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coronavirus en aragón

Auxiliares de Educación le plantan cara al covid-19 en residencias de ancianos: "Nos mandan a la guerra sin medios"

Auxiliares de educación especial y médicos de Atención Primaria se suman por Real Decreto a plantillas mermadas por las bajas y contagiadas por el miedo. 

Imagen facilitada por una médica de Atención Primaria de los equipos de protección frente al coronavirus que utilizan estos días, ante la escasez de material en muchos centros.
Imagen facilitada por una médica de Atención Primaria de los equipos de protección frente al coronavirus que utilizan estos días, ante la escasez de material en muchos centros.
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Tras el cierre de los colegios, las auxiliares de Educación Especial de muchos centros van a cambiar sus batas escolares por mascarillas de tela y bolsas de plástico para ayudar a frenar la pandemia. Así lo establece el Real Decreto Ley 1/2020 del 25 de marzo, que autoriza a estas profesionales a desempeñar su labor en centros de mayores y residencias mientras dure el estado de alarma

La normativa, aprobada por el Gobierno de Aragón, contempla medidas urgentes para responder al impacto generado por el covid-19 en la Comunidad Autónoma. Y en el marco de este "régimen especial", "la Administración puede atribuir a su personal el desempeño de tareas o responsabilidades que pueden ser distintas a su labor, ya sea en el mismo Departamento o en otro", confirman desde Educación. En estos casos, es Función Pública quien se encarga de gestionar estas atribuciones, si bien cada departamento envía las necesidades de personal que puedan derivarse de esta "situación excepcional" que ha provocado la pandemia, añaden las mismas fuentes.

La medida, aunque está siendo asumida por decenas de trabajadoras -en su mayoría mujeres-, ha causado malestar en el colectivo, puesto que muchas tienen miedo al contagio y denuncian asimismo la falta de formación y medios. "El decreto regula que te pueden mover a otros puestos asistenciales, pero el problema es que no tienen los medios adecuados. Yo tengo varios pacientes que me han consultado con crisis de ansiedad por este tema", asegura la doctora Belén Lomba, secretaria del Colegio de Médicos de Zaragoza

Por su parte, desde el sindicato CC. OO. añaden que las auxiliares de Educación Especial (AESs) que son reclamadas para desempeñar estas labores "son uno de los colectivos más precarizados y feminizados de toda la administración autonómica con un 80% de interinidad y un porcentaje similar de parcialidad en sus jornadas, de 15, 20, 25 y  30 horas a la semana", apuntan fuentes sindicales. Según denuncian en una nota, un número "indeterminado, pero importante" de ellas deben incorporarse estos días de manera "forzosa" en una nueva residencia privada de la tercera edad que está siendo gestionada por el IASS en el barrio rural de Casetas, donde se verán "obligadas a realizar tareas y funciones de gerocultoras y auxiliares de enfermería sin tener ninguna experiencia, titulación ni formación en esta materia", alertan. 

Dichas profesionales entrarán así en contacto con usuarios afectados de coronavirus en Aragón que van a ser aislados en este nuevo espacio y según auguran los sindicatos todo parece indicar que el resto de AEEs que hay repartidas por todo el territorio, "más temprano que tarde, van a seguir esta misma línea" marcada por la administración para frenar la pandemia. 

"Las AEEs van a demostrar su profesionalidad con las personas de la tercera edad como demuestran día a día con su alumnado. Pero pedimos al Gobierno que dote a estas trabajadoras de ropa de trabajo adecuada, condiciones laborales justas, con ampliación de horarios hasta la jornada completa, transporte y toda la formación necesaria para paliar las carencias", reclaman desde CC.OO., en alusión a los demandados equipos de protección individual (EPI) que son necesarios para trabajar con enfermos de coronavirus. Por su parte, desde Csif-Aragón, reclaman también que se garantice la seguridad de estas trabajadoras con equipos de protección y piden que se contrate al personal necesario para hacer frente a la pandemia.

"En los centros sanitarios y las residencias hay un alto riesgo de contagio y faltan equipos de protección, como llevamos denunciando desde el inicio del estado de alarma. Sabemos que todos los empleados públicos estamos disponibles para ayudar en este momento de crisis y somos conscientes de la gran preocupación de las personas que están siendo requeridas para estos puestos. Por eso, exigimos que estos traslados se hagan con las máximas garantías de seguridad para el personal", insisten fuentes sindicales, al denunciar la falta de titulación necesaria que enfrentan las auxiliares de educación que han sido requeridas para estos cuidados. 

En primera persona

Una interina de Educación Especial: "Nos mandaron a casa al cerrar el cole. Ha salido este decreto y hemos pasado a ser servicio esencial"

Clara G. (nombre ficticio) estaba trabajando como interina en un colegio de Zaragoza cuando estalló la crisis sanitaria del covid-19. "Nos mandaron a casa al cerrar el centro. Pero ahora ha salido este decreto y hemos pasado a ser servicio esencial. Este martes me llamaron para incorporarme a la residencia que van a abrir en Casetas", señala esta auxiliar de Educación Especial. 

Este mismo viernes ha asistido, en compañía de otras profesionales, a la primera reunión mantenida en este centro asistencial de Zaragoza para tratar de frenar el coronavirus. Asegura que el ambiente no es bueno, les preocupa el contagio pero también no estar capacitadas para abordar este tipo de casos. "Antes pertenecíamos al departamento de Educación y ahora nos han pasado a Ciudadanía y Asuntos Sociales... Funciones no nos han aclarado ninguna; unos dicen de auxiliares de cuidados y otros de enfermería. Claro no tenemos nada", afirma. 

