagio, disfrutar de viviendas más amplia y ganar en tranquilidad. Alberuela de Tubo constituye uno de los mejores ejemplos. De hecho, registró 15 nuevos empadronados durante el pasado mes de agosto, entre los que figuran tres familias, cada una con dos niños en edad escolar, subraya su alcalde, José Manuel Penella.

Pero no todo es tan sencillo por la falta de servicios. Lo señala Arcadio Muñoz, alcalde de Aldehuela de Liestos, en la comarca zaragozana de Campo de Daroca. "Una vez que pasa el verano se marcha mucha gente. Internet no funciona desde el 14 de agosto y muchos con teletrabajo se han ido", lamenta.

Adrián López, veterinario en Villalengua (Zaragoza)
Adrián López, veterinario en Villalengua (Zaragoza)
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"Puedo trabajar de lo que he estudiado y hacerlo además en el medio rural".
​Adrián López, veterinario de 25 años, habla de su profesión con un doble orgullo: por trabajar en lo que le gusta y por poder hacerlo en el medio rural. "Puedo trabajar de lo que he estudiado y en el medio rural, que al fin y al cabo es el sector primario", reconoce. En su caso, trabaja para una multinacional inglesa del sector porcino cuya sede española se encuentra en Manresa, con cuyos responsables mantiene videollamadas e intercambio de correos habitualmente. "El trabajo de oficina lo hago desde casa, así como preparar datos y hay algunas cosas que sí que las puedes controlar por ordenador", detalla.
En febrero le llegó la oferta y hace pocos días se empadronó en Villalengua, el pueblo de su padre y donde ya acudía pero solo en días puntuales: fiestas y fines de semana. "Ahora vivo solo, en la casa de mis padres, pero pared con pared con la de mi abuela", señala. En este sentido reconoce que "si me hace falta algo, pasó a su casa, como para coger algún tomate", señala entre carcajadas. "Ella se alegra de verme por aquí, aunque alguna vez me dice que no se me ve el pelo, pero bueno, es lo que toca", reconoce. Y es que parte de su labor también tiene una parte física indispensable. Al participar en la puesta en marcha de una granja de más de 2.000 cabezas en Cabanillas, en la lindante provincia de Soria, tiene que desplazarse allí. 
"Me toca enseñar a manejar a los animales, temas de gestión sanitaria, explicar funcionamiento de maquinaria y tecnología, solucionar pequeños problemas. Un poco de todo para que el proyecto arranque", describe.
Con esa parte de orgullo, López sentencia que "el medio rural es ganadería y agricultura, y el turismo, que es importante, es complementario". "Por ejemplo, los paisajes del Pirineo, en parte, se los debemos a las vacas y las ovejas, sino tendría mucha más vegetación y no sería tan bonito", argumenta. Y considera que #poner fibra está muy bien, pero hay que enseñar en la ciudad a comer bien y de dónde vienen los alimentos, para que el pueblo no sea solo para el verano". (Por Jorge Zorraquin)

Víctor Asensio y su familia en Ferreruela (Teruel)
Víctor Asensio y su familia en Ferreruela (Teruel).
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"Visitábamos el pueblo el fin de semana y nos quedamos a pasar el confinamiento"
​Cuando se decretó el estado de alarma, la noticia cogió por sorpresa a muchas personas que se encontraban el fin de semana lejos de sus lugares de residencia habituales, como es el caso de la familia de Víctor Asensio, originario de Ferreruela de Huerva que decidió pasar el confinamiento junto a su mujer y sus dos hijos en este municipio. "Normalmente visitábamos el pueblo los fines de semana y cuando llegó el estado de alarma nos quedamos a pasar el confinamieto", cuenta.
Según relata Asensio, sus hijos agradecieron residir en el mundo rural durante la peor parte de la pandemia. "Los paseos con los niños eran mucho más tranquilos, no te encontrabas con casi nadie". Además, reconoce, los parques y las zonas de recreo de los pueblos son más amplias que en las ciudades. "Aquí están más libres", admite.
Víctor Asensio trabaja en una empresa de electricidad que opera en varios municipios de las provincias turolense y zaragozana. "Vendimos nuestra vivienda en Zaragoza antes del confinamiento y como ahora es un poco difícil encontrar casa, decidimos asentarnos en el pueblo", explica. La llegada del estado de alarma hizo que la familia de Asensio tuviera que adaptarse a la educación online. "Mi mujer es maestra y cuando vinimos al pueblo instalamos internet para que tanto ella como los chicos pudieran dar clase".
De ascendencia ferrerolana, Víctor Asensio se encuentra vinculado con el pueblo desde que su familia residía en la casa de la que ahora es propietario. Él y su mujer se han empadronado en la localidad hasta que la situación sanitaria mejore y puedan iniciar la búsqueda de una residencia en Cuarte de Huerva, tal y como planeaban hacer antes de la pandemia. Mientras tanto, la mujer y los hijos de Asensio seguirán desplazándose hasta Zaragoza, un viaje de unos 40 minutos desde Ferreruela, para asistir a clase y trabajar.
Aunque la estancia de la familia de Asensio en la localidad sea temporal, ellos mismos reconocen que están muy agusto en el medio rural. "Siempre nos ha gustado mucho el pueblo", afirma. (Por Laura Ropero)

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