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‘El guerrero del antifaz’ celebra su 75 cumpleaños

El personaje de cómic creado por Manuel Gago espoleó la imaginación de cientos de miles de niños en una época en la que llegaron a venderse 800.000 ejemplares de sus tebeos. Los ilustradores aragoneses comentan qué huella les dejó el héroe enmascarado.

Una de las portadas clásicas, en formato apaisado, del cómic de Gago.
Una de las portadas clásicas, en formato apaisado, del cómic de Gago.
Heraldo

Los superhéroes de cómic también cumplen años y ‘El guerrero del antifaz’ hace una década que ya es pensionista… El personaje creado por Manuel Gago y que espoleó la infantil imaginación de cientos de miles de españoles en los años 60 y 70 (las tiradas eran de aúpa) celebra una fecha redonda: hace 75 años (fue el 24 de octubre de 1944) aparecía el primer cuadernillo con las aventuras del héroe.

Los más jóvenes quizá no lo recuerden (y eso que batalló hasta los XX) pero el enmascarado personaje marcó a muchos de los ilustradores de hoy en día. Algunos de sus ejemplares se conservan en el Museo Pedagógico de Aragón de Huesca y la asociación de amigos de ‘El guerrero del antifaz’ presentó hace unos días en la Cómic Con de Madrid un boletín en el que ha colaborado, de forma desinteresada, una pléyade de autores para homenajear al personaje, desde Paco Roca a Joan Boix, Miguel Quesada o Carlos Azagra, que dibuja -con su habitual retranca- un héroe ya en horas bajas: va en silla de ruedas, pregunta a la enfermera a qué hora se come y porta una manta con el lema ‘marea pensionista’. ‘La lucha continúa’ reza su el título de la viñeta.

Estos tebeos costaban tan solo 75 céntimos (¡de peseta!) y tenían un formato apaisado (17 por 24 centímetros), con un papel de discutible calidad. Mostraba en sus dieciséis viñetas a un joven con antifaz negro que lucía una cruz en el pecho y que se defendía con una espada y un escudo. El argumento era algo folletinesco (¿dónde estaban las pruebas de paternidad?), pero -en esencia- puede decirse que este guerrero de la época de los Reyes Católicos luchaba a favor de los cristianos contra los moros. Por cierto, no pocas de sus aventuras tenían hilazón aragonesa, pues uno de los personajes más recurrentes era Juan de Aragón.

“Las heroicidades del paladín enmascarado y auténtico representante del tebeo español enseñaron a leer a muchas generaciones de la posguerra y sus tiradas alcanzaron ingentes números para esa época y de hasta 800.000 ejemplares”, explica Antonio J. Delgado, presidente de la Asociación de Amigos del Guerrero del Antifaz, que tiene por finalidad divulgar la obra de Manuel Gago.

“El Guerrero del Antifaz fue en el héroe de mi niñez, junto con El Cachorro y El Capitán Trueno, por sus aventuras en lugares exóticos y su sentido de la justicia que despachaba a base de mandobles castigando a los malvados como se merecían”, explica el exégeta Juan Royo Abenia. El autor, que hace un año fue comisario de la muestra ‘Una visión del cómica en España’, apunta que Manuel Gago retrató “un mundo en donde los lectores de la época sufríamos el abrasador calor de las largas marchas por el desierto, la angustia de la traición del pérfido o por la pérdida de un ser querido o el dolor de las heridas tras el combate”.

"Antes de descubrir a Spiderman, el Guerrero del Antifaz fue el héroe de mi infancia. En los primeros años setenta leí la colección completa, encuadernada en gruesos tomos y a color. Aquel guerrero cristiano que escondía su identidad porque durante un tiempo combatió a los suyos al creerse hijo de Alí Kan, el principal villano de la historia, me atrapó sin remedio. También me enamoré secretamente de Ana María, la condesa cristiana con la que el guerrero contrajo matrimonio", cuenta Víctor Juan, responsable del Museo Pedagógico. "Yo tenía ocho o diez años y no podía imaginar la cantidad de valores y estereotipos que junto a las aventuras de este enmascarado se instalan en nuestro cerebro y en nuestro corazón", añade el también escritor, que de pequeño "solo deseaba que terminaran las clases para ir a la biblioteca de la escuela y leer allí un número tras otro".

Los coleccionistas del personaje reúnen antiguos ejemplares, cromos, marionetas, insignias, almanaques y numerosos fetiches del héroe cristiano. No obstante, no todo el protagonismo se lo llevaba el enmascarado, pues Royo comenta que “de la serie molaban también los personajes secundarios como los hermanos Kir a quienes todos los niños hubiéramos querido como guardaespaldas para ahuyentar a los matones y macarras que poblaban (y pueblan) las escuelas y los barrios”. Asimismo, el dibujante nunca entendió cómo El Guerrero podía estar enamorado de Ana María en vez de Zoraida…

La revisión del héroe (ya talludito) del dibujante Azagra.
La revisión del héroe (ya talludito) del dibujante Azagra.
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El también ilustrador aragonés Daniel Foronda reconoce que, aunque no le dejó una especial huella, de niño se leyó casi todos los tebeos del personaje. “Una vecina de mi madre tiene todos los números y durante un tiempo me los iba dejando”, explica como ávido lector.

Cuentan que durante su existencia, el del antifaz tuvo que hacer frente a muchos peligros, pero el más difícil de combatir fue la censura, que rápidamente se convirtió en su peor enemigo. En enero de 1967, el decreto de Manuel Fraga que prohibía la violencia en las publicaciones le arrebató la fuerza y la espada. A juicio de Delgado, es importante “divulgar la obra y los valores de Manuel Gago, con cuya figura nuestra sociedad se encuentra en deuda por falta de reconocimiento”, acaso por el mundo de evasión -a cambio de pocos céntimos- que brindaba.

La inesperada muerte del creador en 1980 dejó colgadas las tramas argumentales del personaje en una época en la que el héroe ya podía vivir libre de las censuras e, incluso, llegó a tener una amante. Hubo después varios intentos de recuperar su figura, gracias al tesón y el trabajo de su hijo, Manuel Gago Quesada, y su sobrino, Miguel Quesada Ramos, que es el responsable del álbum que Universocómic sacó en 2016 con el título ‘Historias jamás contadas’.

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