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Un inoportuno móvil echa en Zaragoza a Lola Herrera del escenario


La actriz, de 84 años, se vio obligada a interrumpir por el ruido su monólogo de 'Cinco horas con Mario' y vuelve a poner sobre la mesa qué hacer ante estas situaciones.

Lola Herrera, en 'Cinco horas con Mario'.
Lola Herrera, en 'Cinco horas con Mario'.
Heraldo.es

"Es como si te dan una bofetada". Así describe la actriz zaragozana Laura Gómez-Lacueva el momento en que un actor oye en el escenario el sonido de un móvil que llega desde el patio de butacas. "Cuando estás en escena, como actor estás creando un mundo, una historia, un cuento, que te lleva fuera del tiempo en el que vives. El móvil explota esa burbuja, es como si te despertaran de manera brutal y violenta", explica Laura. 

Algo así sintió Lola Herrera, mito viviente de las tablas españolas, el pasado domingo en el Teatro de Las Esquinas, donde hasta el próximo 16 de febrero interpreta 'Cinco horas con Mario'. Cuando llevaba media hora de este monólogo de alrededor de dos, la actriz, de 84 años, no pudo más y salió del escenario tras afearle a una espectadora el sonido de un móvil que se oyó por más de un minuto. "Apáguelo, por favor. Así no se puede trabajar", le espetó Herrera a la responsable, rompiendo a la fuerza la cuarta pared. 

"Cuando estás en el escenario y suena un móvil es como si te dieran una bofetada". Laura Gómez-Lacueva, actriz

Acto seguido, desapareció entre bambalinas ante el pasmo del público. La propietaria del móvil también dejó la sala. "No tuve más remedio que parar porque te vuelves loca con ese ruido; te destroza la cabeza", dijo Herrera a Efe.

"Me quedé con los pelos de punta", relata Natalia Huerta, testigo del incómodo momento. "Se fue cuando sonó ese móvil, que lo hizo durante tanto rato que llegué a pensar que formaba parte de la música de la obra. Pero lo cierto es que hasta ese momento ya se habían oído más ruidos de móviles, sobre todo notificaciones de mensajes. Cuando se fue ya era como la cuarta o la quinta vez que se oía un ruido". 

Natalia opina que el hecho fue particularmente flagrante puesto que 'Cinco horas con Mario' le supone a Lola Herrera un "sobreesfuerzo" de concentración. "No tiene nada a lo que agarrarse en el escenario, salvo un rosario y un vaso de agua", subraya Huerta que califica el momento vivido como "duro".

Otro espectador, Pablo Toboso, cuenta que el teléfono era propiedad de una mujer mayor. "Creo que todos oíamos el móvil menos ella. Le avisó un señor que tenía al lado casi a la par que Lola Herrera". La situación, dice, le produjo "sentimientos encontrados" porque "la mujer se fue avergonzada, también me dio pena".

Joaquín Melguizo es crítico de teatro de HERALDO. Fue a ver la obra el pasado viernes, a la que calificó con la máxima nota: 5 estrellas. 

En su columna, recuerda que la actriz estrenó en 1976 este montaje, escrito por Miguel Delibes y entonces dirigido por Josefina Molina. «Han pasado cuarenta años que han venido a sumar oficio, maestría, hondura, precisión interpretativa. A finales de los setenta, era Lola Herrera, una gran actriz. Hoy es la Herrera, una de las grandes señoras de nuestra escena», escribe en su crítica. Pero nada de eso le hizo ganarse el silencio de dos horas sin móvil para seguir sus ‘Cinco horas con Mario’.

"Me parece muy bien lo que hizo Lola Herrera y todo lo que se haga en ese sentido", defiende Melguizo. 

Para él, sucedidos como el del domingo traslucen "el poco valor que se le da al teatro". "Nadie protesta si se le pide apagar el móvil en un avión, porque la seguridad es lo más importante para los pasajeros, pero hay gente que ve más importante mantener su móvil encendido que el trabajo de los actores. Para mí es como si se raya un cuadro de Velázquez en el Prado, la escena interrumpida por un móvil se va al garete, destroza el trabajo de todos los que están involucrados en ella...".

"Que suene un móvil da idea del poco valor que se le da al teatro". Joaquín Melguizo, crítico

Melguizo asegura que 'Cinco horas con Mario' supone para Herrera un "esfuerzo muy grande, esfuerzos mentales y físicos". Cree que ese móvil le ocasionó un gran perjuicio ya que "está sola en el escenario, sometida a una gran carga emocional, con una obra muy especial para ella, con la que lleva mucho tiempo ligada y le genera mucha confusión de sentimientos".

"Y no solo se molesta al actor, también a los demás espectadores", recuerda Gómez-Lacueva.

Tanto esta actriz como Melguizo como los responsables del Teatro de las Esquinas concluyen que este tipo de episodios se dan con más frecuencia en obras en las que hay un cabeza de cartel conocido y arrastran al teatro a gente que, en ocasiones, está más interesada en ver al "famoso" que en la propia obra.

En el equipo del Teatro de las Esquinas cuentan que el domingo el chat de Whatsapp que comparten echaba humo, pero que la solución se les hace complicada, si no imposible: "Lo que habría que hacer es educar al público en el respeto. Al igual que nosotros los respetamos, debería ser al contrario".

En Las Esquinas y ya en casi todos las salas de España una voz recuerda por megafonía que hay que apagar el móvil. También en este caso hay carteles en la puerta de la sala. "E, incluso, tenemos en las taquillas caramelos de menta para los que tengan tos", recuerdan. 

Pero aún así. "No hay manera, la gente enciende y apaga el móvil, lo consulta para ver la hora o  cómo están los niños que han dejado en casa de la cuñada...", ironizan desde esta sala zaragozana.

Hay quien, como Melguizo o Natalia Huerta, piden "inhibidores de frecuencia". Pero en Las Esquinas dudan de su legalidad. Un "guardamóviles" tampoco lo contemplan: "Por el coste económico y porque no creen que nadie quisiera hacer uso de él".

Laura Gómez-Lacueva es, no obstante, comprensiva: "Igual hay gente que se olvida de alarmas que tienen programadas o gente mayor que no sabe apagar el móvil...". Aunque en Las Esquinas insisten: "Todo el mundo sabe encender y apagar un móvil. Si no, pueden pedir ayuda al jefe de sala o llevarlo apagado de casa...".

El domingo, en Las Esquinas, el patio de butacas recibió con aplausos a Lola Herrera cuando regresó al escenario tras el incidente. "Le costó volver a meterse en el papel, yo creo que se saltó algunas líneas", opina Natalia Huerta. La obra discurrió, no obstante, con normalidad hasta el final, cuando el público aplaudió puesto en pie.

Su caso, por cierto, no es el único. Otro grande de la escena, física y profesionalmente, José María Pou, ya comenzó a abroncar a espectadores por este motivo desde el escenario en 2013. También lo suele hacer Carmelo Gómez. Y el cómico Leo Bassi no se lo pensó dos veces y se bajó del escenario del Teatro Alfil para pisotear hasta destrozar el móvil sonante de un espectador. La broma le costó 400 euros. Pero los aplausos en la sala madrileña, cuentan las crónicas, aún resuenan.

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