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Crítica gastronómica: restaurante Papagayo, un menú degustación que va a por todas

Probamos los nueve pases del Papagayo, que apuesta por un producto de primer orden.

Borraja carbonara y entrantes (arriba). Abajo, la versión de los tacos y la lubina a baja temperatura.
Borraja carbonara y entrantes (arriba). Abajo, la versión de los tacos y la lubina a baja temperatura.
HERALDO

El arrollador éxito de la Taberna Papagayo, un proyecto familiar que lleva varios años llenando hasta los topes un pequeño local de la calle de Jordán de Urriés, llevó a los creadores del famoso perrigamba a crecer cuantitativa y cualitativamente. Así nació el restaurante Papagayo, cuya cocina lleva a otro nivel la escueta carta de su hermano pequeño. Tiene un menú degustación estimulante y apuesta por un producto de primer orden que, como es lógico, se refleja en la cuenta al final de la cena.

Los pases combinan con gracejo platos de siempre -actualizados, eso sí- con la nueva cocina que viene imponiéndose en los menús degustación. Un ejemplo de los primeros es la borraja carbonara: de bocado tierno y bañada en una salsa ibérica aireada y estimulada con parmigiano reggiano y guanciale, el embutido italiano empleado en la receta original del plato de pasta. Sin duda el pase predilecto de este comensal y, tal y como reveló el equipo, uno de los que dará el salto al futuro menú largo, que completará la oferta del establecimiento.

Otro bocado que espanta los males es la lubina a baja temperatura con salsa ‘beurre blanc’. El personal de cocina logra que la mantequilla esté presente, pero sin embotar. El punto salado del menú lo pone el atún bluefin, al que la soja imprime un fuerte carácter, y la satisfacción cárnica viene de la mano de ‘Viva México’, una versión elevada y emplatada de los tacos al pastor.

Los entrantes, por cierto, incluyen una versión mini de su perrigamba, una lograda (logradísima) croqueta de jamón ibérico con papada y un bombón que sorprende por su textura. Y opcionalmente se ofrece una refrescante ostra en ceviche. En cuanto a los postres, brilla la bergamota y frambuesa, dulce en su punto justo. Se nota la buena mano de la repostera.

El precio total del menú asciende hasta los 45 euros, bebida no incluida. La carta de vinos, por cierto, está cuidada y bien surtida y demuestra un evidente interés por contar con una bodega en condiciones. Y si bien se sale, con acierto, de ese a-b-c en el que resulta tan fácil caer, lo cierto es que puede echarse en falta alguna referencia con un precio más ajustado.

PUEDE CRECER, Y LO HARÁ. Abrir durante una pandemia como la actual tiene un mérito extra. El restaurante Papagayo levantó la persiana en abril del año pasado y ha sabido sobreponerse a las cambiantes restricciones y a los reparos de muchas personas a los espacios cerrados.

Pese a ello, el local materializa con sumo gusto su propuesta gastronómica y, sinceramente, es un establecimiento a recomendar, sobre todo de cara a ocasiones especiales. El negocio tiene todavía margen de crecimiento y da la impresión de que se prepara para ello a través de una propuesta de menú degustación que irá más allá de los nueve pases del actual. Y si bien falta por pulir algún detalle en sala (al menos esa impresión transmitió en nuestra visita), cuenta con la cocina y el espacio para dar el estirón y entrar en el circuito de la alta cocina aragonesa al que se asoman varias iniciativas jóvenes.

Ficha técnica

Restaurante Papagayo. Dirección: Calle de Santa Cruz, 21. Precio: 45 euros, bebida no incluida. Horario: De martes a sábado de 13.30 a 15.00 y de 20.30 a 23.00. Los domingos, de 13.30 a 15.00. Los lunes cierra. Teléfono: 684 468 839

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