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Gastronomía

Las recetas de la abuela Milagros plantan cara a la covid desde la panadería de Villastar

Domingo y Cristina Hinojosa son los nietos de los fundadores del negocio que hoy lleva su nombre. Aquel horno, abierto en 1967, ha evolucionado a cuatro tiendas y dos fábricas.

Domingo Hinojosa es el nieto de los fundadores de la panadería de Villastar
Domingo Hinojosa es el nieto de los fundadores de la panadería de Villastar
Antonio García/Bykofoto

Desde que la tercera generación de panaderos de Villastar se puso al frente del negocio, la evolución de la panadería, abierta en 1967 por Milagros Maícas y Ángel Hinojosa, es digna de destacar. Incluso hace apenas un mes, todavía en plena crisis de la covid, se ha abierto un nuevo establecimiento.

Domingo y Cristina son los hermanos, nietos de los fundadores, que están hoy al frente del negocio, que lleva su nombre. Tienen 42 y 35 años, respectivamente, y se han dedicado toda la vida a la panadería y la repostería. De su abuelos, el horno pasó a sus padres y desde hace ya un tiempo, cuando estos se jubilaron, lo gestionan ellos.

Aunque algunas cosas se han mantenido, el modelo de negocio ha avanzado mucho desde los comienzos. Ahora, por la situación de la pandemia, los horarios se han adaptado y solo se abren las tiendas por la mañana, y también se reciben encargos por whatsapp y otros canales online.

La impulsora de todo fue la abuela Milagros, que decidió elaborar las pastas y postres caseros que preparaba habitualmente para la familia en el horno del pueblo, con idea de venderlos al público. Estas instalaciones se usaban en tiempos por todos los vecinos, que cocinaban allí sus propias elaboraciones. Pero esta práctica se dejó de llevar a cabo y el matrimonio Hinojosa-Maícas decidió darle utilidad.

Desde entonces, sobre todo en los últimos años, la Panadería Domingo y Cristina ha crecido exponencialmente. Actualmente, da trabajo a 12 personas y tiene tienda en Teruel capital, Villastar y Cella. Además, reparte en Cascante y Valacloche, dos pueblos muy pequeños donde, de lo contrario, no tendrían pan.

"Llevamos pan a pueblos cercanos que en invierno tienen 20 habitantes, como Cascante y Valacloche"

A esto hay que añadir que en diciembre de 2019, Domingo puso en marcha su propia empresa, el Horno Peñalba. La fábrica está situada en Villel, donde se acaba de abrir una tienda, que con la de la plaza del Torico de Teruel suman dos establecimientos. En total, tiene ocho empleados.

Pero este crecimiento no está para nada reñido con las viejas costumbres. De hecho, son estas las que mantienen en pie el negocio. Y es que las recetas de la abuela Milagros son las que se siguen empleando en las elaboraciones de Domingo y Cristina. Sus tortas finas, los mantecados y los famosos regañaos son, sin duda, la clave del éxito.

Estos son algunos de los productos que se pueden encontrar en las tiendas de los Hinojosa, cuyas referencias ascienden ya a unas 200. Un catálogo que se ha ido ampliando con los años para adaptarse a las nuevas tendencias sin dejar de lado las tradiciones.

Esta diversificación la marca el Horno Peñalba, la fábrica de más reciente creación donde se pueden encontrar tanto las pastas de siempre como elaboraciones pasteleras más novedosas. La panadería de Villastar, por su parte, vende pan y los productos más antiguos.

Milagros Maícas con su nieto, el pequeño Domingo, en los primeros años de actividad del horno
Milagros Maícas con su nieto, el pequeño Domingo, en los primeros años de actividad del horno
HA

La pandemia se nota en la caja

A pesar de que sus establecimientos han estado abiertos en todo momento y venden bienes de primera necesidad, Domingo y Cristina han notado un bajón en la facturación de estos últimos doce meses. Sobre todo, se han visto afectados por los intermitentes cierres de la hostelería, ya que el 30% de su distribución se hace a bares y restaurantes. 

Para tratar de suplir este vacío y también para facilitar el servicio, con la pandemia se han empezado a recibir encargos por whatsapp, teléfono, correo electrónico, redes sociales y cualquier otro canal. "Nos llegan pedidos a cualquier hora y en cualquier momento", asegura Domingo.

La mayoría son para recoger en alguno de sus puntos de venta pero también se ejerce una labor de reparto totalmente gratuita y prácticamente solidaria. "Llevamos pan a pueblos cercanos que en invierno tienen 20 habitantes, como Cascante y Valacloche", explica. Algo que no suele salir rentable cuando el valor medio de sus encargos rara vez supera los seis euros. "Disponer de una persona repartiendo productos de panadería, que valen poco, no siempre merece la pena económicamente, pero hay que dar el servicio", defiende.

Este reparto forma parte de su rutina diaria pero durante los primeros meses del confinamiento, a esa ruta se sumaron las entregas en casas de Villastar. "Llevamos el pan a los vecinos mayores, que tenían miedo de salir a la calle. Era una labor social que teníamos que hacer", recuerda.

"Llevamos el pan a los vecinos mayores, que tenían miedo de salir a la calle. Era una labor social que teníamos que hacer"

Otro de los cambios a raíz de la pandemia han sido los horarios de atención al público. En circunstancias normales, las tiendas están abiertas mañana y tarde, de lunes a sábado (la de la plaza del Torico de Teruel, también los domingos). Pero el descenso de la demanda ha hecho que ahora solo se abra por las mañanas. En el horno, la actividad sigue siendo la misma, con producción continuada desde la una de la madrugada hasta el mediodía. 

Tras los ERTE solicitados en un primer momento, todos los empleados, excepto dos, que siguen con regulaciones parciales, se han reincorporado de nuevo a sus puestos de trabajo. A la vuelta de la esquina está un 9 de mayo que desde la panadería de Villastar se espera marca el inicio de la recuperación del turismo, de los veraneantes y de la actividad normal en sus tiendas.

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