En su caso, sería la primera ver que trabajaría con ancianos. Hasta ahora, y desde que aprobó la oposición, siempre ha desempeñado sus funciones con niños. "La gente y las compañeras están preocupadas por sus familias. Nos mandan a la guerra sin medios y si se contagian van a contagiar a los suyos. La preocupación que tenemos es esa. No estamos preparadas para hacer este trabajo", lamenta esta zaragozana, que se muestra "predispuesta" a asumir lo que les venga, pero pide material y recursos adecuados para ello. Según indica, este mismo sábado tienen que volver al centro para seguir recibiendo pautas sobre el abordaje de la enfermedad. 

"Igual nos dan hoy algo de formación. De momento no hay residentes. Este viernes vino personal del Hospital Clínico para enseñarnos el equipo que íbamos a llevar y el lunes en principio nos explicarán cómo ponerlo y quitarlo, pero aún no tenemos el material. Tenemos miedo al contagio, pero sobre todo nos preocupa no estar preparadas para hacer este tipo de trabajo", admite esta joven auxiliar, a la que han acompañado en la reunión al menos medio centenar de compañeras del ámbito educativo y una decena de auxiliares de enfermería que también han sido requeridas para la causa. "Nos han dicho que contratarían más gente, pero no sabemos lo que va a pasar. De momento nos dan jornadas completas a todas y turnos de mañana, tarde y noche, pero no están organizados todavía. La residencia a la que vamos tampoco está terminada... Creo que están improvisando y otra de nuestras quejas es esa: el haber tirado de interinas en lugar de personal fijo que tiene más experiencia", reitera. 

Médicos de Atención Primaria en una residencia de Miralbueno

"Tenemos asumido que nos vamos a contagiar porque el sistema es procontagio"

Los sanitarios son otros de los profesionales que están siendo también requeridos por la Administración estos días para prestar apoyo en residencias de ancianos. Es el caso de una médico de familia de Zaragoza que ha sido apartada de su centro de salud para desempeñar ahora sus funciones en un centro con pacientes de coronavirus que han habilitado en Miralbueno. Cuenta que están seis médicos para hacer tres turnos al día, pero con escasez de medios y desbordados de trabajo. De la noche a la mañana, ella y varios compañeros MAC del sector III tuvieron que dejar las urgencias de tarde en los centros de salud para tratar pacientes ancianos con coronavirus en este centro. "Nos reunieron en una hora y nos dijeron que fuésemos a atender a los ancianos que iban a llevar a una residencia que se ha montado en dos días. Nos dicen que no nos podemos negar y nos dan unos turnos impensables con 50 residentes", explicaba esta médica al acabar su jornada de este viernes. Ahora trabajan sin cesar en tres turnos, pero asegura que no hay "día de descanso". Son muchos residentes y la mayoría, por su edad, con patologías previas.

"Nos prometen que va a ir todo muy bien, que son pacientes leves a los que se les va a dar el alta pero a cualquier anciano con coronavirus la enfermedad le descompensa todo lo demás", asegura esta profesional, que como el resto de compañeros tiene miedo de contagiar a sus familias. Los equipos que utilizan para atender a los enfermos no son siquiera los más adecuados. "Preguntamos por ellos, y seguimos bata sobre bata sobre bata porque no hay nada impermeable. Al final somos números, como los pacientes, les da igual. Tenemos asumido que nos vamos a contagiar porque el sistema es procontagio", apostilla. 

A su juicio, las plantillas son también reducidas para la situación a la que les toca hacer frente. En el turno de noche -relata- solo hay una auxiliar. "Para movilizar al paciente hay que hacerlo de una determinada manera para no contagiarse, y eso implica la necesidad de estar dos personas", defiende. A ella, como al resto de sanitarias y otros profesionales que han sido llamados, les preocupa la carga viral del virus si no hay material suficiente para protegerse en el desempeño de sus labores. "17 horas no puede hacer nadie porque te expones por mucho equipo que lleves... La carga viral es directamente proporcional a las horas que se está en contacto con el virus o con pacientes afectados", advierte. 

Esta médico de familia del sector III, que lleva 37 años trabajando en la Sanidad pública, asegura que nunca antes había vivido una situación de este tipo. "Va todo a salto de mata. No hay día de descanso en ningún momento porque somos seis médicos en plantilla. Mayor despropósito no he conocido en la vida...", dice preocupada. 

Esta sanitaria, de 60 años, ha tenido que aislarse de su familia estos días para prevenir el contagio. Asume que acabará infectada, pero teme exponer a los suyos. Su preocupación es compartida por el resto de compañeros médicos, auxiliares o de limpieza que trabajan estos días en la residencia de Miralbueno. "Tengo una compañera que se ha marchado a otro piso que tenía su pareja y otros piensan en alquilar para no contagiar a sus familias. Tenemos ese miedo. Yo vivo sola, a mi madre le ha dado un ictus y llevo 12 días sin ir a verla. Ni siquiera puedo ir a Urgencias a ver qué le están haciendo. Estoy totalmente aislada de la familia. Y así todos, porque no te arriesgas a que tu familia caiga contigo", confiesa. 

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