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Ensabanaus y caracoleros, los otros personajes tradicionales del Carnaval aragonés

Además de las trangas y los onsos de Bielsa, en muchas comarcas aragonesas se enseñorean estos días otros protagonistas con máscaras y disfraces que hunden sus raíces en la Edad Media. El viernes se podrán ver en un pasacalles que recorrerá el corazón de Zaragoza.

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Algunos de los personajes que el viernes volverán a desfilar por el puente de Piedra
asier alcorta/Heraldo

El carnaval o Carnestolendas es el nombre que recibe el período de los tres días que preceden el miércoles de ceniza. Esta fiesta de origen pagano es una celebración de alegría, espontaneidad, disfraces, bromas y críticas a las personas poderosas.

En Aragón, el carnaval de Bielsa es el que más fama tiene con sus personajes: trangas, madamas, Cornelio, Amontato, onsos, garretes y caballé. Pero además de estos hay otros protagonistas carnavalescos en otras comarcas que hacen las delicias de la fiesta como los esquilones, las mascarutas o los ensabanaus. La recreación de muchos de ellos se podrán ver este mismo viernes en un pasacalles que la asociación cultural Lqtspera lleva a cabo desde hace ya seis años por el centro de Zaragoza. Este 2020 la cita es en el balcón de San Lázaro, a partir de las 19.30. "Es un acto muy especial que organizamos con la escuela municipal de Música y Danza y los gaiteros del Rabal", explica Olga León, de Lqtspera. "Aprendimos de la investigación de los profesores Luis Miguel Bajén y Jesús Rubio y, después, decidimos poner en práctica las distintas lecciones porque es una pena que -sobre todo en las ciudades- se desconozcan estas tradiciones", explica León, que este año irá disfrazada de hiedra como en los carnavales pirenaicos, donde representa el triunfo de la vida.

Haciendo un somero repaso por las comarcas aragonesas puede comprobarse que las Cinco Villas es una de las que más singularidades carnavaleras reúne: aún con pocos kilómetros de distancia entre sus pueblos, cada localidad tiene un personaje propio. Están los cuernazos de la zona de Pintano, a los que se reconoce por sus cascabeles y campanillas sobre un tocado muy animal. También figura el amortajau de Navardún, que lleva en la cabeza una calabaza con velas, o el llamado tío de la Higueta, muy popular en Luesia, que viste ropajes viejos y lleva un hatillo del que cuelga un higo. Estas figuras lucen el cuerpo cubierto por una sábana, como los populares ensabanaus, cuyo origen se disputan los distintos municipios, aunque el más tradicional es el de Rivas. Lo mismo pasa con las mascaretas, si bien en concreto los cobertores se prodigan más en Uncastillo y -se dice- gustan de despeinar a todo con el que se encuentran. "En la zona los carnavales se prohibieron expresamente tras la Guerra Civil. Esto, sumado a la despoblación que sufren algunos de los municipios en los que esta fiesta era santo y seña, hace que la tradición vaya cayendo poco a poco en el olvido", explican desde la comarca.

Alborotadores de cabello son también los personajes del carnaval de la capital, que se recuperaron hace poco más de una década y que están arraigando con fuerza gracias al trabajo didáctico en las escuelas. Este año son más de 18.700 alumnos de medio centenar de colegios los que estudian con fichas y canciones a la Mojiganga, el rey de Gallos o el conde del Salchichón, que recibirá a todos los niños el domingo en la plaza del Pilar.

CARNAVAL DE EPILA EN ZARAGOZA /4/3/11/ CARLOS MONCIN / [[[HA ARCHIVO]]]
Las mascarutas de Épila, en un acto promocional en la plaza del Pilar de Zaragoza
Heraldo

También conocidas son las mascarutas de muchos pueblos, en los que el protagonista del carnaval aparece con la cara tapada con un trapo y un par de agujeros para los ojos. Suelen ir cantando y brincando con la música y las de Épila llevan especial fama. En esta localidad del Jalón también brilla el Zaputero, que es un pelele (abundan estos muñecos en los distintos valles pirenaicos) que preside las celebraciones desde el Ayuntamiento. Otra máscara de mención imprescindible es la de Ateca, si bien esta llega días antes del Carnaval -acaso- como anunciando el mismo y -eso sí- sorteando los manzanazos mientras sube la colina de San Blas.

A las faldas del Moncayo también hay un buen listado de personajes que, en ocasiones, se entremezclan con los de la ribera navarra (el caso del ‘zurraposo’) y en otras visten arlequinados (véase ‘los de gala’ de Malón) como la propia Máscara atecana o el Cipotegato de Tarazona.

En el Bajo Aragón son mucho más amigos de sacar a sus diablillos por Carnaval y las calles se llenan de personajes con sayas hechas con sacos y, sobre todo, muchos látigos y alguna que otra ayuda pirotécnica. Las caras se tiznan de negro como sucede en el Matarraña o en Luco de Jiloca, cuyo carnaval es uno de los de mayor interés de Aragón. Allí se dan cita los zarragones (con sus cuerpos deformes gracias a cojines) y las madamas, algunas de las cuales se colocaban pequeñas sillas sobre la cabeza, cubiertas después por telas, para tener un aspecto paródico.

Una estampa del Carnaval de Agüero, con el pollino de peluche.
Una estampa del Carnaval de Agüero, con el pollino de peluche.
V. Lacasa

Acabamos este pequeño repaso de algunos -insistimos, solo algunos pues cada localidad tendrá su personaje propio- con un breve paseo por el Alto Aragón, donde además de las figuras de Bielsa hay multitud de personajes dispuestos a rondar para pedir alimentos y a hacer todo tipo de barrabasadas antes de que se entierre a la sardina. Es el caso de los caracoleros de Agüero (con su traje repleto de cáscaras de caracol) que suelen ir acompañados de los fierzos, esto es, mozos visten pieles y polainas. En San Juan de Plan el personaje central es el peirot, que no es sino un pelele hecho de paja que se ata a lomos de un burro para llevarlo a la plaza. Tras unos bailes, el muñeco acabará ardiendo en las llamas. Por cierto, que los burros ya no son lo que eran y en las últimas ediciones se cambia al animal por un carretón con un gran peluche que hace las veces de pollino.

Una de las interpretaciones del Caracolero que abunda en la provincia de Huesca.
Una de las interpretaciones del Caracolero que abunda en la provincia de Huesca.
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