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Aragón

en primera persona

Diario de un confinamiento: Los servicios secretos del rellano de enfrente

Día 34. Mi vecina me reprocha que ayer no saliera a aplaudir. Intento argumentarlo pero solo me disculpa si bajo a comprarle el ‘Hola’

Los elementos que me ponen en guardia ante la amenaza.
Los elementos que me ponen en guardia ante la amenaza.
Heraldo.es

Ahora ya sí que tengo miedo. No, no del coronavirus sino de mi vecina, que estoy convencido de que trabaja para la Stasi. “Ayer no saliste a aplaudir”, me suelta en mitad del rellano. He tratado de evitarla, pero no hay forma humana: se pasa 17 horas diarias fregando y desinfectando los cuatro tristes escalones del portal. Juraría que antes eran más altos, pero de tanto encerarlos los ha ido desgastando. “Mire, es que tenía una llamada”, contesto, pero de inmediato me interrumpe sin darme opción a argumentar: “A otro con excusitas. Yo a las siete y media ya estaba preparada”. “Pues muy bien”, respondo airado, mientras fantaseo con tirar algo pringoso en el rellano. Un bocadillo de calamares bravos me vendría ahora fenomenal.

El caso es que no quiero discutir, pero la mujer -se conoce que viuda y jubilada- tiene ganas de cháchara. “¿Cuándo vamos a poder salir?”. “Oiga, yo no lo sé”. “Pues menudo periodista, creía que tendrías información privilegiada”. “Mire, pues sí lo sé, pero me lo callo. Es un secreto de Estado”. “Ya, ya… ¿Y los de La Sexta también lo saben? ¿Y el Tezanos ese?”. Ay, desearía odiarla, pero en el fondo me enternece esa mezcla de paranoia y conspiración. Ella sigue hablando y hablando, yo escucho lo justo, y cuando vuelvo mí me está contando cómo el velcro puede ser útil para sellar una nave espacial. “Y, ahora, ¿a dónde vas?”, pregunta tajante la ‘gendarma’ de este autoconstituido servicio de inteligencia. “Al quiosco”, es mi salvoconducto. “Anda, pues haz algo útil y tráeme el ‘Hola’”, me pide y se queda pensativa... “El ‘Hola’ y un Frigopié, que tengo antojo”. “¿Antojos a su edad, señora?”. “¿Qué has dicho? Tú, mucho diario confinado y muy poca vergüenza...”.

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