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Cuando el porno sustituye a la educación sexual

Los adolescentes cada vez empiezan antes a ver vídeos de sexo. El 30% acceden alguna vez a contenidos eróticos en sus redes sociales y confunden ficción con realidad.

Silberio Sáez, en una reciente charla con padres del colegio La Salle Gran Vía de Zaragoza.
Silberio Sáez, en una reciente charla con padres del colegio La Salle Gran Vía de Zaragoza.
Raquel Labodía

"Cuando saqué el tema de La Manada con alumnos de 4º de la ESO en el aula muchos sabían que era un bukkake, una categoría de práctica sexual en grupo muy concreta que aparece en las páginas de porno». Silberio Sáez, sexólogo del instituto Amaltea de Zaragoza, contaba esta anécdota hace unos días a los padres que asistían a un taller en el colegio La Salle Gran Vía sobre la influencia que el porno está ejerciendo en la sexualidad de los jóvenes y cómo manejar esta situación con sus hijos.

Una muestra de la facilidad con la que se puede ver porno, habitualmente desde el móvil, y cada vez a edades más tempranas. El runrún comienza a finales de primaria con 10 y 11 años, pero no se puede generalizar. Es ya en el instituto cuando el asunto adquiere tintes más preocupantes.

A falta de una formación específica, muchas veces tanto en la en la familia como en el colegio, los contenidos de sexo explícito en internet se han convertido en la educación sexual del siglo XXI, con el desconcierto y las ideas preconcebidas falsas que ello les genera a los más jóvenes, además de la frustración y los problemas en sus primeras relaciones.

Un reciente estudio del Instituto Aragonés de la Juventud (IAJ) revela que el 28,8% de los adolescentes de entre 12 y 18 años han visitado alguna vez una página de internet de contenidos eróticos y el 8,7% reconocen que lo hacen siempre. Es algo más habitual entre los chicos, el 48% admiten que ven porno en ocasiones, mientras en las chicas este porcentaje se reduce al 10%.

Este informe, uno de los pocos sino el único hasta el momento que ofrece datos sobre esta materia, está basado en una encuesta a la que contestaron 320 jóvenes de entre 12 y 18 años de las tres provincias, de los que un 50,3% eran mujeres y un 49,7%, hombres.

Si se les pregunta por el ‘sexting’, es decir, el envío de mensajes y fotos propios subidos de tono, esta práctica parece menos habitual de lo que pudiera pensarse. Un 3,8% de ellas dicen que lo han hecho alguna vez, mientras ellos son solo el 1,3%.

Falta de contenidos curriculares

"El problema no es que vean porno, sino que hay un déficit de contenidos curriculares en todas las etapas de abordaje de una manera decisiva de todo lo que es la educación afectivo sexual y emocional de una manera integral, una asignatura de sexualidad más allá de lo que es explicar los aparatos reproductores y otros aspectos fisiológicos", asegura Santiago Boira, psicólogo clínico y profesor de la Facultad de Ciencias Sociales.

Boira muestra también su preocupación por una "percepción" de la sexualidad basada en "modelos patriarcales" en los que se reproducen "los patrones de dominación de los chicos y el sometimiento y la cosificación de ellas". Este acceso sin filtro "ni conciencia crítica" a todo tipo de contenidos en la red también está detrás, en su opinión, de los abusos sexuales entre menores.

Más allá de que es una cuestión "demasiado ideologizada", tiene claro que la solución pasa por incorporarla al currículum escolar "de manera decidida" e implicar por igual a padres y profesores.

"La pornografía reduce las relaciones sexuales a la genitalidad. Lo afectivo se anula por completo"

Anular la parte afectiva

"He recibido en la consulta chicas casi al borde de un precipicio, llorando, porque nunca han tenido un orgasmo con la penetración. La pornografía reduce las relaciones sexuales a la genitalidad, centrada en el coito, en el tamaño de los miembros, en la duración y en una gimnasia sexual que nada tiene que ver con la realidad. Lo afectivo se anula por completo. Están aprendiendo sexualidad a través de la pornografía y cuando lo trasladan a su vida de pareja surgen las dificultades", precisa Belén Sáez-Guinea, psicóloga clínica y sexóloga que trabaja en el Centro Municipal de Promoción de la Salud del Ayuntamiento de Zaragoza.

Ha tratado algún caso extremo. Al Centro Municipal de Atención y Prevención de las Adicciones unos padres llevaron a su hijo de 12 años por su dependencia a la pornografía. "Llegar a esta situación también tiene que ver con la falta de límites por parte de los progenitores en una etapa como es la adolescencia", insiste.

El instituto de sexología Amaltea, que lleva 25 años dedicado en exclusividad a este campo, hace ya tiempo que aborda la sexualidad de los jóvenes e internet en sus programas de educación sexual en los colegios y ahora también en charlas dirigidas a los padres.

"Los padres tienen que opinar en voz alta y ser didácticamente gruñones"

‘La sexualidad de los jóvenes e internet. La pornografía, esa incómoda, pero inevitable realidad’. Es el título de la charla que Silberio Sáez, sexólogo del instituto Amaltea de Zaragoza, ofreció a los padres del colegio La Salle Gran Vía de la capital aragonesa. La actividad, organizada por la asociación de madres y padres, atrajo a unas 40 personas, un número nada desdeñable en este tipo de citas.

"Nuestros chicos van a consumir pornografía de una manera que para nosotros pasa desapercibida. Tenemos que ser conscientes de ello", expuso este experto a los asistentes. Más allá del susto que puede generar esta constatación, tranquiliza saber que «la familia tiene más margen» del que se cree.

"Esta información sexual que es ficción les llega cuando no tienen capacidad crítica y las genera unas expectativas totalmente desorbitadas"

Sáez ofreció una lista de las diez páginas de sexo que más se visitan en España. En la mayoría, cuenta, el único filtro para entrar es contestar con un ‘click’ a la pregunta de si se tiene más de 18 años. También plantea que a edades tempranas, como 5º o 6º de primaria, puede tratarse de un "consumo accidental" de material erótico, algunas veces provocado por el vídeo que el "precoz" del grupo difunde en sus grupos de Whatsapp.

"La ventaja es que con 10 o 12 años todavía nos lo cuentan como una anécdota y nos enteramos. Eso no pasa en la ESO, cuando ya impera el pacto de silencio entre los adolescentes", explicó. El problema es que esta información sexual elevada a la ficción les llega "cuando no tienen capacidad crítica» y les genera unas expectativas «totalmente desorbitadas".

El consejo de este sexólogo fue claro: "Los padres tienen que opinar en voz alta y ser didácticamente gruñones". Hay que hablar del tema cuando surja la oportunidad, aunque ellos no son muy proclives. También recomendó ver series que devoran como ‘Élite’, ‘Sex Education’ o ‘Por trece razones’, si no es posible con ellos, que sepan que se está al tanto de sus gustos y comentarlas.

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