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El paso al frente de Jaime Seoane en la SD Huesca

El medio, inesperado titular en Mestalla, reclamó con su actuación en el empate frente al Valencia una plaza fija en el vestuario azulgrana.

Jaime Seoane y Jorge Pulido marcan al delantero del Valencia Maxi Gómez.
Jaime Seoane y Jorge Pulido marcan al delantero del Valencia Maxi Gómez.
Carla Cortés/LOF

Tuvo su oportunidad y la supo aprovechar. De las muchas noticias positivas que dejó el empate de la SD Huesca ante el Valencia (1-1), el golpe encima de la mesa de Jaime Seoane fue de la más llamativas. El medio madrileño de 23 años, cuyo futuro dentro del vestuario a una semana para el al cierre del mercado es toda una incógnita, demostró que puede ser una pieza no solo útil, sino también valiosa en Primera División. Formando un novedoso doble pivote junto a Mosquera, fue un engranaje imprescindible para entender el dominio al que los azulgranas sometieron a su rival en uno de los escenarios hacia el que más cámaras apuntan, Mestalla.

Ante la baja de Mikel Rico por segundo partido consecutivo y el gris rendimiento por el que había sido su sustituto la semana anterior en el tropiezo con el Cádiz (0-2), Eugeni, Míchel optó por darle la titularidad por primera vez en liga con la camiseta del Huesca a Seoane. El técnico se dio cuenta de que al dominio de la posesión mostrado ante los gaditanos era necesario añadirle mayor dinamismo en ataque y por ello cambió el dibujo táctico inicial de su clásico 4-3-3 a un 4-4-2. En él, el excanterano del Real Madrid encajó a la perfección. No en vano, junto a Rico, es en estos momentos el único centrocampista con unas características que le permiten tanto mover al equipo como colaborar en las labores de contención. Su presencia sobre el césped hizo crecer a Mosquera, que se atrevió a adelantar su posición e incluso tuvo en sus botas el 1-2.

A Míchel, la nueva disposición de sus piezas sobre el terreno de juego le convenció e incluso lamentó que no se hubiese logrado la victoria. E igualmente elogió el papel jugado por Seoane. “Ha dado un paso adelante y ha hecho un gran partido”, reconoció. Ahora queda por ver si en los próximos compromisos, el miércoles llega a El Alcoraz el Atlético de Madrid y el sábado los altoaragoneses visitan al Elche, se repite la apuesta. También hay que confirmar si el 20 del Huesca continúa más allá del 5 de octubre, último día hábil para realizar movimientos.

No en vano, Seoane, que en Valencia tras el partido manifestó, como ya ha hecho en otras ocasiones, su deseo de quedarse, forma parte del grupo de futbolistas cuya presencia en el bloque definitivo con el que acabará contando Míchel no quedó asegurada al inicio de la pretemporada. Tanto a él como a otros como Joaquín, Escriche o Nwakali se les puso una interrogante encima a expensas de que fuesen capaces de convencer al entrenador, que en las últimas fechas se ha mostrado satisfecho con el rendimiento que han venido ofreciendo, siendo el pivote el que más ha destacado. Antes de Mestalla, ya en los partidos de preparación había protagonizado buenas actuaciones y también mostró su utilidad en el empate de la primera jornada en Villarreal (1-1), cuando salió en el minuto 78 en sustitución de Rico.

Seoane se incorporó a la disciplina de la SD Huesca en el verano del año pasado firmando por tres temporadas. Formado en el Real Madrid, con cuyo primer equipo llegó a debutar, antes de recalar en la capital oscense completó buena parte de aquella pretemporada a las órdenes de Zidane. Sus primeros pasos como azulgrana no fueron fáciles y tras haber sumado solo 36 minutos en las cuatro jornadas de liga en las que pudo pisar el césped, en el mercado de invierno salió cedido al Lugo. Allí, en el Anxo Carro, sí que tuvo continuidad hasta el punto de que los gallegos han insistido para reeditar el préstamo.

Su salida y la no llegada de un recambio, unida a la demora en la recuperación de Doukouré y su posterior nueva lesión, hizo que tanto Mosquera como Rico se volviesen casi insustituibles. En Primera, una situación así sería recomendable que no ocurriese.

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