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Aragón

en primera persona

Diario de un confinamiento: Planes (poco ambiciosos) para una desescalada

Día 35. Fantaseo con confirmarme en un karaoke sin ‘Resistiré’ y con una generosa barra. Mi vecina planea ir al bautizo del heredero de la Casa de Alba.

Esta pandemia va a acabar hasta con la vajilla buena.
Esta pandemia va a acabar hasta con la vajilla buena.
Heraldo.es

"¡El ducado de Alba está a salvo!", me dice mi vecina (la de la Stasi), después de leer que Fernando Fitz James Stuart espera un hijo. Le digo que con la desescalada ya pronto podrá salir a comprarse sus revistas pero ella que no, que no, que aún tiene muchas cosas que hacer en casa.

La percepción de los confinados cambia de unos a otros. Incluso varía la forma de medir el tiempo de encierro. Hay quienes lo hacen calibrando sus excedentes de papel higiénico y quienes escriben en la pared, como auténticos presidiarios, seis rayitas verticales y una oblicua que las tacha. También tengo un amigo que ve cómo avanza la crisis en función de las copas intactas que le quedan en casa. La cosa se pone fea: de una colección de seis ya ha roto cuatro. Creo que tienen un problema con la función prensil, pero eso no le impedirá beber a morro lo que reste de aislamiento. Son muchos los que empiezan a hacer planes ya para cuando se salga de casa y sorprende lo poco ramplones que son la mayoría. Que si disfrutar del trino de los pájaros, que si exorcizar a Jorge Bucay... También hay quienes piensan vender sus sobrantes de levadura en el mercado negro y otros que ven negocio en hacer tutoriales sobre cómo, amigas, volver a abrocharse un sostén.

Yo, de natural cenizo y agorero, pienso en que una hipotética segunda oleada no me pille de nuevo como un ‘anselmo’ en una solitaria casa. Tras barajar varias opciones, creo que lo mejor sería confinarse en un karaoke. Todo son ventajas: una nutrida y espiritosa barra, una colección de música contra el ‘Resistiré’ y un olor a moqueta y vicio que alejaría el fantasma de la pérdida de olfato como síntoma de la covid.

Le pregunto a mi vecina camarada qué hará cuando esto acabe y me dice que elegir el modelo que se pondrá en el bautizo del vástago de la casa de Alba. El bautizo lo verá, por supuesto, sentadica frente al televisor...

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