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Sociedad

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Covid-19

El reto de responder a las dudas para generar confianza en las vacunas

Claridad, sencillez y respuesta a sus dudas legítimas. Es lo que necesita el ciudadano de a pie ante unas esperanzadoras vacunas contra la covid-19 desarrolladas a velocidad de vértigo.

Un año después de la aparición del coronavirus SARS-CoV-2, la ciencia ha logrado producir millones de vacunas que están llegando a la población.
Un año después de la aparición del coronavirus SARS-CoV-2, la ciencia ha logrado producir millones de vacunas que están llegando a la población.
Quique García / EFE

Conseguir la inmunidad colectiva mediante la vacunación voluntaria contra la covid-19 es el gran propósito de este 2021 recién estrenado. Una meta colectiva que llegará después de un camino que empezamos a recorrer. Partido a partido. Comunicar es uno de los grandes retos, porque las vacunas que ya han comenzado a administrarse siembran esperanza pero también dudas. ¿Son seguras pese a haber sido desarrolladas en tiempo récord? ¿Cuánto tiempo durará la inmunidad? ¿Y si muta el virus?...

Jesús Gonzalo Asensio, investigador del grupo de Genética de Micobacterias de la Universidad de Zaragoza, no paraba de escuchar preguntas de este estilo al hablar con personas de su entorno cercano y, "escuchando sus múltiples dudas, me di cuenta de la desconfianza que hay ante las nuevas vacunas contra la covid-19". El dilema no es vacunas sí o vacunas no, sino generar confianza en una ciudadanía que se pregunta si es segura, efectiva y duradera una vacuna desarrollada en menos de un año y con una tecnología jamás probada a gran escala; responder a sus dudas razonables. 

"Es completamente normal dudar sobre una vacuna contra una enfermedad que hace un año ni siquiera conocíamos"

"Es completamente normal dudar sobre una vacuna contra una enfermedad que hace un año ni siquiera conocíamos –reconoce–. Los científicos somos los primeros sorprendidos ante el avance de los acontecimientos, pero la diferencia entre un científico y el resto de la ciudadanía es que los científicos estamos preparados para asimilar críticamente toda la información recibida. A los ciudadanos hay que explicarles estos resultados, una vez analizados e interpretados, pero sin ocultar nada, de forma que puedan comprender el mensaje en su totalidad".

Como científico y como ciudadano, este profesor de Biotecnología de Unizar sentía "la responsabilidad moral de ofrecer una solución a ese problema". En su opinión, parte de esa desconfianza ciudadana se debe "a la sobreinformación a la que ha estado sometida la población, un exceso de información no siempre fiable ni contrastada por expertos", por lo que decidió elaborar "un documento que tuviera mucha credibilidad", con el respaldo y aprobación de las principales sociedades y asociaciones médicas y científicas de nuestro país. "Su apoyo fue unánime desde el primer momento" y, tras varias semanas elaborando el documento, vio la luz un manifiesto titulado ‘La ciencia nos ha dado las vacunas, entre todos haremos que sean eficaces’, con respuestas a cuestiones importantes para la ciudadanía consensuadas entre las instituciones firmantes: las Asociaciones Españolas de Pediatría y de Vacunología y las Sociedades Españolas de Inmunología, de Microbiología y de Virología.

"Hablamos de los múltiples beneficios de la vacunación, pero no ocultamos que las vacunas pueden tener efectos adversos ni decimos que vayan a ofrecer una protección durante toda la vida o contra todas las variantes del virus, porque no es cierto o aún no lo sabemos"

En el manifiesto "hablamos de los múltiples beneficios de la vacunación, pero no ocultamos que las vacunas pueden tener efectos adversos ni decimos que vayan a ofrecer una protección durante toda la vida o contra todas las variantes del virus, porque no es cierto o aún no lo sabemos. El conocimiento científico ha de ser transparente, objetivo y transmitido a la población de una forma sencilla, de este modo el ciudadano podrá tomar una decisión acertada sobre la vacunación", asegura. En definitiva, "no se trata de obligar a nadie, sino de transmitir conocimientos fiables, objetivos y racionales, para que la población pueda elegir entre confiar en hechos contrastados científicamente o en meras opiniones sin demostración científica".

