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Ocio y Cultura

perspectivas 2021

Pepe Cerdá: "Vivimos en una sociedad que eleva los deseos a la categoría de derecho"

Pintor de su entorno y defensor de que solo desde lo local se puede llegar a lo universal, ha dedicado estos meses a retratar a trabajadores esenciales. En enero se convertirán en una exposición.

El pintor Pepe Cerdá.
El pintor Pepe Cerdá.
Oliver Duch

Cuenta Pepe Cerdá que esta pandemia no le ha cambiado particularmente el día a día. Eso no quiere decir que haya logrado quedar al margen del tsunami. Como a la mayoría, le ha dejado sin algunos proyectos, si bien ha sabido tomar caminos adyacentes. Pintor de su entorno y defensor del alcance artístico de llevar lo local hacia lo universal, no es de extrañar que las mascarillas formen parte de los lienzos alumbrados estos meses. También el coronavirus se cuela en su discurso, a ratos somarda, siempre torrencial, para, como en su pintura, pasar de lo concreto a lo general. La pandemia le sirve a Cerdá de punto de apoyo para la reflexión en torno a temas, en realidad, seculares, que tienen que ver con el mismo hecho artístico. También con la historia, la economía, la política o la filosofía. En su estudio de Villamayor espera a ser expuesta en el Museo Goya de Zaragoza, a partir del próximo 21 de enero, una colección de retratos de personal sanitario, así como de otros trabajadores que fueron esenciales durante los meses del encierro: el pescatero o el panadero de su pueblo...

¿Cómo surge la idea de su nueva exposición?

Estoy en contacto con una serie de artistas figurativos de Londres. Ellos hicieron un ofrecimiento: que al primer sanitario que mandara una foto lo pintarían gratis. Yo hice lo propio aquí, a través del Facebook. Me llegaron decenas, y una cosa llevó a la otra, se fue tejiendo un hilo... Ahora todo ese trabajo, que ha sido mucho, lo expondré en ‘Semejanzas’, un título sacado de una silva de Quevedo que para mí es la mejor definición de pintura que se ha hecho.

¿Le afectó el confinamiento anímicamente?

Anímicamente me da igual. Cuando alguien estaba en una trinchera no le preguntaban si estaba bien o mal. ¡Eso es un lujo! Confinamiento fue lo que yo pasé en París, adonde me fui sin un duro y sin beca. Sin saber el idioma...

¿Somos un poco quejicas?

El problema es que vivimos en una sociedad que eleva los deseos de cada uno a la categoría de derecho. Somos la primera generación que ni ha matado ni ha visto matar a nadie, de una debilidad enorme. Nos hemos vuelto muy imbéciles.

Ha decidido retratar a los que han estado en primera línea.

Mi entorno de ahora es este. En la pintura ocurre como con la literatura. Con Camba o Pla, gente que describe un viaje en autobús y eso sirve para todo el mundo. O con ‘Ordesa’, de Manuel Vilas, que cuenta una relación con su padre y está traducida a muchas lenguas. Solo se puede ser universal si eres absolutamente local. El arte conceptual, que es el cáncer de las artes, se preocupa por el qué más que por el cómo.

¿Cree que el arte figurativo está en cuestión?

No lo creo, lo sé. No queda en el arte contemporáneo una verdadera cilindrada de artistas figurativos. Este trabajo de estos meses es una toma de postura. A mí me parece que el arte figurativo no ha muerto, que la pintura no está sometida a criterios de modernidad, porque la modernidad no sirve para cosas de la piel para dentro, que tan pintor es Velázquez como Picasso y que la idea de progreso no existe en las artes. Hay gente que piensa que quien pinta esto (señala sus cuadros) es tonto o no ha leído. Yo voy, y me pinto las cosas.

¿Está enfadado?

Sí, siempre (ironiza). Cuando hablamos de estas cosas, sí.

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