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Huesca

Mariela Benítez: "Mi hija Naiara no volverá a ver la luz y quiero que su asesino nunca salga de la cárcel"

La madre de la menor de 8 años a la que mató su tío en Sabiñánigo nunca ha recibido una petición de perdón del asesino. Espera el final del juicio para que ya no se siga hablando de la niña y descanse en paz.

Mariela Benítez, madre de Naiara, la niña asesinada en Sabiñánigo.
Mariela Benítez, madre de Naiara, durante la entrevista en los días previos al juicio.
Rafael Gobantes

Mariela Briones, madre de Naiara, la niña asesinada en Sabiñánigo por su tío tras someterla a una cruel tortura por no saberse la lección, espera que finalmente se celebre el juicio y haya un veredicto para que su hija descanse en paz por fin y no siga "en boca de todos". Ella está citada como testigo, pero cuando concluya su declaración se irá porque no quiere un sufrimiento añadido al que ya padece desde el 7 de julio de 2017, cuando se enteró por su sobrina de 12 años de que Naiara no se cayó por una escalera, como explicó el asesino, Iván Pardo. Las lágrimas no abandonan sus ojos durante la entrevista concedida en casa de su abogado, Luis Marín, a quien ha pedido que haga todo lo posible porque el autor no abandone nunca la prisión.     

Tres años después del asesinato de su hija, llega el momento de que decida un jurado popular. ¿Qué espera del juicio?

Justicia para mi hija. Ella no va a salir de donde está y quiero que él no salga nunca de la cárcel. Así se lo he pedido a mi abogado. Si Naiara ya no va a ver la luz, que él tampoco la disfrute.

Su marido también se sienta en el banquillo. ¿Cómo afronta este hecho?

Me duele y estoy nerviosa, porque no sé qué va a pasar. Él no estaba en la casa cuando ocurrió y no participó. Creo en su inocencia, pondría la mano en el fuego.

¿Y cuál cree que es el grado de implicación de su suegra?

No lo sé. Quiero creer que no participó, que si hay algo habrá sido por miedo a mi cuñado.

Usted dejó a su hija en casa de su suegra y de Iván Pardo.

Mi hija fue allí para terminar un cuadernillo de inglés. Mi marido se quedó en nuestra casa con las dos hijas pequeñas y yo estaba trabajando en Bielsa.

¿Se ha sentido señalada?

Desde hace 3 años estoy siendo señalada, desde hace 3 años estoy escuchando por la calle ‘¿Todavía no les sacaron las crías a estos padres?’ Intento hacer una burbuja para que no le lleguen esos comentarios a mis hijas, esa maldad que irradia la gente, pero no las puedo proteger de lo que se diga. Cuando yo veía noticias de chicas asesinadas, me preguntaba dónde estaba la madre. Y la vida me dio por la boca. Lo mismo hacen ahora conmigo.

¿Vive en el mismo sitio?

En el mismo pueblo y con la misma gente.

¿Ha pensado en irse?

Si puedo, me iré, pero espero el juicio. No puedo dejar el cuerpo de mi hija. Si me voy, me lo llevaré. A donde yo vaya, irá ella.

¿Qué relación tenía usted con el hermano de su marido?

Ni buena ni mala, éramos familia. Lo conocía desde que llegué a España en 2012.

¿Y nunca observó ninguna conducta que le hiciera sospechar?

Jamás.

¿Cómo se comportaba él con su hija?

Casi no iba a casa de mi suegra, solo por un cumpleaños o por las navidades.

¿Cómo se enteró de que le había pasado algo a Naiara?

Yo trabajaba en un hotel en Bielsa. Mi marido llamó y me dijo: ‘La niña sufrió un accidente’.

¿Qué le explicó?

Que Naiara tuvo un accidente, se cayó por las escaleras. Es lo que le habían dicho a él.

¿Cuándo supo de las verdaderas circunstancias de su muerte?

En el hospital. Llegué pensando que se había caído por una escalera, pero los médicos me dijeron: ‘Te vamos a dejar que la veas y tú nos dirás si fue una caída o no’. Ellos habían activado el protocolo de malos tratos. Cuando la vi, supe que no era una caída.

¿Pensó en quién podía ser?

Pensé en mi cuñado, porque era el único hombre que estaba en la casa. Tal y como vi a mi hija, no podía ser otra cría la que le hiciera tanto daño. Tenía el ojo reventado, hematomas…

La niña de 12 años fue la que me contó la verdad. Cuando los médicos me dijeron que Naiara moriría, se encerró conmigo en el baño y me dijo que me iba a contar todo lo que ocurrió. No entendía nada. Pensé que estaba viviendo una pesadilla y ahora lo sigo pensando.

