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"Ahora la gente compra por necesidad, no con la alegría de antes"

El comercio zaragozano ha comenzado el año con poco empuje y calcula que incluso con rebajas las ventas han caído "como poco" un 5%. La alimentación y el mobiliario resisten y algunos vuelven a cifras 'precovid'.

Javier Aisa y Fany Bravo de Confecciones Fany en el Actur.
Javier Aisa y Fany Bravo, de Confecciones Fany en el Actur.
Guillermo Mestre

El cambio de hábitos en los consumidores que ha traído la pandemia de covid-19 se viene notando en el comercio. Los establecimientos de alimentación o de muebles han aguantado mejor que otros como el textil y el calzado. Los hogares ahorran más porque reducen el gasto, bien por la incertidumbre económica, el teletrabajo o las restricciones al ocio. Y pesa el aumento de las compras por internet en grandes plataformas.

Ni la pasada campaña de descuentos ha animado a los sectores más castigados por el recorte en el presupuesto familiar que ha traído la crisis económica. "Se estima como poco que las ventas en rebajas que finalizaron a fin de febrero hayan retrocedido un 5%", calcula José Antonio Pueyo, presidente de la Federación de empresarios de comercio y servicios de Zaragoza, ECOS. En general, considera que 2021 se presenta de "atonía" en el consumo.

Las restricciones siguen afectando más, tras un año de pandemia, al turismo, las agencias de viajes y la hostelería, porque afirma que "no hay consumo. Por imposibilidad o por miedo". Por otro lado, "el equipamiento personal, vestidos calzados y complementos siguen sin repuntar. Es indiferente que existan rebajas, las pocas ocasiones de socializarnos, de eventos, de viajes hace que se reduzca el consumo en estos bienes y es de esperar que esta retención de la demanda explote cuando haya que renovar", apunta. La falta de vida social afecta de lleno a negocios como las tintorerías o las floristerías.

Tiendas de ceremonia y recuerdos

"La gente todavía tiene un poco de miedo a gastar por ver qué va a pasar. Hay mucha gente que sigue en ERTE", reconoce Marian Díez, presidenta de la asociación de comerciantes del entorno de la calle don Jaime de Zaragoza. "El salario no es el mismo y las obligaciones que tiene de pagar la hipoteca o la luz siguen ahí y vas quitando de las cosas que no necesitas", añade. 

En esta zona comercial, la peor parte se la llevan las tiendas de ceremonias y bodas que abundan en la citada céntrica calle. "Están expectantes mientras no se normalicen el resto de las actividades. Ese sector como el del regalo todavía no acusa la recuperación", reconoce. En el caso de los establecimientos de recuerdos, otras de las que se distribuyen por el centro, la falta de turistas por los confinamientos perimetrales se ha convertido en la ruina de muchas. 

"La alimentación se mantiene y la hostelería va recuperando un poco", resume. Espera que la actividad se anime cuando se permita abrir más allá de las 22.00 y se den cenas y la gente pueda estar más tiempo en las terrazas. "Hay ganas de socializar. Anímicamente lo necesitamos", asegura. En cuanto a las ventas que han quitado los gigantes del comercio electrónico, desde la asociación, junto a la de Zaragoza Centro. con la que trabajan en el proyecto Zaragoza Esencial, están presentes en proyectos para ganar clientes también 'online'.

"Ahora la gente compra por necesidad, no con la alegría de antes", resume Javier Aisa, comerciante del Actur, desde el otro lado del mostrador de Confecciones Fany, una de las tiendas más veteranas del barrio zaragozano. "No hay ceremonias y la ropa de vestir ha caído mucho. La gente no se mueve, no sale, casi no va de cena", lamenta, sobre los efectos de las restricciones. En su caso, venden más prendas para estar por casa y pijamas, pero afirma que este año ha sido el que menos medias han servido, más relacionadas con los eventos y el ocio.

"Los 15 días después del confinamiento fueron como Reyes porque la gente necesitaba ropa, pero luego se estabilizó", recuerda sobre la evolución desde el año pasado. "Ahora se está como en 2018 ó 2019, un poco triste, porque entonces tampoco estábamos para tirar cohetes", añade Fany Bravo, segunda generación de la tienda fundada por sus padres. "Ahora miran y remiran, y antes veían algo y lo compraban", añade su marido, que nota que hay gente que se ha quedado en paro. Su clientela fija son principalmente personas mayores, muy fieles al comercio de proximidad.

