SD Huesca

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La historia se repite para la SD Huesca

Ante el Betis, los azulgranas tuvieron que reponerse de nuevo a un mal inicio, apareció un portero salvador, no faltó el VAR y llegó un mazazo al final.

Juanpi, en la jugada en la se señaló penalti ante el Betis.
Juanpi, en la jugada en la se señaló penalti ante el Betis.
EFE

Hubo que sobreponerse a un marcador adverso, apareció un portero salvador, el VAR no faltó a su cita y justo al final llegó el mazazo. El último partido a domicilio de la temporada para la SD Huesca sirvió como resumen de todo lo vivido desde que el 19 de agosto debutase en Primera División ante el Eibar. Sin objetivos deportivos a la vista una vez que el descenso ya estaba consumado desde la semana anterior, la meta marcada por Francisco Rodríguez a los suyos era la de conservar la dignidad y la imagen de equipo luchador ganada a base de trabajo y esfuerzo. Y a este respecto nada se puede reprochar a los altoaragoneses tras el 2-1 ante el Betis.

Mantuvieron el tipo ante un rival también sin grandes alicientes más allá que el de agradar a una grada desilusionada y enfadada a partes iguales, especialmente con el técnico Quique Setién, al que le dedicaron varios ‘¡Quique vete ya!’, por lo que consideran un mal curso de los suyos toda vez que no han logrado la clasificación para las competiciones europeas. Solo Joaquín, el emblema del beticismo, fue capaz de desequilibrar la balanza. El veterano y mediático jugador demostró que el que tuvo sigue reteniendo y firmó un doblete con dos goles de diferente registro.

La temperatura imperante en Sevilla tampoco ayudó a ver un partido vistoso en el que incluso hubo que aplicar las pausas para hidratación más propias de los amistosos veraniegos a los que por momentos recordó el duelo enclavado en la jornada 37. Así, el choque fue ganando en intensidad con el paso de los minutos.

Los oscenses padecieron algunos de sus males clásicos y que se ejemplifican con la teoría de la manta. Es decir, cuando tratan de resguardarse atrás no llegan arriba y cuando se lanzan al ataque se descubren abajo. El caso es pasar frío o en la cabeza o en los pies.

Precisamente fue con la testa como Joaquín firmó su primer tanto. El 1-0 obligó a buscar la portería contraria a los visitantes, primero con timidez y después con más alegría. Melero mandó un balón al poste en el minuto 44 y casi a continuación Jovanovic frenó a Tello en un mano a mano con aroma a 2-0.

Tanto el centrocampista como el portero fueron dos de las seis novedades en el once con respecto al anterior partido. La del serbio, además, supuso su regreso a los terrenos de juego veinte jornadas después. Había alabado Francisco la labor tanto de él como de Varas, el tercer cancerbero, ayudando a crecer a Santamaría y no se equivocaba. El guardameta fue el mejor de los azulgranas. Poco pudo hacer en los dos tantos que recibió y mucho en cambio logró en sus intervenciones; que se lo pregunten a Tello, Loren o William Carvalho. De los tres efectivos en nómina para resguardar los tres palos es el único con contrato en vigor para la próxima campaña aunque está por ver que el internacional continúe en Segunda División.

En la segunda parte apareció un compañero de viaje con el que se ha compartido pasaje en demasiadas ocasiones, el VAR. Juanpi cayó en el área, Cordero Vega consideró que se había tirado y le mostró la amarilla. Sin embargo, la acción generaba dudas y acabó revisándola. El árbitro cambió de parecer y decretó penalti. El venezolano, cuya participación en el careo a lo largo de la semana había estado en duda por unas molestias, no falló. Ya en el minuto 72 Pulido hizo falta a Guardado entrándole con el pie en alto. Primero la acción tuvo consideración de amarilla, pero, a la luz de las distintas repeticiones, su color mutó a rojo.

Con uno menos, el Huesca, como no podía ser de otro modo, se defendió con uñas y dientes. Hubo ocho minutos de añadido, cifra poco habitual. Sirvió para que Luisinho reapareciese más de siete meses después y también para que Joaquín fusilase desde fuera del área cuando el colegiado ya se llevaba el silbato a la boca.

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