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Real Zaragoza

entrevista completa

Juan Ignacio Martínez: "Este equipo tiene potencial, no puedo venir aquí a vender humo"

El entrenador del Real Zaragoza, tercero en este curso 20-21, expone para HERALDO sus líneas maestras de actuación para sacar al equipo del fondo de la clasificación de aquí a mayo.

Juan Ignacio Martínez, en el entrenamiento del Real Zaragoza este miércoles en la Ciudad Deportiva antes de hablar con HERALDO.
Juan Ignacio Martínez, en el entrenamiento del Real Zaragoza este miércoles en la Ciudad Deportiva antes de hablar con HERALDO.
Francisco Jiménez

Vuelve a entrenar a España después de cinco años fuera de la rueda de La Liga. ¿Por qué ha decidido regresar?

Terminé en Almería en 2015. Llevaba una carrera meteórica en la que tuve mucha suerte, sentí que debía parar tras no salirme bien lo de Valladolid, que fue una desgracia a última hora, y después ese breve paso por el club almeriense, donde fui el segundo entrenador del curso en lugar de Francisco. Me destituyeron tras 14 partidos, sin mucho sentido. Yo llegué allí como revulsivo, salimos de la zona de descenso ganando partidos y, al volver a caer, decidieron echarme. Me obcequé y rompí con la rutina. Me fue a China y a Kuwait, lugares muy dispares.

Dejó atrás una década de constante crecimiento y éxitos.

Sí, pasé del fútbol base a entrenar en Tercera y Segunda B entre 1996 y 2007. Ahí dí el salto al profesionalismo en Salamanca y todo fue un constante avance hacia arriba. En muy poco me vi trasladado del fútbol ‘amateur’ a Primera División en el Levante. Se me juntaron los astros positivamente. Por eso, cuando después se me enlazaron dos experiencias malas consideré que había que cambiar el paso.

Miguel Torrecilla, nuevo director deportivo del Real Zaragoza, ¿ha sido la pieza clave para su aceptación del reto zaragocista?

Sin duda alguna, él fue clave. Miguel, al conocerme hace mucho tiempo perfectamente, me alimentó con datos muy fieles de la situación del Zaragoza, más allá del contrato, del tema económico y demás cuestiones. Yo vi luz en el túnel tras hablar con él y le dije que sí. El hecho de que se trate del Zaragoza es fundamental para mí. Uno no puede decirle que no nunca a un club como este, ni en estas condiciones que se viven ahora.

Pues otros colegas suyos, sin embargo, sí han dicho no a su puesto hace pocos días al no obtener garantías deportivas para afrontar esta difícil encomienda.

Tengo un profundo respeto por todo el mundo, por todos mis compañeros de profesión. Yo, con todo mi cariño, también le pude decir a Miguel: ‘oye, necesito tantos fichajes’. Pero veo siempre mucho fútbol y a este Real Zaragoza lo he visto bastante este año. Sé su clasificación, conozco sus números negativos, su poca solvencia hasta hoy. Pero he visto potencial en esta plantilla, créame.

Usted no ha sido tan drástico ni exigente en sus peticiones para aceptar el puesto en Zaragoza

Es que, en mi caso, prima la amistad con Miguel Torrecilla. Y la confianza personal está por encima de todo. Yo sabía que él estaba en Bélgica y un día me llama para contarme lo de Zaragoza. Que pensara en mí, que me lo pidiera abiertamente, hizo que ni le dejase acabar la frase. Sí, adelante, dije. No hubo más negociación. Torrecilla y Real Zaragoza pesan demasiado en mi decisión. Vuelvo a España después de cinco años y lo hago por la puerta del Zaragoza. Esto es básico para mí, con todo el respeto a los demás equipos.

¿Cuál es su lema de cabecera a su llegada a Zaragoza?

Vamos a intentar que este año no sea un drama y, después, que la temporada que viene podamos hacer un proyecto que nos lleve de nuevo a Primera División.

El panorama, a primera vista, es oscuro. ¿Le tiemblan las piernas al ver todo lo que tiene que reparar en esta plantilla para salir del fondo de la clasificación?

No, porque, insisto, yo considero que este Zaragoza tiene mucho potencial sin explotar. Y, que quede claro, yo no puedo venir aquí a vender humo. Lo que digo, lo digo con sinceridad. Este equipo puede hacerlo mucho mejor. Hay jugadores válidos, elementos que deben dar otro rendimiento al que han dado. Esa es mi misión. Esto va a depender de mi capacidad de liderar este grupo, de motivarlo, de convencerlos de que son mucho mejores de lo que dice esa clasificación de penúltimos.

