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El Monegros Desert más multitudinario

Más de 55.000 personas -25.000 extranjeras- asisten al festival de música electrónica que concluye este domingo a las 12.00. La internacionalidad del público, con 6.000 franceses, 5.000 italianos y 4.000 estadounidenses, es una de las señas.

Monegros Desert Festival, celebrado en el desierto de Fraga.
Monegros Desert Festival, celebrado en el desierto de Fraga.
Francisco Jiménez

Tras ocho años de espera, el Monegros Desert renació en tierras fragatinas en la edición más multitudinaria de su historia con un maratón de 22 horas seguidas de música electrónica y urbana que debe concluir este mediodía. Más de 55.000 personas venidas de 85 países -25.000 eran extranjeras- respondieron a la llamada de un festival al que ni siquiera un letargo tan prolongado ni la pandemia han logrado doblegar. Una muestra inapelable de que en la agenda de prioridades de sus fervorosos seguidores sigue siendo una cita ineludible.

Con las máquinas y los operarios apurando los últimos detalles en el mastodóntico recinto, la cuenta atrás concluyó a las 14.00. Con unos pocos minutos de retraso por la logística del sistema de acceso y la lectura de las entradas, y mientras sonaba la primera canción de la sesión de bienvenida a cargo del DJ británico Ben Sims en la majestuosa Techno Cathedral -un nuevo escenario de 70 metros y sin columnas-, miles de personas aguardaban en la entrada principal del recinto para ingresar en esta Disneylandia del house, el tecno, el drum’n’bass y el hip hop. Nada importaban los atascos sufridos a causa del volumen de vehículos y por los controles policiales. Ni siquiera el sol rotundo ni el calor les desanimaban. Les podía el entusiasmo por regresar a su tierra prometida. Al abrirse las puertas, el sueño ya era una realidad y, por delante, la promesa de casi un día de diversión sin límites.

Uno de los primeros en entrar fue el colombiano Brian Mauricio Delgado, residente en Bilbao, que no ocultó una emoción exacerbada al grito de: "Colombia está en la casa. Ingresamos en Monegros, el festival de festivales". Al preguntarle por los motivos de esa proclama, indicó: "Esto es mucho más que una serie de sesiones o de conciertos. Monegros Desert es un concepto muy influyente, la verdad de la música electrónica".

El entusiasmo era compartido por cada uno de los que cruzaban la línea que conformaban los vigilantes, y que no dudaban en dar saltos o gritar al mundo su incontenible alborozo, además de inmortalizar el momento con una fotografía grupal, una ‘story’ de Instagram o un Tik Tok.

Como el turiasonense Mario García, de 21 años, un debutante en la experiencia. "He venido con mi cuadrilla. Me gusta el tecno desde que era un niño y esto es lo máximo. No me quiero perder a I hate models, Kobosil y 999999999. El plan es aguantar las 22 horas", compartió.

Lo primero con lo que se topaban era con el avión Airbus que se ha transformado en un club de baile para 800 afortunados. Una prueba de que la palabra imposible no figura en el diccionario de la familia Arnau, la organizadora del evento. "Esto es una locura. ¿A quién se le puede ocurrir meter un avión en un festival? Esto solo ocurre en este festival", dijo el valenciano Miguel Salvador, un veterano de la celebración.

Gif Monegros Desert
Gif Monegros Desert
Francisco Jiménez

Una pequeña gran ciudad

Y, a partir de allí, el paisaje era sumamente estimulante. Carpas, zonas de estética industrial, vagones de tren reconvertidos en cabinas de DJ, megaescenarios coloridos y monumentales… Una pequeña gran ciudad, con 2.200 trabajadores y más de 55.000 habitantes/espectadores, en los que se ha cuidado con mucho mimo toda la escenografía, cual parque de atracciones. Esta sincronizada coreografía de camareros, técnicos, agentes de seguridad y artistas se fue coordinando frenéticamente desde primera hora de la mañana para que la convivencia fuera armoniosa.

En un medio tan hostil como el desierto y con unas condiciones metereológicas como las de este julio, la hidratación era fundamental. Por ello se habilitó un ‘túnel de lavado’ en el que ‘ducharse’ y refrescarse, diversos puntos de suministro de agua repartidos estratégicamente y en algunos escenarios, como la Techno Cathedral, ‘llovía’ agua continuamente. No hay que olvidar que el precio del botellín de agua de medio litro se disparaba a los 4 euros y debía abonarse -como todos los alimentos y productos en venta- a través de un pago telemático por pulsera.

Tras las dos primeras horas en que Ben Sims fue la única propuesta sonora, a partir de las 16.00 se sirvió en tromba una programación inabarcable repartida en once escenarios simultáneamente. Resultaba imposible abrazarlo todo. Es por ello que muchos llevaban un ‘planing’ para no perderse a sus artistas más anhelados. Como los raperos sevillanos SFDK, santo y seña del hip hop patrio, que comparecieron en hora taurina, las 17.00, en el Sound System Temple para esparcir sus afilados versos. "Iba a deciros buenas noches. Hacía mucho tiempo que no tocábamos tan pronto", confesó el carismático Zatu, antes de lanzar un deseo a la multitud: "Espero que desde hoy y hasta mañana solo tengáis sensaciones positivas".

Un ‘in crescendo’ imparable que, a medida que avanzó la tarde y la noche, aceleró la intensidad con nombres tan destacados como Vitalic, Richie Hawtin, Chase & Status, Busta Rhymes, Laurent Garnier, Adam Beyer o Paco Osuna. Este último tiene el privilegio de bajar el telón en solitario desde las 10.00 hasta las 12.00.

"No existe otra fiesta como la de Monegros Desert. Hemos venido desde Viana (Portugal) un grupo de amigas y queremos estar aquí desde el principio hasta el final. No importa ni el calor ni el cansancio. Lo que se vive es tan potente y excitante que solo se puede explicar estando en este desierto", reveló Isabel, envuelta en una bandera lusa.

La internacionalidad de su público es una de las características que definen y proyectan al festival. Se visualiza en las matrículas de los coches en las vastas zonas de aparcamientos y en las conversaciones en las barras y lugares de descanso. Reina el francés (con 6.000 ciudadanos galos), seguido muy de cerca por el italiano (con 5.000). La cuarta nacionalidad en este ranquin es la estadounidense, con 4.000. Y el contingente latinoamericano también se dejó notar: Paraguay, Argentina, Colombia, Venezuela...

Una universalidad y una dimensión que no han dinamitado las esencias de los orígenes del festival y de sus creadores, la familia Arnau. Una impronta que se sintió con especial virulencia en dos de los escenarios más pequeños pero muy concurridos. Por un lado, El Corral, el lugar donde descansaban las ovejas muchas décadas atrás y que en anteriores ediciones había acogido sesiones de Jeff Mills o de Sideral. Por el otro, El Pajar, con sus paredes de piedra y su techo de cañizo en el que se secaba el trigo y la cebada y que baila al son del más selecto drum’n’bass de la nueva hornada y de la vieja escuela.

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