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Slow Food Zaragoza reivindica los mejores tomates ecológicos de Aragón

Una degustación de diez variedades autóctonas muestra el trabajo de pequeños productores y la importancia de consumir productos de temporada.

Slow Food Zaragoza reivindica los  mejores tomates ecológicos de Aragón
Slow Food Zaragoza reivindica los mejores tomates ecológicos de Aragón
A. T.

Es tiempo de tomates y los más apetecibles de la temporada se disfrutan ahora, entre finales de agosto y las primeras semanas de septiembre. La asociación Slow Food Zaragoza lo sabe bien y desde hace 15 años organiza en estas fechas una cata para degustar los mejores tomates ecológicos de la huerta aragonesa.

El encuentro de este año se celebró el jueves en la terraza del Museo Romano César Augusto de Zaragoza, donde se juntaron 50 personas para disfrutar de la cosecha. En otras ediciones prácticamente se triplicaba el aforo, pero en esta ocasión la pandemia ha obligado a limitarlo notablemente.

Jennifer Marín, vicepresidenta de Slow Food Zaragoza, ha coordinado la actividad con la Asociación de Productores de la Muestra Agroecológica de Zaragoza para conseguir un buen surtido de tomates. “Hay muchas variedades en Aragón –comenta Jennifer–, pero al buscar producto ecológico estamos bastante limitados”.

Finalmente, en la cata se probaron diez variedades: feo de Tudela, rosa de Barbastro, corazón buey, tres cantos, negro Crimea, cebra verde, cherry y bombilla amarillo, y Alacón y Serengue, de Teruel. En fin, una amplia selección que cada comensal degustó sentado a la mesa.

Slow Food Zaragoza reivindica los mejores tomates ecológicos de Aragón
Slow Food Zaragoza reivindica los mejores tomates ecológicos de Aragón
A. T.

Durante la muestra, hubo comentarios muy positivos y la sensación general que quedó fue la de haber disfrutado del sabor de unos tomates “de verdad”. Llamó la atención el dulzor de las variedades cherry y bombilla; también resultó interesante probar el auténtico rosa de Barbastro, cuando desafortunadamente estamos acostumbrados a ver tantas falsas copias en el mercado. Y entre los más llamativos, sin duda, estuvieron el cebra, con sus franjas de distintas tonalidades verdosas, y el negro Crimea, prácticamente desconocido entre los participantes.

Los socios de Slow Food pagaron 10 euros por sentarse a la mesa y disfrutar de este singular menú, y el resto del público dos euros más. En todo caso, fue un precio simbólico porque los asistentes prácticamente cenaron.

La degustación de los tomates se acompañó del aceite de oliva virgen extra Impelte de La Puebla de Híjar (Teruel) y del pan de Ecomonegros elaborado con la variedad de trigo Aragón 03 ecológico. Para el maridaje se contó con Bodegas Borsao del Campo de Borja con sus vinos blanco, tinto y rosado.

Albóndigas de bonito del Norte
Albóndigas de bonito del Norte
A. T.

No fue la única colaboración, ya que el profesor de cocina de la Escuela de Hostelería de Miralbueno Pablo Lorao preparó albóndigas de bonito del Norte de temporada que facilitó Pescados Muñoz. Y de postre, brochetas de melón de Torres de Berrellén, una variedad autóctona que han recuperado los vecinos de esta localidad y que están intentando poner en valor.

“El mensaje es claro –explicó Jennifer Marín durante la degustación–, son ya 15 años los que llevamos insistiendo en la importancia de comer productos de temporada y, a ser posible, de kilómetro 0; es cuando se puede disfrutar plenamente de todo su sabor, como sucede ahora con el tomate”. 

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