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La Casa de Alba celebra el legado de la emperatriz Eugenia de Montijo

Recoge 80 piezas de la aristócrata granadina y esposa de Napoleón III en un recorrido por el palacio de Liria, donde falleció.

El duque de Alba posa delante de un retrato de Eugenia de Montijo.
El duque de Alba posa delante de un retrato de Eugenia de Montijo.
EP

Emperatriz de Francia, hermana de la duquesa de Alba, coleccionista de arte y mecenas, árbitro de la moda, cosmopolita, cultivada, refinada, filántropa e 'influencer' 'avant la lettre', Eugenia de Montijo (Granada, 1826-Madrid, 1920) se adelantó a su época. Maltratada por la historia, cuando se cumplen 101 años de su muerte, la Fundación Casa de Alba celebra su legado en una exposición que reúne 80 piezas relacionadas con aquella gran mujer en el palacio de Liria, donde falleció el 11 de julio de 1920, con 94 años.

Las piezas se distribuyen por dos plantas del palacio, que abre para la ocasión algunas salas vedadas a la visita pública y recibe 'piezas invitadas', de Sorolla o Madrazo, que proceden del sevillano palacio de las Dueñas.

Emperatriz de Francia por su casamiento con Napoleón III en 1853, hermana de María Francisca de Sales Palafox Portocarrero, XV duquesa de Alba desde 1844, la vinculación de esta casa aristocrática con la de Eugenia de Guzmán Palafox Portocarrero y Kirkpatrick, condesa de Montijo, se mantuvo durante toda su vida.

A su muerte, buena parte de su legado pasó a la Casa de Alba, que custodia en Liria tesoros como las misivas manuscritas de la emperatriz, que se carteaba en francés con su hermana, con Sissi de Austria, la reina Isabel II, Alejandro Dumas o su tutor Prosper Mérimée, y que se muestran en la soberbia biblioteca palaciega.

Afrancesado

Hija de un afrancesado, Cipriano de Palafox Portocarrero, conde de Montijo, y de Manuela Kirkpatrick, "su vida, que transcurrió entre alegrías y tristezas, es tan mal conocida en España como en Francia", apunta Álvaro Romero Sánchez Arjona, que ha seleccionado las piezas que jalonan un recorrido que, previo pago de 17 euros, podrá realizarse hasta el 30 de diciembre por dos de las cuatro plantas de palacio.

La muestra incluye un sinfín de objetos: un parasol y los binoculares de la emperatriz, una acuarela pintada por ella, varias piezas de abanicos, bustos, porcelanas de Sèvres, 45 relojes franceses y varios cuadros de su colección. Son casi la mitad de los 150 objetos relacionados con la noble granadina que se reparten en tres de los palacios de la Casa de Alba.

Dos de las piezas estelares brillan en el salón de baile de Liria. Son los retratos de las dos hermanas Montijo realizados por Federico de Madrazo. Ambas telas se encuentran en una sala privada del palacio de las Dueñas, por lo que es una oportunidad única para disfrutarlas. También es 'obra invitada' un retrato de Jacobo Fitz James, pintado por Sorolla en 1908, que el duque regaló a su tía abuela y que se muestra en el salón del gran duque. En el contiguo salón de la emperatriz brilla el retrato 'Gallorum imperatrix', (Emperatriz de Francia), obra de Franz Xaver Winterhalter, y que es el cartel de la exposición.

En él luce uno de sus bellísimos vestidos quien fuera árbitro de la elegancia en su tiempo debido a su pasión por la moda y las joyas. Una Eugenia de Montijo refinada, culta, políglota y deportista que encargó cien vestidos para la inauguración del Canal de Suez a Charles Fréderic Worth, el creador de la alta costura. La elegancia de su estilo y su refinado gusto hicieron de ella todo un referente en el mundo de la moda.

Muy criticada en Francia, no mantuvo una actitud pasiva como emperatriz consorte. Fue muy activa en asuntos públicos, y actuó como regente en tres ocasiones en ausencia de su esposo, influyendo en decisiones de Estado y apoyando las causas sociales. Representó al Imperio Francés en la inauguración del Canal de Suez, proyecto que siempre defendió y apoyó. Ayudó a las clases humildes fundando en 1862 la Sociedad del Príncipe Imperial, para conceder créditos a los obreros. Trató de mejorar la situación de la mujer, el acceso a los servicios públicos y la educación y la justicia social, con la supresión de los trabajos forzados y la mejora de las condiciones de los prisioneros de las cárceles.

Huyó de París cuando la República tumbó en 1870 el régimen imperial. Sus últimos 40 años de vida transcurrieron en Inglaterra. En 1920 realizó su último viaje a España para que el doctor Barraquer le operara de cataratas. Su última foto, junto al oftalmólogo, se tomó días antes de morir, y está en la exposición. Está enterrada en la abadía de Farnborough Hill, en el Reino Unido, junto a su marido, fallecido en 1873, y a su hijo, Luis Napoleón, que murió en 1879, con solo 24 años, durante las guerras zulúes en Sudáfrica.

Las visitas guiada -en español, inglés y francés-, son de 75 minutos de duración y acogen grupos de 10 a 14 personas. La colección de Fundación Casa de Alba es una de las más importantes de Europa, con una pinacoteca que atesora más de 400 obras, además de tapices, artes decorativas y un importante fondo documental con más de 18.000 volúmenes.

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