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DÍA DE LA MADRE

Maternidad antes de los 30: ¿por qué se ha convertido en algo inusual?

La respuesta se encuentra en un cúmulo de factores responsables de haber pospuesto la maternidad a la tercera decena de edad. Exponemos diez de ellos.

La media de edad actual entre las mujeres que tienen su primer hijo es de 33 años.
La media de edad actual entre las mujeres que tienen su primer hijo es de 33 años.
Pexels

Casos como el de Aitana Morant, que decidió ser madre antes de los treinta, son cada vez más atípicos. Según la última encuesta de fecundidad realizada por el Instituto de Estadística Nacional (INE), el 79,2% de las mujeres de 25 a 29 años aún no ha tenido hijos, cuando, según muestra Statista, la edad media para tener hijos en 1975, estaba entre los 24 y 25 años, frente a los 31 que arrojan los datos de 2019. Además, en 2020 nacieron 168.047, en contraposición a los 380.130 registrados en 1999.

Estas cifras muestran no solo un retroceso en la natalidad, sino también en la edad media a la que se tiene el primer hijo en España, lo cual ha favorecido el crecimiento de tratamientos alternativos para tratar de concebir en una franja de edad en la que biológicamente el cuerpo de la mujer es un hábitat menos propenso a ello. Sin embargo, un estudio apunta que la mitad de las mujeres sin hijos hubiese querido tenerlos en algún momento de su vida. ¿Cuáles son las razones de esta crisis demográfica?

Diez factores influyentes

- Inestabilidad económica y laboral. Si consideramos que la edad favorable de una mujer para concebir oscila entre los 25 hasta los 35 años significa que quienes biológicamente están en disposición de tener un niño son las mismas personas que han iniciado su etapa laboral en una crisis, bien sea la de 2008 bien sea la actual. Muchos se preguntan qué va a ser de su futuro mientras ven crecer la tasa de paro juvenil. De hecho, los aragoneses son los más pesimistas de España respecto a su futuro laboral. A esta realidad han de sumarse las posibles secuelas de un acontecimiento como lo es la pandamia que vivimos, de las que todavía no se puede estimar su magnitud pero que ya deja ver cómo "en algunos jóvenes han aumentado las autolesiones, adicciones y las dificultades para regular sus emociones".

- Ausencia de una corresponsabilidad real. A pesar de la apuesta política por ampliar el permiso de paternidad y equipararlo al de la mujer, de 16 semanas, esto no significa que las tareas y responsabilidades se distribuyan entre sendos miembros de la pareja. La carga mental sigue siendo una responsabilidad a menudo asumida por las mujeres, además de ser las que renuncian a su evolución profesional en mayor medida. Prueba de ello es el siguiente dato: 9 de cada 10 excedencias por cuidado familiar fue pedida por una mujer en 2020.

- Reorganización de prioridades. El estado de bienestar también ha influido en este retraso, porque ha permitido reorganizar las prioridades. Hace cien años, tener hijos no solo era un deseo aspiracional, sino una forma de cubrir una necesidad: los vástagos ayudaban a cuidar la tierra, a la continuación del negocio familiar, a la crianza de sus hermanos. Hoy en día no es frecuente ver cómo los hijos toman el relevo generacional, sino cómo persiguen sus propias aspiraciones mientras buscan mayor calidad de vida. De hecho, para los millennials tener un hijo es una heroicidad.

También el aumento de la esperanza de vida ha contribuido a un rediseño de las fases evolutivas de una persona, a la que se considera en su etapa de juventud hasta los 30 años.

- La búsqueda de la pareja ideal. El modelo de familia ha cambiado mucho y existe un modelo emergente en el que la mujer decide convertirse en madre sin compartir esta etapa con ningún compañero sentimental. El perfil de estas mujeres suele tener unas características comunes: clase media-alta, perfil profesional cualificado y un reloj biológico que se acerca a su límite (entre los 35 y los 45 años), y se ha triplicado desde el año 2000

Sin embargo, lo habitual sigue siendo que los hijos lleguen producto de una relación estable. El problema surge precisamente en la búsqueda de esa pareja ideal, ya que la reorganización de prioridades ha dado lugar a un estilo de vida muy individualista y poco transigente frente al sacrificio, que dibuja un escenario en el que resulta más difícil que dos perfiles encajen y compartan aspiraciones, entre ellas, la de formar una familia.

- Cambio de roles tradicionales. El esquema social en el que la mujer es la encargada del hogar y la familia y el hombre del mantenimiento económico de los mismos se va desdibujando y, con él, la dependencia económica de la mujer al hombre. De esta forma se amplían las áreas en las que la mujer puede encontrar su realización. Además, ha quedado demostrada la importancia del empleo femenino en la decisión de tener hijos, ya que las españolas con un empleo estable tienen mayor tasa de fecundidad.

- Ausencia de interés. El feminismo y el empoderamiento que supone también ha dado voz y oportunidades a muchas mujeres que no se sienten identificadas con el rol maternal y no tienen interés en encasillarse en él, rompiendo así con una responsabilidad que durante generaciones se ha atribuido a las mujeres como destino al que estaban alienadas.

- Escasez de políticas pronatalistas. Si comparamos las ayudas existentes en España con las de otros lugares de Europa, son muy diferentes. En España el permiso de maternidad y el de paternidad asciende a 16 semanas, la Educación Primaria y la Secundaria son gratuitas, a diferencia de la guardería y la etapa universitaria y existen descuentos para familias numerosas tanto generales como especiales. Pero en comparación con Suecia, por ejemplo, la calidad de los beneficios administrativos distan mucho entre los dos países. En el país nórdico la baja maternal dura 16 meses, mientras que la paterna puede llegar a los 240 días, pudiendo añadir los de la madre si no ha empleado todos. Los padres, tanto trabajadores como en paro, pueden acogerse además con una paga fija, y aquellos en activo a una reducción del 25% de su jornada hasta que el pequeño tenga ocho años. La pareja recibe ademas 110 euros por hijo hasta que cada uno de ellos cumpla 16 años. Dinero que no deberán gastar en su educación, por ser esta gratuita. Estas diferencias también contribuyen a que las españolas estén entre las europeas que más tarde tienen su primer hijo.

- Aumento y democratización de técnicas alternativas. Lo que parecía hace unos años imposible o inalcanzable se ha popularizado cada vez más. "Cada vez más personas optan por la reproducción asistida debido a este retraso o a que desconocían que no eran fértiles", explica Aitana Morant, matrona del centro de salud Arrabal. Los propios avances científicos que permiten este tipo de técnicas alimentan a su vez este retraso en la concepción ya que ha aumentado la posibilidad de quedarse embarazada más tarde.

- Sobrepoblación y adopción. La adopción no es una opción nueva para quienes desean ser padres y no pueden conseguirlo de forma natural, aunque hay quienes alegan que, incluso pudiendo hacerlo, escogerían antes la adopción por considerarla más ética.

- Visión pesimista de un futuro en decadencia. A las razones anteriores se suman voces que auguran un futuro incierto, con el cambio climático por bandera, por lo que hay quienes no encuentran sentido a contriburir en la natalidad para ofrecer a sus descendientes una vida que consideran peor.

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