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El calendario de los dulces en Aragón, de enero a diciembre

La tradición laminera de Aragón festeja muchos santos y patrones con dulces, como roscones, coronas o reliquias.

Casi todos los meses del año tienen su propio dulce.
Casi todos los meses del año tienen su propio dulce.
H.A.

En unos días se celebra San Valero y los aragoneses ya preparan el paladar para comer roscón, como mínimo, por segunda vez en este mes. Algunos pasteleros han alabado la tradición de Aragón de celebrar todas las festividades con un dulce. La mayoría de las ocasiones esa vinculación está relacionada con una festividad religiosa, como el día de algún santo.

A los seis días comenzar el año, ya se come el roscón de Reyes, por si algún laminero se quedó con las ganas tras la gran oferta dulce de Navidad. El día 17 de enero, San Antón, algunas localidades pueden alardear de conservar recetas de rosquilla o de dulces específicos. "En Cariñena se comen almojábanas", apunta Luis Ángel López, panadero de Almonacid de la Sierra, quien también ha estudiado la tradición gastronómica de Aragón en profundidad. Precisamente, en esta localidad de la provincia de Zaragoza es costumbre adornar la peana del santo con embutidos, como longanizas y chorizos. "En otros pueblos, también se celebra San Sebastián, el 20 de enero, con roscones", agrega el investigador.

San Antón adornado con embutidos y roscones en Almonacid de la Sierra.
San Antón, adornado con embutidos y roscones en Almonacid de la Sierra.
David Moreno

Ascaso recordó hace unos que el 22 de enero es tradición celebrar San Vicente con su corona, "una rosca de hojaldre rellena de crema pastelera tostada y nata, y decorada con glasa", la describen. Este postre fue invención del pastelero Jesús Ortiz a finales de los años 80 y lo propuso al resto del gremio.

Los refranes en torno a San Blas son numerosos –"por San Blas, hora y más" o "en San Blas, la cigüeña verás"-, pero hay un dulce que se impone sobre el resto: los roscones. "En La Almunia de Doña Godina se comen pajaricos, que es una especie de brioche anudado", lo describe López. Y dos días más tarde, el 5 de febrero, los mostradores de las pastelerías y panaderías se llenan de las reliquias de Santa Águeda. Se trata de bollos rellenos de nata o de trufa recubiertos con chocolate y coronados con una guinda como pezón.

Hay algunas costumbres relacionadas con los dulces que no son tan conocidas como las anteriores, es el caso de Santa Apolonia, el 9 de febrero. “Es la patrona de las solteras y la tradición manda comer cañas rellenas de crema”, cuenta Luis Ángel López.

El trabajo en los obradores aragoneses también es frenético en Semana Santa con las torrijas, aunque este no es el único dulce de estas fechas. "En algunos pueblos es tradición que los parientes y vecinos regalen una culeca a la casa que ha tenido una defunción a lo largo del año, lo que se denomina luto", explica López y pone como muestra Almonacid de la Sierra. Es usual que en algunas familias se junten con varias, por lo que una solución era hacer torrijas.

En Huesca es común festejar San Lorenzo con el pan que lleva su nombre, un postre que nació en 1969 para agradar los paladares en las fiestas laurentinas y días previos. En origen, se utilizaron harina, levadura, leche, mantequilla, frutas confitadas, pasas, azúcar, naranja y limón como ingredientes.

Cincomarzada es sinónimo de un cinco relleno sobre la mesa, lanzón para San Jorge y manto de la Virgen para el Día del Pilar. En los últimos años también se ha añadido una rosa de chocolate para celebrar el Día de la Madre. Y, cómo no, en Navidad es el turno de multitud de dulces, como los turrones, mantecados, anguilas y demás propuestas que son el broche de oro para un año muy laminero. Y vuelta a empezar con el roscón de Reyes.

Casi todos los meses del año tienen su propio dulce.
Casi todos los meses del año tienen su propio dulce.
B. M.
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