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El patio de Betty: comida fusión como en casa de la abuela

El establecimiento abrió sus puertas el 12 de marzo tras un año de larga espera debido a la pandemia: “Era ahora o nunca, la vida debe continuar”.

Isabel Cortés y Mar Yus, en El patio de Betty.
Isabel Cortés y Mar Yus, en El patio de Betty.
C.I.

“Íbamos a firmar el contrato el 20 de marzo de 2020, una semana antes se declaró el estado de alarma”, explican Isabel Cortés y María Yus, propietarias del establecimiento El patio de Betty, local que acaba de abrir sus puertas en el barrio de la Magdalena. Ubicado en la calle Policarpo Romea, sus fundadoras aseguran sentir algo de vértigo cuando piensan en todo lo que está ocurriendo, pero este proyecto era el sueño de sus vidas: “Era ahora o nunca, la vida debe continuar”.

Aunque la inauguración oficial fue el 12 de marzo de 2021, hace apenas un mes, la historia de El patio de Betty empezó hace tres años cuando Cortés, cocinera natural de Colombia, le expresó a su pareja su sueño de crear su propio establecimiento. Ambas se pusieron manos a la obra para encontrar el lugar perfecto. A finales de 2019 dieron con el local ideal, en la antigua ubicación del restaurante Casa Terrero. “Cuando era niña, mis padres siempre decían “Vamos al patio de Betty” haciendo referencia a la casa de mi abuela, en Colombia. Allí es uno de los espacios en los que más vida se hace en cualquier hogar. Y esto era lo que queríamos crear, un lugar en el que cualquier persona se sintiera como en casa”, explica la cocinera.

El establecimiento, con un aforo para 37 personas -ahora reducido al 30%- parece un patio interior, con unas coloridas baldosas con cenefas de colores, un jardín vertical y macetas y cuadros de plantas y flores. Aunque han pedido permiso para ubicar una pequeña terraza, por ahora cuentan con dos mesas en el exterior, para aquellos clientes que prefieren disfrutar de sus pedidos en la calle. “Lo bueno de haber esperado un año a abrir es que la gente ya tiene muy interiorizado todo lo de la pandemia. La incertidumbre sigue ahí, pero nos hemos ahorrado esa parte del camino”, afirma Cortés.

Isabel Cortés y Mar Yus, en El patio de Betty.
Isabel Cortés y Mar Yus, en El patio de Betty.
C.I.

El de la apertura del local no ha sido el único de sus planes truncados por la crisis sanitaria. También se vieron obligadas a cancelar su boda, que iba a tener lugar el 22 de marzo. Tienen claro que lo que toca ahora es adaptarse, cada día, a lo que nos está tocando vivir: “Decidimos hacer una ‘ciber boda’ con nuestros amigos y esperar a celebrarlo cuando pase todo”.

Y es que si hay algo que ha marcado este año y poco de pandemia ha sido la improvisación, una realidad que ha puesto a prueba la capacidad de adaptación de todos los sectores, muy especialmente el de la hostelería y la restauración.

“Vamos improvisando día a día, no queda otra. Nadie sabe qué va a pasar mañana así que lo mejor es no pensarlo demasiado”, admite Yus, quien se encarga de elaborar todos los productos de repostería del local y está a cargo de la barra y del trato con los clientes. En su caso, dejó su trabajo como educadora infantil para cumplir este sueño. “Cuando decidimos emprender las dos estábamos trabajando y lo dejamos todo sin pensarlo. Confiamos mucho en este proyecto y en que salga todo bien”, reconoce.

Del ternasco al plátano frito, en el mismo plato

Otra de sus apuestas ha sido la fusión de todo tipo de sabores en cada uno de sus platos. Partiendo de las recetas más tradicionales, como guisos, pucheros o asados, la idea era mezclar todo tipo de ingredientes con el único objetivo de sorprender paladares. “Es una carta con una base tradicional, pero con detalles muy atrevidos. Intento coger platos de distintas partes del mundo y darles un toque personal”, explica Cortés.

Isabel Cortés y Mar Yus, en El patio de Betty.
Isabel Cortés y Mar Yus, en El patio de Betty.
C.I.

En su carta encontramos opciones tan sugerentes como las migas de ternasco con crema idiazábal y chips de plátano, o el bacalao a’bras con pico de gallo. “El ternasco lo asamos al estilo tradicional, con sal y tomillo. Luego lo desmigo y le damos ese toque latino. Una mezcla de ahumado, asado y dulce”, ilustra la cocinera. Platos aragoneses, portugueses, italianos y colombianos en los que se cuidan los procesos de elaboración hasta el mínimo detalle.

“En la tostada de plátano macho, por ejemplo, la carne de cerdo se cuece durante más de 12 horas, a fuego lento, y está siendo uno de los platos más solicitados por nuestros clientes”, afirman.

“Claro que tenemos miedo. Cada día. Pero ya estamos aquí y aunque el momento es complicado no tenía por qué salir mal”, opinan. Aunque aseguran que son muchos los que les han tachado de locas por emprender en tiempos de pandemia. “Lo mejor está siendo la respuesta de la gente. Se van contentos y muchos repiten y eso nos da mucha energía”, reconoce Yus.

El establecimiento abre de martes a sábado de 9.00 a 22.00 horas, y los domingos de 10.00 a 18.00.

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