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Escapadas a pueblos bonitos de Aragón este invierno: de Ansó a La Fresneda

Las tres provincias aragonesas ofrecen muchas alternativas a la hora de elegir un bonito marco para esas historias que pueden escribirse en puentes festivos o ahora para las fiestas navideñas.

Arriba Ansó, Moros y abajo Alquézar y La Fresneda
Arriba Ansó, Moros y abajo Alquézar y La Fresneda
Laura Uranga

Cualquier tiempo es bueno para visitar lugares bonitos. Aragón tiene excedente de pueblos con aspecto de postal, y cuando se acercan estas fechas hay posibilidades de que la postal sea navideña, con sus tejados nevados, muñecos, guirnaldas, luces y hasta papanoeles escaladores, aunque no sean plato de gusto para todo el mundo. Por suerte, son sitios suficientemente atractivos para no necesitar muchos adornos.

Pueblos de cuento en Huesca

La selección siempre es dura en esta provincia, debido a que el entorno prepirenaico y pirenaico ofrece demasiadas opciones para la visita. Buerba es una de esas poblaciones que no siempre aparecen en las guías de los lugares más buscados, pero su cercanía al Cañón de Añisclo la convierte en una interesante parada para el antes y el después de la caminata. Tiene dónde comer bien, y las vistas son espectaculares.

De cuento es El Pueyo de Aragüás, también cercano a Aínsa, pero al noreste de la cabecera del Sobrarbe. Un pueblo que cuida al máximo su urbanismo, donde la piedra es la protagonista y que tiene a la Peña Montañesa justo delante. En el valle de al lado, Sopeira es un secreto a voces entre quienes visitan la Ribagorza más allá de Graus. Se trata de un rincón precioso con agua, monte, arboleda con bancos de madera y tranquilidad máxima.

En la selección oscense no podían faltar dos de los pueblos que pertenecen al club de los más bonitos de España. Alquézar es uno de los destinos más habituales por su cercanía a templos de escalada, la Colegiata y su excelente restauración, además de un casco antiguo de ensueño. En Ansó todas las piedras están en su sitio, los servicios de restauración son un plus dentro y fuera del casco urbano y las excursiones, en verano e invierno, son magníficas; ahora hay que ir abrigado y según dónde se quiera llegar, con raquetas de nieve.

Pueblos con encanto en Zaragoza

La variedad de paisajes y ecosistemas hace que la provincia de Zaragoza tenga mucho que ofrecer. Moros, por ejemplo, tiene la baza de su casco antiguo en la ladera de la montaña, que puede recorrerse con facilidad callejeando y admirarse desde arriba en el mirador diseñado por Sergio Sebastián. En cuanto a Uncastillo, se trata de una de las joyas de las Cinco Villas, gracias a su configuración urbanística, monumentalidad y entorno, con una rica vida cultural y buenos servicios. Longás, al fondo de la Bal D’Onsella, es un pueblo que parece sacado de una fábula; la piedra también es la gran protagonista en las construcciones, y la cercanía de la Sierra de Santo Domingo convierte a esta localidad en un paraíso para excursionistas.

Salvatierra de Esca es otra gozada; el municipio más norteño de Zaragoza, casi metido en el valle del Roncal, con sus montañas de fábula para la escalada y calles empinadísimas perfectas para paseos por el corazón de un pueblo con historia. En la otra punta de la provincia, Cerveruela aparece entre los meandros de Huerva para ofrecer su mapa de fuentes naturales y una paz que se disfruta especialmente en el Albergue del Tío Carrascón.

Pueblos bonitos de Teruel: de Albarracín al Matarraña

El Matarraña no pasa de moda, y con argumentos como La Fresneda no es algo extraño, porque este pueblo deja impactado a cualquiera que se acerque por la carretera y llegue a la altura de esa perfecta sucesión de casas en la ladera, pasee su conjunto urbano y se deleite con la visita guiada a su patrimonio. Además, se come de maravilla con representantes gastronómicos como El Convent o el restaurante Matarraña.

Bronchales es la capital de la pequeña Suiza de Albarracín, con una altura media considerable y la naturaleza en todo su esplendor; buena visita en cualquier momento del año, también con frío y siempre teniendo en cuenta la visita al secadero de jamones más alto de España. En Rubielos de Mora se cuenta con un factor fundamental; todo el pueblo es un museo al aire libre, desde la forja de las lámparas a la gran cantidad de casas-palacio, los edificios religiosos, los dos museos y la excelente oferta gastronómica, tanto de restauración como de productos de proximidad. En Allepuz, muy cerca de Valdelinares, hay varias posibilidades de alojamiento con diferentes niveles y un camino hasta el pueblo de vecino de Villarroya de los Pinares marcado por pilones que en estos tiempos, desde luego, debe hacerse bien equipado. Y Jabaloyas, en la parte sur de la Sierra de Albarracín, cuenta con su iglesia fortificada y el monte Jabalón, que la leyenda sitúa como escenario de aquelarres y que desde luego es un lugar perfecto para admirar las estrellas.

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