¿Que grado de participación cree que tuvieron las sobrinas de su marido, de 12 y 14 años, que vivían en la casa y presenciaron los hechos?

Yo sé lo que me dijo la pequeña, que fue dejando unos rastros, como las miguitas de pan de los cuentos, para que la Guardia Civil supiera lo que pasó. Ella escondió algunas cosas, como cabellos debajo de los muebles para no limpiar todo. No sé si participaron o no. No sé que pasó. En esa casa hubo 4 personas: mi hija, que no lo puedo contar, y los otros tres (Ivan Pardo y las dos menores). Mi suegra estaba trabajando.

¿El tío les obligó a limpiar el escenario del crimen?

Sí.

¿Ha leído los documentos del proceso donde se detalla lo que le hicieron a su hija?

Psicológicamente no puedo. No me han dejado. En el juicio tampoco estaré. Declararé y luego me iré. Ya estoy sufriendo y para qué voy a quedarme a escuchar más sufrimiento. No lo aguantaría. No estoy en condiciones de oír lo que pasó.

¿Alguna vez vio alguna señal de violencia en el cuerpo de su hija?

Naiara me contaba todo. Jamás me dijo que mi esposo le hubiera puesto la mano encima. Para Naiara, su padre era mi esposo, su padrastro. Un día llegó de la escuela contando que le hacían burla porque no tenía el mismo apellido que su hermana y fue a mi esposo y le dijo: ‘Papá, será que yo puedo llamarme Pardo Benítez, como mis hermanas’. Mi esposo le dijo que iba a adoptarla, estábamos en trámites, nos faltaba la firma del padre biológico, que siempre pedía dinero. Solo me contó una vez que mi cuñado le dio una palmada en el culo porque le pisó el asiento del coche. Yo fue a casa de mi suegra y le advertí que no la volviera a tocar.

¿Ha pensado que tendrá a pocos metros al asesino de su hija. Ha pensado cómo actuará?

No. En el momento en que llegue nos veremos las caras.

¿Cómo era Naiara?

La luz de mis ojos, mi primera hija. Una niña muy humilde, muy sencilla. Fue criada con mucho amor. Siempre sonreía, por más que le hicieran las mil perrerías en el colegio. No tenía mucho tiempo para ir a casa de la abuela porque iba a catequesis, a ballet, hacía los deberes…

¿Se ha preguntado por los motivos que desencadenaron tanta violencia? Algo tan irrelevante como que si había hecho o no los deberes, si se sabía o no la lección.

Esa pregunta me hace mi madre. No lo sé, no estoy dentro de su cabeza para saber por qué le hizo esa maldad. No sé qué grado de maldad pudo motivar eso. Yo jamás supe lo que era un castigo. Mi madre jamás me pegó y yo nunca pegué a mis hijas.

Su relación con el padre de Naiara, Manuel Briones, ha sido difícil. Ha considerado que era un oportunista.

Vivíamos en una fábrica abandonada y desapareció cuando la niña cumplió un año, nunca se hizo cargo. Mi madre nos acogió y yo retomé la universidad. Luego conocí a Carlos, mi marido, por un juego de internet. El padre biológico solo la vio a los 3 años. Cuando Naiara murió vino a España y fue a sacarse fotos en la tumba con toda la prensa. Eso me lastimó el alma. No se había hecho cargo en 9 años y no fue capaz de llevarle una flor. Esto ha sido un sufrimiento añadido. Vino a España dando la imagen de que era el padre del siglo, cuando es un padre ausente.

¿Cómo ha sido su vida después del 7 de julio del 2017?

Saliendo a la calle con una sonrisa y al volver a casa no parar de llorar. Hay gente que me ha ayudado: mi abogado, mi médico, compañeros del trabajo, mis amigos y mi madre en Argentina.

¿Iván Pardo se ha puesto en contacto con usted alguna vez?

No. Le escribió a su madre diciendo que se arrepentía y pidiéndole perdón. Pero eso a mí no me sirve de nada.

¿El juicio será para usted un punto de inflexión?

Yo quiero tener paz, que entierren a mi hija. Por más que el cuerpo esté en una tumba, mi hija no está enterrada, mi hija está en boca de todos. Quiero que la dejen en paz. El juicio es el punto final, donde yo podré decir: ‘Listo, ya terminamos las dos’.

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