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Niños que violan, niñas embarazadas, ¿dónde está el fallo?

Aragón es pionera en la aplicación de programas educativos como los impartidos por el Instituto de Sexología Amaltea.

Santiago Frago, director médico del Instituto de Sexología y Psicoterapia Aragonés Amaltea
Santiago Frago, director médico del Instituto de Sexología y Psicoterapia Aragonés Amaltea
Amaltea

En las últimas semanas han salido a la luz varias informaciones que han conmocionado a la sociedad, como la detención de un menor de 14 años acusado de agredir sexualmente a dos mujeres de 23 y 42 en Puerto Serrano, Jaén, el pasado 9 de febrero; o la supuesta violación a un niño de 9 años en el patio de un colegio de Cazorla (Jaén). La soledad, el aislamiento, la tristeza, el acceso sin filtro a todo tipo de contenidos en la red o la hipersexualización son algunos de los factores que entran en juego en el arduo debate sobre estos suceso. Desde varias organizaciones hay consenso en solicitar una Ley de protección integral de la infancia que contribuya a prevenir los factores de riesgo que desencadenan ese tipo de comportamientos en menores.

La irrupción de las nuevas tecnologías y su accesibilidad es uno de los hechos más trascendentes de los últimos 30 años. “Es obvio que esta tecnología está facilitando la vida de las personas, pero igualmente, su uso indiscriminado e irresponsable está en el origen de ciertos efectos indeseables”, explica Santiago Frago, director médico del Instituto de Sexología y Psicoterapia Aragonés Amaltea.

El Instituto Amaltea lleva 25 años dedicándose en exclusividad al campo de la sexología en sus diversas líneas de intervención, entre ellas la educación sexual, convirtiéndose en un referente a nivel nacional en cuanto a sus programas de Educación Sexual Escolar. Desde Amaltea aplican un programa caracterizado por un triple nivel de intervención entre familias, alumnado y profesorado.

“Las familias son el factor de impacto más relevante y decisivo en la formación de sus hijos. El profesorado ha de atender a su propia formación y en este sentido lo importante es que sea un educador, con todo lo que conlleva el término, es decir, educador dentro y fuera del aula”, afirma Frago. En esta misma línea, Amaltea defiende la formación básica en Educación Sexual destinada al profesorado, que le permita resolver pequeñas cuestiones que inevitablemente van a surgir en el aula.

Pero, ¿cómo es la educación sexual familiar en nuestros días? “Fundamentalmente es no verbal, es decir, son pequeños gestos y nuestra manera de valorar ciertos temas delante de nuestros hijos. Cuando son pequeños todo es fácil, pero cuando son preadolescentes y adolescentes y se instala la lógica del silencio, como padres y madres, hemos de seguir hablando, comentando y quizá no interrogando”, explica Frago. “Cuando consigues que tus hijos te digan que eres un pesado es cuando empiezan a ir bien las cosas”, añade.

Precisamente, y aunque la educación sexual sigue siendo una asignatura pendiente, es una tendencia que está cambiando ya que la aragonesa es una de las comunidades autónomas con un mayor número de intervenciones en educación sexual con respecto al resto del país. Según el experto, en la actualidad existen estadísticas que no se ajustan a la realidad que viven nuestros jóvenes: “Cuando se dice que se inician en prácticas sexuales o tienen relaciones sexuales damos por hecho que se trata del coito o penetración vaginal, y esto es un error”.

Además, desde Amaltea aseguran que la educación es fundamental a la hora de corregir estas conductas y para retrasar y/o modificar el inicio de estas experiencias sexuales. “Es un hecho que tenemos contrastado, los jóvenes que participan en nuestros programas adquieren recursos y habilidades para atender a su propio y exclusivo deseo”, asevera. “Los jóvenes dilatarían sus relaciones eróticas si se dejaran llevar por su deseo real, pero desgraciadamente se ven sometidos a la presión social y del entorno”, añade.

En la mayoría de los casos, se trata de preadolescentes y adolescentes “sometidos al empuje de realidades sexuales distorsionadas, tales como la pornografía con marcado tinte violento y de poder, concursos y programas de ciertas televisiones que transmiten modelos de relación asimétricos y poco edificantes, y la pérdida adoleciendo de valores amorosos y eróticos”, concluye Frago.

El sexo como acto banalizado

Aunque no se trata de un hecho habitual, tan solo en 2016 ocho niñas aragonesas con 15 años o menos fueron madres, cifra que se eleva a 200 en los últimos 21 años. Precisamente el estudio ‘Relatos de madres adolescentes en la España actual’, realizado por Alessandro Gentile y Ana Lucía Hernández, ambos profesores de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Zaragoza, realiza un acercamiento al tema de la educación sexual gracias a experiencia materna de 32 adolescentes.

“Hoy hay menos madres adolescentes que hace 50 años pero no porque se hayan reducido las conductas afectivas y sexuales de riesgo, lo cierto es que las jóvenes tiene relaciones completas cada vez más pronto”, asegura Gentile. En su opinión, la educación en valores juega un papel fundamental a la hora de acabar con esta realidad. De forma paralela se ha producido un aumento del uso de la pastilla anticonceptiva, e incluso de la píldora postcoital, que evitan estos embarazos pero no la transmisión de enfermedades de transmisión sexual.

“El significado del sexo se ha banalizado entre los jóvenes, que lo entienden como un mero acto sexual, algo que ha favorecido el adelanto del debut sexual pero de una manera inconsciente”, critica. Del mismo modo, la falta de madurez reduce de manera considerable la conciencia del riesgo que, sumada a las expectativas sociales a las que se encuentran sometidos los jóvenes de hoy en día y la carencia de conocimientos y herramientas en materia de salud sexual, reproductiva y emocional, se traduce en este tipo de comportamientos.

Se trata, además, de un problema que afecta en mayor medida a las mujeres, que carecen de recursos para rechazar según qué acciones por falta de autodeterminación y autoestima. “El problema no es la formación sino la educación en valores, y en estos casos son ellas las que sufren mayores riesgos”, añade. “Sin duda, una de las cosas que más nos ha llamado la atención durante el estudio es que la mayoría de las entrevistadas no fue capaz de reconocer la violencia de sus parejas hasta años después”, concluye Gentile.

Sexualidad en la adolescencia

Tan solo en 2017 se llevaron a cabo 80 talleres a más de 1.800 jóvenes de Aragón con la campaña ‘No significa no’, de la mano del Instituto Aragonés de la Mujer (IAM) y la Federación Aragonesa de Municipios, Comarcas y Provincias (FAMCP). Por su parte, desde el Gobierno de Aragón se realizan numerosas acciones formativas a lo largo del año, como el ciclo ‘Cine y salud’, que tiene por objeto tratar la prevención de los problemas de salud más relevantes en la adolescencia fomentando la mirada crítica y la responsabilidad personal.

Otra de las iniciativas se llama ‘Retomemos Sextimental’, una herramienta educativa dirigida a educadores para facilitarles una serie de herramientas para conversar sobre sexualidad y sentimientos con el propósito de promover la igualdad de género y prevenir otro tipo de riesgos. También desde la Escuela para padres de la Federación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos de Aragón (FAPAR) cuentan con el curso La Educación afectiva y sexual de nuestros hijos e hijas, “uno de los más demandados en la actualidad”, afirman.

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