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El siglo de un escritor: Coherencia y fidelidad de Miguel Delibes

Se celebra el centenario del nacimiento del autor de 'El hereje', maestro del estilo, de la lengua y de la creación de ficciones

Miguel Delibes.
Miguel Delibes en su despacho, poco antes de su muerte.
Efe/Heraldo.

Miguel Delibes es un hombre de fidelidades tanto a sus ideas, como a sus amigos y a su tierra y, sin duda, a su editor y a sus lectores. Convirtió en literatura sus aficiones, sus viajes, sus preocupaciones, sus obsesiones y los problemas de su entorno. Mantuvo una absoluta coherencia entre su obra y sus convicciones, fue pródigo en expresar sus opiniones, un hecho que ha proporcionado a los estudiosos muchas de las razones que explican su creación literaria; ofreció las claves que deben ser tenidas en cuenta para comprender una obra que cubre toda la segunda mitad del siglo XX, un caso poco frecuente de escritura sostenida a lo largo de cincuenta años de ejercicio literario, desde que sorprendiera con ‘La sombra del ciprés es alargada’, Premio Nadal 1947, hasta la publicación de esa gran novela, ‘El hereje’, en 1998.

El escritor, un excepcional comunicador, dominaba el arte del lenguaje y su obra, mosaico de un rico anecdotario, se llenó de la autenticidad de la vida conversando con los amigos, en las tertulias y en el trabajo, con los campesinos de su Castilla, con los cazadores, con la gente de la calle, y como trasfondo la palabra viva.

Se adaptó a las modas literarias por las que pasó la narrativa en las últimas décadas del pasado siglo, y si su obra arrancaba de un realismo social, ensayaba en el experimentalismo de los 60, se abría a una definitiva apertura, tras una larga y férrea censura, en los 70. Delibes adecuaría sus historias al momento valorando lo humano y de la propia iluminación que produce su escritura, bien desde su refugio vallisoletano de la capital o en el pueblo burgalés de Sedano, a donde el escritor volvía la vista atrás en esa doble revisión melancólica que supuso gran parte de su vida. Fue una devoción que, convertida en oficio, le aseguró el reconocimiento de los lectores, de la crítica y de los eruditos de la literatura que acudían a la cita de su lectura cuando uno de sus libros aparecía en los escaparates de las librerías de toda España.

Etapas

Considerada como unitaria, la crítica ha fragmentado su producción en períodos que se concretan en los nuevos conceptos estructurales de la narrativa española de la segunda mitad del siglo XX. Delibes no fue ajeno, todos sus libros parten de una visión de coherencia equilibrada del mundo. Una primera etapa, marcada por un fuerte subjetivismo, integra algunos de sus primeros libros, ‘La sombra del ciprés es alargada’ (1948), ‘Aún es de día’ (1949) y ‘Mi idolatrado hijo Sisí’ (1953); una segunda, refleja el fuerte realismo social que se inicia con su obra, más conocida y reeditada, ‘El camino’ (1950), y seguirán ‘Diario de un cazador’ (1955), ‘Diario de un emigrante’ (1958), ‘La hoja roja’ (1959) y ‘Las ratas’ (1962).

El marcado carácter experimental de los 60 servirá al escritor para replantear su novelística que, bajo la fuerza y el valor de la palabra, resultará incuestionable. ‘Cinco horas con Mario’ (1966) inauguró otra forma con que aglutinar esos procedimientos ensayados en su producción anterior; esta obra acentúa una marcada actitud crítica y una particular visión de las experiencias vividas, y otra muestra serán sus libros de viajes, ‘Europa, parada y fonda’ (1963), ‘Por esos mundos’ (1966), ‘USA y yo’ (1966), ‘La primavera de Praga’ (1968); los de caza, ‘La caza de la perdiz roja’ (1963), ‘El libro de la caza menor’ (1964), ‘Con la escopeta al hombro’ (1970), o textos que exhiben parte de su existencia, ‘377A, madera de héroe’ (1972), Un año de mi vida (1974), ‘Mi vida al aire libre’ (1989), ‘Señora de rojo sobre fondo gris’ (1991) y ‘He dicho’ (1996). Su producción narrativa fue tan congruente como definitiva, privilegiado espectador del mundo, recurrente su descripción del mundo rural, con apuestas críticas, ‘Los santos inocentes’ (1981), alterna expresión culta y familiar, sencillez y belleza, y no menos curiosa, ‘El tesoro’ (1985).

Escribía sugestionado por el estado colectivo en que transcurría su vida, nunca encontró modelos a seguir, se volcó en sus vivencias personales que le llevaron a practicar un tipo de literatura con un estilo propio, entonces descubrió los nuevos aires del exterior: Joyce, Faulkner, Brecht, Hesse o Beckett, incluido el realismo mágico hispanoamericano de Vargas Llosa, García Márquez, Fuentes o Carpentier. Un ejemplo, ‘Parábola del náufrago’ (1969), una obra cuyos precedentes se encuentran en la fabulación de una metamorfosis de un denodado estilo kafkiano.

Su última obra

En el trasfondo de nuestro espíritu existe ese subconsciente que nos inspira, un mecanismo de conocimiento, un proceso de saber, aliado con la memoria para producir, desde un punto de vista erudito o crítico, el germen de una nueva creación. Delibes contempló esa realidad humana, la de los pueblos y de las gentes de su tierra, y nos ofreció las preocupaciones y los afanes cotidianos de su existencia. ‘El hereje’, ambientada en el Valladolid del XVI, que luteranos e inquisidores protagonizan. Reconstruye una etapa histórica muy conocida en aquella ciudad, resulta ambiciosa por sus dimensiones, casi quinientas páginas, y por el asunto tratado, el auto de fe celebrado en la Plaza Mayor de la capital castellana contra 28 personas acusadas de herejía, algunas agarrotadas y quemadas vivas; una ceremonia similar se repitió con otras dieciocho acusadas de ser protestantes, condenadas a muerte, entre ellas el doctor Cazalla, razón y motivo esencial de este relato novelado.

Delibes fabula la historia de un comerciante de pieles y lanas, Cipriano Salcedo, y suma los conflictos de la época, el reinado de Carlos V y los primeros años de Felipe II, que se sucedieron en esta importante ciudad de la España Imperial: el fervor erasmista y el reformismo luterano, los acontecimientos en torno a los correligionarios del teólogo y reformador alemán.

Miguel Delibes.
El escritor, Premio Cervantes, fue un modelo de intelectual honesto y riguroso. Al fondo su mujer, Ángeles de Castro.
Efe/Heraldo.

‘El hereje’ se muestra en la vehemente mirada con que el escritor toca el tema de la religión: su ética más profunda y la herejía, y en esa actitud rebelde que ennoblece a estos castellanos porque los actos que los llevaron hasta el patíbulo, no dejan de emocionar, aún hoy, al lector.

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