Está muy seguro de esa afirmación que, estos meses atrás, ha parecido en Zaragoza una cuestión irreal.

Repito que mi trabajo principal consiste en sacar la mejor versión de cada jugador de esta plantilla. Todos estos futbolistas han venido aquí porque tienen una trayectoria, un pasado reciente bueno. En el Real Zaragoza no juega cualquiera. Estos fichajes, cuando se hicieron, fue con la base de un currículum y un recorrido en sus equipos anteriores, tenían un sentido. Ahora, hay que encontrarlo y sacarlo sobre el campo cuanto antes. Esa es mi responsabilidad.

Ni Rubén Baraja ni Iván Martínez lograron extraer esas esencias que usted sí ve o adivina.

Le insisto en mi respeto absoluto al trabajo de los demás entrenadores. No valoro lo hecho por otros compañeros. Yo aprendo de todo lo que veo y, al final, tengo mi propia manera de hacer las cosas. Cada uno somos de una manera.

¿Qué respuesta ha encontrado en el grupo de futbolistas en su llegada al vestuario?

Le digo lo de antes. En estas circunstancias yo no puedo venir ahora a hablar por hablar, a venderles humo a los chicos. Ellos, que son jóvenes, te hacen la radiografía nada más que cruzas la puerta y les hablas un rato. Se fijan en tu aspecto corporal, en tu oratoria. Les tengo que mostrar mi liderazgo, pero sin imposiciciones, solo a través de mi pasión por lo que hago y creo. El respeto no se impone, se ha de ganar con tu comportamiento con ellos, a través del conocimiento que les transmitas. Creo que hemos engranado bien ellos y yo. Estoy contento con su actitud.

Los dos primeros partidos suyos, Torrelavega en Copa y Lugo en liga, acabaron en sendas victorias. Es un comienzo ideal en las adversas condiciones que asolan al Real Zaragoza. El trabajo psicológico, clave en estos momentos, está bien encarado.

Los datos anteriores de este equipo, esas derrotas consecutivas, esa carencia de goles, esas cifras insuficientes a todas caras... están ahí. Nadie las puede falsear. Son indiscutibles. No se pueden ocultar. Por eso estamos donde estamos. Esta es la realidad. Pero yo creo mucho en el ser humano. Y estos jugadores no son los peores de la Segunda División, no pueden estar penúltimos en la tabla. Tienen muchas mejores prestaciones ocultas que aquí no han dado, por lo que sea. Vamos a darlas a partir de ahora. Me veo capaz de lograrlo.

Quedan 23 jornadas. Y el histórico de la categoría advierte de que va a ser necesario ganar entre 10 o 12 de ellos para lograr la permanencia y eludir el desastre. En torno a la mitad de lo que resta por jugarse. Son palabras mayores.

No tiene por qué ser tanta la exigencia. Igual puede valer con ganar nueve y empatar cinco, por ejemplo. Eso es aún bastante impredecible.

En cualquier caso, entre esos 23 partidos hay un ramillete de duelos claves, que deben ser triunfos como sea. Caso de Cartagena este sábado. Y, además, no hay tiempo que perder en detalles.

En Torrevieja decimos que ‘esto está más claro que un ojo de pescado’. Todos sabemos lo que hay y a lo que estamos. Que debemos seguir ganando y enganchados a la competición permanentemente. Pero yo, con todo el cariño lo digo, no puedo desgastarme en pensamientos así. Toda la energía la debemos utilizar en el corto plazo: Cartagena es lo único a fecha de hoy. Yo soy muy natural, algo que creo que falta cada vez más en este mundo del fútbol.

¿Cómo se imagina los próximos días, tras el parón navideño y su buen aterrizaje en un equipo tan a la desesperada?

No quiero ser evasivo, pero es que no pienso más que en Cartagena. De verdad. Sé que tengo una semana con tres partidos, claro que lo sé; con Alcorcón en la Copa y el Logroñés en La Romareda, pero solo me importa Cartagena. Digo a los jugadores que tenemos que empezar a sumar de tres en tres puntos ya mismo. Advierto de que, hasta mayo, tendremos adversidades, alguna frenada en seco, pero eso no nos tiene que importunar en nuestro camino. Hay que ganar, ganar y ganar. Es muy fácil pronunciarlo pero difícil plasmarlo en cada partido.