Esperan que con el calor la gente se anime a hacer el "cambio de armario", que hasta el momento se ha retrasado porque no se ha mantenido el buen tiempo. 

Óscar Larraga, de Olmo Mobiliario, en el Actur.
Óscar Larraga, de Olmo Mobiliario, en el Actur.
Guillermo Mestre

Las ganas de cambiar los muebles que surgieron tras el confinamiento de marzo del año pasado en los hogares también se han ido pasando. "El que tenía que comprar por necesidad ya ha comprado", añade Óscar Larraga desde Olmo Mobiliario, tienda de muebles y sofás. "Hasta el mes pasado ha habido crecimiento, pero este notamos que se va desacelerando", confiesa, pero no se atreve a hacer previsiones, pese a llevar varias décadas en el negocio fundado por sus padres, que cumplirá pronto 40 años.

El año pasado pensaron que no iban a vender nada y los primeros meses de la desescalada fue todo lo contrario porque el encierro en casa "puso en valor el mueble". A ello se unió que se destinó al hogar parte del dinero que se ahorró por las restricciones en el ocio y otros sectores. "Este mes estamos en cifras prepandemia", asegura.

"Que la recuperación sea rápida y que la gente que está en ERTE salga lo antes posible"

"El año pasado incluso después de los dos meses de parón la gente o ha igualado o ha superado las ventas", afirma Mariano Barbed, presidente de la asociación de comercios de muebles de Aragón, Acomza, sobre la evolución de estos comercios. El sofá y el colchón fueron los primeros en renovarse. Reconoce que "este año se nota desde marzo la Semana Santa y ya no tiene el mismo ímpetu", pero "sigue habiendo demanda". Por ello, teniendo en cuenta la crisis económica actual, las restricciones sanitarias para frenar los contagios y lo duramente que está afectando a otras actividades "el sector no se puede quejar porque con todo lo que está pasando está resistiendo bien"

Barbed recuerda que las tiendas de mobiliario y decoración ya pasaron su "vía crucis" con la crisis inmobiliaria de 2008. "El sector del hogar venía de una crisis muy grande y la reconversión ya la habíamos hecho", reconoce.

El presidente de Acomza no se atreve a hacer previsiones pero cree que el confinamiento y las restricciones que han obligado a pasar más tiempo en casa "han puesto en valor el hogar y algo queda". Ahora, espera "que la recuperación sea rápida y que la gente que está en ERTE salga lo antes posible", porque será clave para volver a la normalidad y ganar clientes. "La gente que no ha cambiado el mobiliario es porque está en una situación que no ha podido", entiende.

Marusela Cortés, en Pescados y mariscos Ruth.
Marusela Cortés, en Pescados y mariscos Ruth.
Guillermo Mestre

Pueyo añade en el lado positivo, el de los subsectores que aguantan, junto al equipamiento del hogar como muebles y electrodomésticos, la alimentación y algunos servicios empresariales "como los relacionados con las nuevas tecnologías debido a la digitalización apresurada y las asesorías por la maraña legislativa y los nuevos escenarios a los que se ve sometida la población tras la hecatombe económica". 

Incluso desde el de la alimentación algunos notan que los bolsillos clientes no están para muchos excesos, aunque se hayan dado más de un capricho en el confinamiento. "Comprar siguen comprando porque es primera necesidad pero se nota porque mucha gente ha estado de ERTE y no compran tanto como antes o miran más", afirma Ruth Jiménez, que regenta tres pescaderías del Actur con su nombre y el de su marido, Víctor. Lo nota también en el tipo de producto. Algunos clientes buscan los más económicos.

Confiesa que durante el confinamiento se vendía más. "La gente como no podía salir, comía. Los sábados te compraban más marisco", pone como ejemplo.

Algunos de sus clientes reconocen que "como estamos más tiempo en casa, comemos más". Sea como fuere. "Comer hay que comer todos los días", añade Marusela Cortés, dependienta de Pescados y mariscos Ruth.

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