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Internacional

Diario de Afganistán (/)

La unidad oncológica de Afganistán

La única unidad de tratamiento del cáncer que hay en el país sigue sin disponer de equipos de radioterapia ni de un laboratorio patológico, ni siquiera de una unidad radiográfica mamográfica.

Asmatalah, de 15 años, con cáncer de huesos en la unidad oncológica
Asmatalah, de 15 años, con cáncer de huesos en la unidad oncológica
Gervasio Sánchez

La evolución de un país en crisis perpétua se percibe visitando sus hospitales. Por ejemplo, las salas de malnutrición severa del Hospital Indira Gandhi de Kabul. Las visité en agosto de 1996 cuando los talibanes bombardeaban la capital afgana. Regresé cuando los talibanes estaban en el poder en junio de 1997. Volví a hacerlo en enero de 2002 cuando los talibanes habían sido derrotados.Y desde entonces las he visitado siempre que he venido a este país.

Reflexión: no importa el color del régimen ni si está aislado o asistido internacionalmente. Los niños malnutridos mueren con la misma regularidad. Conclusión en forma de pregunta: ¿la ayuda internacional, los millones de euros que supuestamente se invierten en sanidad, llegan a los lugares más necesitados? Conclusión en forma de respuesta: no. Aún más: No rotundo.

En setiembre de 2011 visité el Hospital Infantil de Herat. Los italianos habían invertido tres millones de euros en el edificio. Pero un año después los equipos médicos ya no estaban porque habían sido trasladados a sus consultas particulares por los mismos doctores. Las medicinas se cobraban a los pacientes aunque la Organización Mundial de la Salud las repartía gratis.

En ese mes mataron al ex presidente Burhanuddin Rabbani, un señor de la guerra que había participado en desmanes contra civiles durante la guerra civil que duró entre 1992 y 1996. El Estado afgano decretó tres días de luto por su asesinato y nadie se perdió su funeral, ni siquiera el embajador de Estados Unidos bien situado en primera fila al lado de las autoridades europeas.

El primer día me acerqué al Hospital Infantil de Herat y me enteré de que todo el personal médico se había ido a casa para respetar el luto del señor de la guerra al que los talibanes, literal, le habían volado la cabeza.

Haji Asil, de 70 años con cáncer de esófago en la unidad oncológica
Haji Asil, de 70 años con cáncer de esófago en la unidad oncológica
Gervasio Sánchez

La única doctora que permaneció en el hospital era de origen italiano. Al borde de las lágrimas me contó que lo primero que tendrían que hacer los médicos cuando regresaran del festín mortuorio, sería contar los niños muertos en ese intervalo por falta de atención médica.

Por eso me acerco con precaución a la planta décima del hospital público Jamhuriat de Kabul, donde se ha instalado la única unidad de tratamiento del cáncer que hay en todo Afganistán.

Las habitaciones están impolutas, ventiladas y soleadas. Un lujo en un país con serias deficiencias hospitalarias a pesar de las inversiones que se han producido durante los 18 años de presencia internacional tras la caída del régimen talibán a finales de 2001.

Las 66 camas están llenas de pacientes que son tratados por cinco doctores con cursos de especialización de apenas seis meses en Italia, siete enfermeras y 21 personal auxiliar.

La unidad oncológica fue inaugurada en julio de 2016 por Rula Ghani, la esposa del presidente afgano Ashraf Ghani, algo que sorprendió en el país porque las primeras damas pocas veces se dejan ver en público.

Pero sigue sin disponer de equipos de radioterapia ni de un laboratorio patológico ni siquiera de una unidad radiográfica mamográfica aunque “es posible que llegue el próximo mes”, afirma el oncólogo afgano Kifayatullah Safi.

“Extraemos la muestra de tejido al paciente, pero hay que llevarla a otro centro público porque no tenemos un laboratorio patológico”, afirma el doctor Safi. “Apenas recibimos los resultados de cuatro pacientes a la semana cuando necesitaríamos evaluar a cuarenta enfermos por día”, explica el oncólogo.

Como ha ocurrido en los últimos años los centros médicos son inaugurados con mucha fanfarria publicitaria, pero la desasistencia empieza cuando se apagan los focos mediáticos. “La inversión estatal en esta unidad es de un millón de dólares al año cuando tendría que ser de entre tres y cinco millones para mantener unos mínimos estándares de calidad”, explica Kalibullah Sadat, el jefe de la planta.

Asmatalah Amery, de 15 años, sufre un cáncer de huesos muy agresivo que se le extendido a los pulmones. “Hace seis meses empecé a tener dolores. Me trasladaron al hospital provincial de Bamiyan (en el centro del país) y allí me dijeron que era mejor venir al Instituto Médico Francés de la capital donde me detectaron la dolencia”, explica el adolescente con claros signos de cansancio.

Todas las pruebas le costaron a la familia 250.000 afganis, unos 3.000 euros, una cantidad muy elevada en un país donde un maestro cobra entre 80 y 110 euros al mes. Sus padres tuvieron que pedir dinero prestado a familiares y amigos. “Ya he recibido dos tratamientos de quimioterapia que cuestan 120 euros cada uno y que también te tenido que pagar”, explica el muchacho.

En otra habitación está Haji Asil, de 70 años y originario de la provincia de Logar, 60 kilómetros al sur de Kabul. Este campesino tuvo que vender 20 de sus 30 corderos para hacer frente al coste del viaje a Pakistán, donde le diagnosticaron un cáncer de esófago.

“Un día me levanté y no podía ni siquiera beber un vaso de agua. Fui al hospital provincial y me recomendaron que fuera a la capital, pero preferí viajar a la ciudad pakistaní de Peshawar”, cuenta el anciano mientras acaricia un amuleto con varios versículos del Corán que lleva colgado en el cuello.

Recibió el diagnóstico muy rápido y le aseguraron que podría tratarse en la unidad especializada de Kabul. Pero nadie le informó que tendría que pagarse un tratamiento mucho más costoso. En los dos últimos meses se ha sometido a dos sesiones de quimioterapia y aún le quedan cuatro más.

“Ya me he gastado unos 200.000 afganis, unos 2.400 euros y me temo que tendré que vender el resto de mi ganado y pedir dinero a mi familia para pagar todo lo que falta”, cuenta apesadumbrado.

Los afganos con medios económicos se desplazan a países limítrofes para tratarse enfermedades graves. “Cuando alguien tiene cáncer es mejor que sea evaluado y tratado en países como Pakistán e India si quiere evitar una sangría económica. El diagnóstico y el tratamiento son muchos más baratos. Aquí en Afganistán no existe ni un solo equipo de radioterapia”, certifica el oncólogo Safi.

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