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«Aquí en Robres nos sentimos más seguros y tranquilos»

Laura Moreu, natural de la localidad monegrina,  ha vuelto a sus orígenes a raíz de la pandemia y con ella han venido su marido, Carlos, y sus dos hijos, Pablo, de 5 años de edad, y Gabriel, de 3.

Carlos y Laura, junto a sus dos hijos, Pablo y Gabriel, en el Plegadero, uno de los lugares más reconocibles de Robres.
Carlos y Laura, junto a sus dos hijos, Pablo y Gabriel, en el Plegadero, uno de los lugares más reconocibles de Robres.
Patricia Puértolas

La pandemia de coronavirus ha llevado a Laura Moreu, natural de Robres, de vuelta a sus orígenes. Y con ella ha venido su familia: su marido, Carlos, y sus dos hijos, Pablo, de 5 años de edad, y Gabriel, de 3. Los cuatro vivían enZaragoza, donde consideran que el riesgo de contagio es mayor. El paso dado es "definitivo", dicen, lo que confirma la reciente compra de un solar municipal en el que tienen previsto construir su nueva casa. Laura y los dos niños fueron los primeros en trasladarse a Robres. 

Allí pasaron todo el confinamiento. Para ello, se sirvieron de la casa de los abuelos de ella. En ese momento, Carlos trabajaba como auxiliar de enfermería en una residencia de personas mayores, lo que, unido al hecho de que ambos niños sufren patologías renales, llevó a la pareja a tomar la decisión de poner kilómetros de por medio. Todo con un objetivo: proteger a los dos menores. «La situación en algunos centros comenzaba a ser complicada y cada vez aparecían más positivos», explica Laura. "Aquí nos sentíamos más seguros", añade. "Antes y ahora", puntualiza. Y es que considera que no es lo mismo asistir a una clase con 12 niños que compartir aula con 23 en Zaragoza. También evitan el uso de transporte público o la concurrencia de gente en comercios, calles o parques.

Laura llevaba 16 años viviendo en la capital aragonesa, donde completó sus estudios y después, comenzó a trabajar en un centro de fisioterapia y estética. Ahora, está de excedencia. La vuelta a su localidad natal avivó muchos de sus recuerdos, especialmente los relacionados con la infancia y le hizo querer todavía con más fuerza que sus hijos disfrutarán de una experiencia similar, es decir, de tardes en bicicleta, juegos en la calle o noches a la fresca. "Para un niño, el pueblo es sinónimo de libertad", dice. "Siempre habíamos tenido la idea de vivir en una pequeña localidad y la pandemia nos dio el último empujón", señala.

El cambio ha sido total. De hecho, Carlos ha dejado su empleo y en la actualidad, trabaja como herrero en la empresa Miag, Montajes Industriales Alto Gállego, que cuenta con una delegación en Huesca, situada a poco más de 30 kilómetros de Robres. «El ambiente es muy bueno y estoy agradecido con la oportunidad», señala Carlos, que ha sabido reinventarse a base de ganas e ilusión. Aunque natural de Zaragoza, también él soñaba con trasladarse al medio rural y se muestra feliz con la decisión tomada. 

Los niños, que son los que más contentos están con el cambio, ya van a su nuevo colegio. Y la nueva casa ya está en proyecto. "Hemos tomado una decisión pensando en la familia y creo que hemos acertado. Los niños se han adaptado fenomenal y están felices. Y nosotros, también. Aquí tenemos cerca a la familia y además, hemos retomado la relación con amigos y vecinos", indica Laura. "El ritmo de vida es distinto. Se disfruta más. En Zaragoza, nos parecía que la vida pasaba muy deprisa, casi sin darnos cuenta", subraya.

Y no son los únicos que han decidido cambiar la ciudad por el pueblo en busca de mayor seguridad y tranquilidad. De hecho, sin ir más lejos, otras dos familias han llegado también de forma reciente a la localidad de Robres. Y ambas con niños, lo que da aliento a esta pequeña localidad monegrina que suma algo más de 500 habitantes. Su alcaldesa, Olga Brosed, abre los brazos a sus nuevos vecinos, que han llegado con la intención de quedarse y echar raíces.

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