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El orfebre de la medalla de la Virgen del Pilar que se reinventa con una tienda taller

A Fernando Piró, diseñador y artesano, la pandemia no le ha frenado para trasladarse al centro, mostrando cómo crea y restaura.

Fernando Piró lleva la orfebrería en el ADN porque nació en una familia dedicada a este oficio. Él forma parte de la tercera generación. Diseña y elabora de manera artesanal joyería moderna además de dedicarse a lo que tradicionalmente hacían los orfebres: platería y restauración. La pandemia de covid-19 no le ha frenado a la hora de reinventarse con una tienda taller en el centro, dos años después de tener que cerrar la que tenía en Puerta Cinegia por la crisis anterior.

Sus hermanos continúan con el taller especializado en piezas religiosas de su familia en Valencia, donde se encuentran sus recuerdos de infancia. Allí jugaba de niño y de forma natural comenzó a familiarizarse con herramientas y metales. "Un día empiezas a trabajar con una lima, otro con un torno, sin que te lo dejen conectar, luego a cincelar", relata sobre el proceso tras el que "poco a poco vas aprendiendo y un día te ves produciendo tú". Y así ha sumado dos décadas dedicándose profesionalmente.

A Zaragoza vino cuando tenía alrededor de veinte años siguiendo a la que sería su mujer. Confiesa que no llegó con la intención de montar un taller. Su trabajo entonces se encaminaba a la industria. 

De la afición al oficio

Sin embargo, no dejó de diseñar y elaborar joyas como afición, que terminaría por acabar reconduciéndole al oficio familiar. "Cuando éramos novios no tenía un duro y le hacía piececitas a mi mujer. Me acuerdo de una crucecita en plata que le hice y que ella enseñaba a todo el mundo", apunta, junto a los comentarios de admiración de los conocidos, que le animaban a que se dedicara a ello como profesión. "Esa fue la primera pieza con la que nos planteamos que podíamos montar un negocio", afirma. Con su trabajo busca combinar el lado tradicional con el más moderno de diseñar sus propias joyas.

De ahí que una de sus obras más reconocibles sea una medalla de la Virgen del Pilar que creó en 2008 cuando, afirma que, "todavía no había nada moderno" de la patrona de la Hispanidad.  "Hay gente que solo me conoce por ese producto", confiesa. A lo largo de esos años ha desarrollado toda una colección, que incluye desde medallas de varios tamaños y metales (oro blanco, amarillo y con diamantes) a pendientes en oro blanco y con perlas australianas o cultivadas y anillos. En la serie hay piezas desde 45 a 500 euros.

Tienda taller 

El 2008 fue una buena época, en la que también abrió una tienda en Puerta Cinegia. "Durante unos años fue bien", apunta, pero el impacto de la crisis económica fue aumentando y se sumó a la del propio sector, lo que le obligó a cerrarla en 2018. "Tener tienda y taller me suponía un gran coste", reconoce de la etapa en la que los tenía en locales diferentes.

Sin embargo, no desistió de poder contar con un establecimiento y céntrico. "Desde que cerré la tienda me di cuenta de que el comercio estaba cambiando, y más en nuestro sector, y empecé a darle vueltas a cómo presentar el producto y atraer gente", comenta. De ahí que se planteara abrir un estudio tienda "donde se me viera trabajando", aunque le daba cierto pudor porque confiesa que "los artesanos tenemos tendencia a estar en nuestro mundo".

Su reinvención llegó el año pasado, en medio de otra crisis, la provocada por la pandemia. El 1 de septiembre de 2020 abrió al público en la calle Rufas. "Estábamos con el cierre perimetral", recuerda, pero no se arrepiente. "Es una calle muy agradable y transitada. Todavía hay tiendas y nos vamos conociendo", señala. Sobre el público de Zaragoza confiesa que "es duro, pero fiel". Y afirma que los clientes "aprecian y le dan autenticidad y valor" a la posibilidad de verlo trabajar. El establecimiento combina los dos espacios separados por una cristalera, donde la luz resalta las joyas y el área de trabajo. Sobre su mesa le espera un cáliz de una iglesia que está restaurando y varias joyas. 

Solo vende sus obras, lo que se toma como un "desafío". Se pueden encontrar desde pulseras de cristales por 10 euros, pasando por anillos de cuarzo y plata a 20 euros hasta piezas con diamantes. "Me gusta mucho trabajar con cuarzo rosa, jade en verde, labradorita y amatista", cuenta, y mezclar joyería con "cuero, caucho y acero". Y sigue apostando por las perlas "aunque lleven años diciendo que están pasadas de moda".

Para afrontar el cambio de hábitos del consumidor decidió buscar apoyo para vender por internet. "Me di cuenta de que no me da la vida para todo, porque yo estoy solo", dice, así que entró en la plataforma de comercio electrónico Zerca! "En esta época complicada y más con la pandemia te sientes más acompañado", señala. De su experiencia le gusta que el cliente puede recoger el producto en la tienda, "con lo que se genera más vínculo y te ponen cara".

Alerta sobre el incremento de las compras en grandes plataformas de internet, mayor desde el inicio de la crisis sanitaria y los confinamientos, y apuesta por las de proximidad. "El comercio está desapareciendo de los barrios, la pandemia ha sido la puntilla", lamenta.

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