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Gastronomía

Los hermanos Ariste, tras abrir en marzo el restaurante Boira de Sariñena: "Nos tachaban de locos"

Poder comprar un edificio de grandes dimensiones (también es hostal) fue una oportunidad, gracias a la brutal caída de precios en hostelería por la crisis del coronavirus.

Los hermanos Ariste (Licer, delante, y Mascún, detrás) en el restaurante Boira de Sariñena.
Los hermanos Ariste (Licer, delante, y Mascún, detrás) en el restaurante Boira de Sariñena.
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"Hay que ser valiente para abrir un negocio en plena pandemia". Es, probablemente, la frase que más han escuchado en las últimas semanas los hermanos Mascún y Lizer Ariste. Naturales de Sariñena es allí donde han decidido emprender un nuevo proyecto laboral, la apertura del hostal-restaurante Boira, donde antes estuvo el Alcanadre. 

Los antiguos dueños no eran de la zona y estaban próximos a jubilarse. Eso, sumado a que el negocio no funcionaba demasiado bien en los últimos tiempos, les empujó a dejarlo. Y ahí estaba la familia Ariste Campos para hacer sus cuentas y comprar el edificio. Las negociaciones comenzaron el verano pasado pero entre trámites y papeleos, la compra no se hizo efectiva hasta principios de marzo de este 2021. Tras algo menos de un mes cerrado para realizar una pequeña reforma, las puertas del Boira abrieron el pasado 27 de marzo.

Por extraño que parezca, estos primeros dos meses de actividad están siendo una locura, en el buen sentido de la palabra. Coincide que ahora es la temporada del guisante y muchos de los trabajadores que acuden a Sariñena para cosechar estas tierras se alojan en el hostal. "Tenemos todas las habitaciones llenas y en el restaurante tampoco paramos", asegura Mascún, el hermano menor, de 23 años.

El hostal cuenta con 17 habitaciones completas, con baño, televisión y aire acondicionado. Hay de todos los tipos, individuales, dobles y triples y, por el momento, se pueden leer opiniones en la plataforma Trivago. La apertura ha sido tan reciente y frenética que todavía están terminando de hacer la página web y esperan poder aparecer pronto en otros buscadores de alojamiento como Booking. Están presentes en redes sociales y cada vez reciben más consultas a través de Instagram y Facebook.

Pero, tras esta primera etapa de lleno total, la temporada del guisante terminará dentro de un mes y medio aproximadamente. Después, no saben qué pasará ni qué tipo de huéspedes recibirán. "Antes había muchas ferias y otros eventos que traían gente hasta Sariñena pero este año todavía no se ha recuperado esa normalidad", reconoce Mascún. Por eso, aprovechan ahora para trabajar todo lo que pueden y se preparan para posibles épocas peores. 

"Antes había muchas ferias y otros eventos que traían gente hasta Sariñena pero este año todavía no se ha recuperado esa normalidad"

En todo caso, antes de lanzarse en esta aventura, realizaron un estudio de mercado y vieron que, en Sariñena, actualmente solo hay cuatro posibles alojamientos. Uno es una casa rural con apenas tres habitaciones, el otro establecimiento de este tipo es El Chandre, que también pertenece a la familia Ariste Campos. Luego está su recién adquirido hostal y, por último, un hotel que se sospecha cerrará pronto. "De aquí a final de año es posible que cualquier persona que se quiera alojar en Sariñena tenga que venir a uno de nuestros establecimientos", explica Mascún.

En el caso del restaurante, a su favor juega también la novedad y el cambio de aires que le han dado al antiguo Alcanadre. "Hemos propuesto un menú de fin de semana de 25 euros que consta de aperitivo, entrante, pescado, carne y postre. Teníamos miedo de cómo encajaría en el pueblo pero lo cierto es que está teniendo muy buena aceptación", asegura. Otros de los éxitos culinarios de Lizer, el hermano mayor, son unas patatas especiales o los caracoles, que los hace a su manera. También tienen un menú del día económico entre semana, por 11 euros, y el régimen de alojamiento puede ser con pensión completa, media, solo dormir o con desayuno incluido. 

Si Mascún está en la barra atendiendo a los clientes, Lizer se encarga de los fogones. A sus 31 años recién cumplidos, ha trabajado durante mucho tiempo como jefe de cocina en el complejo de Ligüerre de Cinca y también estuvo una breve temporada en el restaurante La Farándula, en Zaragoza.

El resto de la familia también está implicada en el proyecto. Su madre es quien se ocupa de la limpieza de las habitaciones, contando ya con la experiencia previa de las dos casas rurales que tienen. Son la ya citada de Sariñena y otra, El Chusco, situada en la vecina localidad de Lanaja. Por último, su padre les echa una mano con el tema de las cuentas. 

Para economizar gastos, Mascún y Lizer viven en un ático que hay en la planta superior del hostal. El más joven, Mascún, tiene un Grado Superior de Márketing y Publicidad y ahora cursa Ciencias Políticas a distancia. "Estos primeros meses del año no he podido dedicarle mucho tiempo a los estudios, con la puesta en marcha del restaurante", reconoce. Y es que ahora que pueden, trabajan jornadas interminables. "Hay días que estamos desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche sin parar", asegura. 

"Hicimos nuestras cuentas y vimos que, aunque al principio no tuviéramos muchos ingresos, nos compensaba"

Pero con ilusión, ganas y juventud no hay cansancio que valga. Además, cuando emprendieron este proyecto eran conscientes de que no sería fácil. "Hicimos nuestras cuentas y vimos que, aunque al principio no tuviéramos muchos ingresos, nos compensaba", explica Mascún.

Aunque muchos les tacharon de locos por comprar un edificio de semejantes dimensiones en plena pandemia, para ellos ha sido una buena oportunidad. "Los precios de la hostelería han bajado mucho por la crisis y hemos aprovechado para hacer esta inversión", comenta. Inversión que ha sido posible gracias a la inestimable ayuda del banco. Para pagar la compra del inmueble tienen una hipoteca y también han pedido un préstamo para las pequeñas reformas del lavado de cara inicial. 

Por el momento, han atacado al restaurante, empezando por el cambio de nombre, para arrancar desde cero con Boira. La denominación es un guiño al término empleado en la zona para un tipo de niebla, muy común en Los Monegros. Y es que si por algo se caracteriza esta familia es por sus raíces aragonesas y su intención de mantener siempre el contacto con la tierra.

Empezando por sus nombres (Mascún y Lizer) y siguiendo por los productos con los que trabajan en el restaurante, los hermanos Ariste apuestan por mantener servicios en el pueblo donde han nacido y crecido. Este fue otro de los motivos que les llevó a coger un hostal que ya no estaba funcionando para darle una vuelta y recuperar la actividad.

A medio plazo, la idea es emprender la reforma del hostal, aunque sea con el cambio de mobiliario y de televisiones. Pero, por el momento, es una inversión a la que no pueden hacer frente. Más todavía en un año en el que, pese a que la luz al final del túnel de la pandemia se empieza a ver, no será para nada normal. La feria de Sariñena, que suele acoger varios eventos importantes al año, está aún parada, y tampoco se espera que haya fiestas populares en verano.

El cliente tipo del hotel no son, además, los turistas, sino más bien personas que viajan por motivos laborales. Esto, si se tiene en cuenta que quienes vayan por placer seguramente caerán en su casa rural, es, en realidad, una ventaja para esta familia de emprendedores en su tierra.

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