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La imagen del aceite del Bajo Aragón se viste de jota entre Alborge y Escatrón

La Almazara Artal ha conseguido importantes premios nacionales e internacionales con El Aceite de Marta y Safeito en apenas año y medio de funcionamiento.

Marta Artal y Aránzazu Garín, en los olivos de Alborge con los aceites premiados
Marta Artal y Aránzazu Garín, en los olivos de Alborge con los aceites premiados
A. Toquero

Aránzazu Garín y Marta Artal Germán son casi como hermanas. Ellas representan la ilusión por el trabajo bien hecho alrededor del aceite de oliva virgen extra en Aragón. Aránzazu es la gerente y maestra de la Almazara Artal, de Albalate del Arzobispo, y Marta representa el futuro de esta empresa y, a día de hoy, es la fuente de inspiración de sus aceites.

A los 21 años, esta joven estudiante de Marketing en ESIC y jotera, dedica el verano en Alborge a aprender todo lo que su 'casi hermana' le enseña sobre el negocio que con tanta ilusión emprendieron hace más de 20 años sus padres, Ángel Artal y Pilar Germán. Esta pareja ya tenía olivos centenarios en Escatrón, pero tras un viaje a Andalucía apostó por plantar en intensivo y superintensivo las variedades arbequina, empeltre, arbosana y otras experimentales, en Alborge y Sástago.

Hoy, la almazara cuenta con 570 hectáreas de olivos en estos municipios, de los que 500 están en plena producción. Es una de las explotaciones más grandes de la zona. Lo confirma la maestra almazarera: "Este año hemos molido dos millones y medio de aceitunas, además de lo que se ha vendido para mesa; creo que es más que todo lo que se ha molido en el Bajo Aragón".

Cantidad pero, sobre todo, calidad. En una visita para conocer de primera mano cómo trabajan, enseguida salta a la vista. En los campos de arbequina superintensivos de Alborge, Marta y Aránzazu se recrean explicando las características del cultivo: "Ahora en verano un olivo requiere una media de 80 litros de agua para tener una buena producción".

Los aceites de la Almazara Artal se presentan en distintos formatos
Los aceites de la Almazara Artal se presentan en distintos formatos
A. Toquero
"Este año hemos molido dos millones y medio de aceitunas, además de lo que se ha vendido para mesa; creo que es más que todo lo que se ha molido en el Bajo Aragón"

En el riego introducen los tratamientos para la prevención de plagas y enfermedades. "El fruto llega perfecto, es fundamental tener mecanizado y profesionalizado el trabajo del campo, ya que a partir de ahí puedes hacer lo que quieras en la almazara, donde la limpieza es lo más importante", explica Aránzazu.

Las dos tienen las ideas claras y esta visión ha permitido que Almazara Artal haya conseguido en poco más de año y medio de vida –pero sobre todo en los últimos meses–, prestigiosos reconocimientos. Uno de los más más importantes, el del concurso internacional Terraolivo, celebrado en junio en Jerusalén, para la variedad empeltre de El Aceite de Marta. Este mismo producto consiguió unos meses antes el premio al Mejor Aceite del Bajo Aragón 2021 de esta denominación de origen, además de dos distinciones en Italia.

Marta está muy orgullosa de que su nombre figure en las botellas, pero, sobre todo, de que sus padres tuviesen ese detalle. Pero no es el único producto vinculado a ella. Marta es jotera y cuenta con prestigiosas profesoras como Beatriz Bernad y Teresa Betoré. Su pasión por la jota también se ha trasladado a la otra marca de la empresa, Safeito, cuya preciosa botella reproduce una imagen suya.

Marta Artal, con el aceite premiado que lleva su nombre
Marta Artal, con el aceite premiado que lleva su nombre
A. Toquero

"Con Safeito queremos construir una historia arraigada al territorio; es la marca gourmet de cosecha temprana, el aceite más mimado", explica Aránzazu. La primera cosecha, de la variedad arbosana, ya ha obtenido un premio en un concurso nacional.

En los campos de Alborge, paseando entre olivos, se las ve muy compenetradas, aunque son varias las ocasiones en las que Marta matiza de forma espontánea las opiniones de su amiga, sobre todo cuando se refiere a "la suerte de haber obtenido tantos premios". "Suerte no –comenta–, lo que hay detrás de estos logros es un trabajo muy duro".

Además, insiste en que junto a la pasión por el trabajo bien hecho, "lo más importante es la ilusión que me han transmitido mis padres". Ella lo tiene claro. Su futuro lo ve alrededor de este proyecto. "No hay que dejar que los pueblos se mueran –concluye–, no acabo de entender que la gente se vaya a las grandes ciudades, con lo bien que se está aquí".

En ese futuro es muy probable que se termine construyendo una almazara en Escatrón. "Por circunstancias se hizo en Albalate del Arzobispo –explica Aránzazu– pero la ilusión de Ángel y Pili es tenerla en Escatrón". Al tiempo.

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