Depende de todos

La confianza y el compromiso de la población son tan importantes como la temperatura de conservación de los viales. "Depende ahora de todos, científicos, profesionales de la salud y población general, conseguir en el menor tiempo posible la inmunidad indirecta necesaria a través de la vacunación para que el virus deje de circular", proclama el manifiesto.

Porque la campaña de vacunación de los mayores tendrá un primer efecto: proteger a los colectivos más vulnerables y hacer descender su mortalidad, descongestionando también el sistema sanitario al haber menos casos graves que implican ingreso hospitalario en planta o en uci. Los siguientes turnos de vacunación, dirigidos al resto de la población, nos irán acercando a la inmunidad de grupo y, al disminuir la transmisión de la enfermedad, empezaremos a divisar la ansiada vieja normalidad.

"Hay personas que por diferentes motivos no van a poder vacunarse, porque tienen una inmunodeficiencia, o acaban de someterse a un trasplante o padecen alguna enfermedad autoinmune, por ejemplo –explica Jesús Gonzalo Asensio–. Si conseguimos que la vacuna llegue a un porcentaje importante del resto de la población, que la OMS ha estimado en un 60%, esas personas estarían indirectamente protegidas porque la probabilidad de que lleguen a infectarse disminuye". Esto es lo que se conoce como inmunidad colectiva o de grupo. "Este es el lado solidario de la vacunación –destaca–, pero cada persona, individualmente, obtiene un beneficio mucho más grande: disminuir la probabilidad de contraer la enfermedad, de enfermar gravemente debido a la misma o incluso de morir".

Sin embargo, las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) revelan reticencias: el barómetro de diciembre reflejaba que un 28% de los españoles no estaban dispuestos a vacunarse inmediatamente, 19 puntos menos que en el barómetro de noviembre, cuando eran el 47%. En la tercera edición del sondeo ‘Efectos y consecuencias del coronavirus’ no se pregunta directamente, pero, tras consultar si creen que la vacuna devolverá la vida anterior, un 7,6% declara que "no confía en la vacuna, en la rapidez con que se ha fabricado, duda de su eficacia".

"La principal duda es si una vacuna fabricada en tan solo un año es lo suficientemente segura. Es una duda razonable, que también existe entre la comunidad científica"

La seguridad y las prisas

Jesús Gonzalo Asensio cree que "la principal duda es si una vacuna fabricada en tan solo un año es lo suficientemente segura. Es una duda razonable, que también existe entre la comunidad científica". Con los datos que tenemos "de centenares de miles de personas vacunadas, podemos excluir efectos adversos graves a corto plazo, y los datos de los miles de voluntarios vacunados durante las fases clínicas también evidencian que la vacuna es segura tras 8-10 meses –indica–. Los efectos adversos pasado este tiempo serían raros, pero no podemos excluirlos. No podemos ni acelerar el tiempo ni predecir el futuro, las vacunas lograrán reducir la mortalidad debida a esta enfermedad y evitar el declive económico y social que padecemos, por lo que, lamentablemente, tenemos que decidir entre seguir acumulando muertes o esperar a conocer efectos adversos infrecuentes a largo plazo". Efectos adversos que, al ser millones las personas vacunadas, en algún momento surgirán.  

"No podemos ni acelerar el tiempo ni predecir el futuro, las vacunas lograrán reducir la mortalidad debida a esta enfermedad y evitar el declive económico y social que padecemos, por lo que, lamentablemente, tenemos que decidir entre seguir acumulando muertes o esperar a conocer efectos adversos infrecuentes a largo plazo"

Aunque ningún producto ofrece una seguridad completa, "las vacunas son el producto médico más seguro que existe y las agencias reguladoras velan por ello". La razón es clara: las vacunas se administran a personas por lo general sanas "y no es concebible que causen ninguna enfermedad". El investigador recuerda que las vacunas han salvado y siguen salvando millones de vidas y que "cualquier medicamento, incluso un simple antiinflamatorio, tiene más efectos adversos graves, y más frecuentes, que cualquier vacuna". Por el momento, en la vacuna anticovid "se han documentado efectos adversos catalogados como leves o moderados, que son comunes a cualquier otra vacunación y que incluyen dolor, inflamación local, malestar, etc.". La clave está en nuestra propia diversidad. "Genéticamente todas las personas somos diferentes y, en consecuencia, nuestro sistema inmunitario también lo es –señala–. Esto significa que ciertas personas puedan desarrollar una reacción adversa grave a ciertos alimentos, medicamentos o también componentes de las vacunas. Estos efectos graves son por lo general raros y ocurren en menos de 1 de cada 10.000 o 100.000 personas". La relación riesgo-beneficio es evidente si pensamos que 1 de cada 100 o 200 infectados con SARSCoV2 fallece. Con estos datos, "el ciudadano puede darse cuenta de que vacunarse conlleva una reducción de unas 20 veces en las posibilidades de enfermar gravemente o incluso de morir (considerando un 95% de eficacia de las vacunas), mientras que la probabilidad de desarrollar un efecto adverso grave es casi la misma de que le toque el gordo de la lotería de Navidad".

Aquí no se acaba la pandemia

Los abrazos tendrán que esperar. La vacuna no es una varita mágica que hará desaparecer la pandemia y nos liberará de las medidas de protección.

Estar vacunado no es un salvoconducto. "Con los datos que tenemos no podemos afirmar que las vacunas evitan la transmisión de la enfermedad –señala el investigador–. Lo que sí sabemos es que una persona vacunada está protegida y que las posibilidades de desarrollar una enfermedad covid-19 grave disminuyen muchísimo, pero no podemos excluir que los vacunados puedan infectarse y transmitir la infección a su entorno". Esto ya ocurre con otras vacunas, como la de la tos ferina, que evitan que padezcamos la enfermedad pero no la infección con la bacteria que la causa.

Llegará un momento en que la inmunidad colectiva sea suficiente para que la transmisión de la enfermedad disminuya, pero hasta entonces seguirá siendo imprescindible continuar con las medidas de protección: mascarillas, ventilación y distancia. En torno a un 60% es el número ‘mágico’, el porcentaje de población inmunizada necesario para lograr una inmunidad colectiva ante la covid. Por suerte, no es una enfermedad tan contagiosa como el sarampión, que se transmite con tanta facilidad que, a pesar de que disponemos de una vacuna muy eficaz, requiere que un 95% de la población esté vacunada para evitar rebrotes.

Pero, además, esta vez no basta mirar hacia nuestro entorno. El manifiesto de las asociaciones y sociedades profesionales incide en que "si bien las vacunas que acaban de ser aprobadas contribuirán positivamente al control de la pandemia en países occidentales, estas vacunas tienen serios problemas para su distribución y almacenamiento en países en vías de desarrollo".

"Una pandemia es global –remarca Gonzalo Asensio– y para frenarla es necesario un compromiso a nivel mundial, esto significa que tenemos que conseguir vacunar a todos los países, incluidos los más desfavorecidos, en los que la logística o los recursos humanos complican el acceso a las vacunas".

Es otra razón más para darnos cuenta de lo imprescindible que es continuar la investigación en nuevas vacunas, entre otras las que utilizan virus completos, inactivados o atenuados, cuyo almacenamiento, transporte, distribución y vía de administración puede favorecer la cobertura vacunal de la población mundial.

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