En verano se marcharon 42 goles del Real Zaragoza, todo el mecanismo ofensivo del año anterior. Y entre los sustitutos, solo asoman los 5 tantos de Narváez y uno de Adrián. ¿Cómo puede resucitar a los Gabriel Fernández, Vuckic, Zanimacchia, Bermejo, Larrazabal... según sugiere?

No solo me veo capaz de recuperar su olfato de gol, es que estoy convencido de ello, de que lo vamos a lograr. Yo no tengo ahora mismo ninguna otra arma que recuperar a todos ellos. Estamos trabajando jugadas insistentemente, de las que yo llamo de laboratorio. Movimientos repetidos, mecanizaciones. En el fútbol está todo inventado, por más que haya gente que quiera descubrir cosas nuevas. Estamos machacando los desmarques de ruptura, los centros desde la banda, el chut desde diferentes posiciones... Cada día hacemos cuatro o cinco cositas, insistimos en detalles para que todos los puntas ganen en confianza. Es mi motivación diaria, son automatismos que nos van a dar rendimiento. Estoy seguro, convencido de que va a ser así. Si no, no hubiera venido al Real Zaragoza, no haría falta yo aquí.

Torrecilla ya avisó la semana pasada de que, en enero, los mejores fichajes han de salir de dentro de la propia plantilla actual.

Claro. Es que es así. El mercado de invierno que se viene encima va a ser súper difícil por las derivadas de la pandemia y su repercusión en los clubes. Vamos a tener enormes dificultades para fichar. Eso lo ha de tener claro todo el mundo. No es un mercado como conocemos de años anteriores. Por eso, los mejores fichajes tendrán que estar dentro de nuestra plantilla actual. Los lesionados... todos.

Pero ya se ha marchado Papunashvili y se espera cuajar alguna salida más. A nadie le cabe duda de que, al menos, un par de nuevos refuerzos va a tener usted a su disposición en los próximos 30 días.

No va a ser fácil. No sé si Miguel (Torrecilla) me va a decir un día que me trae uno o dos fichajes. No lo sé, de verdad. Si me los trae, bien. Y, si no puede traer ninguno, no pasará nada.

Esto sería difícilmente entendible entre el zaragocismo en un caso tan extremo como el que se vive en el fondo de la tabla y con tanto riesgo para la vida del club.

Yo he venido al Real Zaragoza con una plantilla concreta, la actual. Cierto es que todo es mejorable, sobre todo porque no se ha logrado dar un rendimiento bueno hasta hoy en 19 partidos. Ahí están los números. Pero yo no puedo estar constantemente en el despacho de Torrecilla pidiéndole refuerzos. Me conoce y sabe que no será así.

¿Por qué, tanto Torrecilla la semana pasada como usted ahora, están rebajando tanto las expectativas respecto de los fichajes que todo el mundo espera?

No todos los clubes ni todos los futbolistas están dispuestos a venir aquí a estas alturas de la liga, y más en las circunstancias en las que se encuentra el Real Zaragoza. Cuesta que alguien contemple dar ese paso.

Se trata de un mercado, para un Real Zaragoza tan acuciado en sus constantes vitales, en el que hay que acertar al cien por cien en las elecciones: los refuerzos deben ser todos titulares, de rendimiento inmediato. No se conciben fiascos.

Miguel Torrecilla trabaja a fondo este tipo de cuestiones. Estoy muy tranquilo por ello. Les expone a los jugadores todo el plan con detalle. Mantiene reuniones con ellos, comidas si es preciso. Todo muy personal, cara a cara. Quien venga, sabrá que ha de hacerlo con los cinco sentidos y a dejarse todo por el Real Zaragoza. Aquí no puede venir cualquier jugador. Por eso le digo que, mientras tanto, ¿qué es lo que tenemos? Nuestros futbolistas, los miembros de la actual plantilla. Ahí tenemos la mejoría que precisamos, dentro del grupo, no fuera.

¿Cuenta usted con todos los componentes del vestuario? ¿Ha sugerido ya a alguno que sería bueno que se buscara otro equipo?

Sí, sí. Ahora mismo yo tengo que contar con todos. Otra cosa es que, llegado el momento, si encontramos alguna posibilidad de fichaje externo, a la hora de computar las fichas haga falta alguna salida. Pero eso se verá cuando llegue, si llega. Hoy, todos cuentan para mí, sin excepción.

Es consciente de que el zaragocismo lo considera a usted el último asidero para evitar la catástrofe del descenso a Segunda B.

Esa palabra última hay que quitarla de la mente, no pronunciarla. Es energía negativa. Que todo el mundo tenga claro que me voy a dejar la vida por solventar esta temporada de la mejor manera posible. Tengo fe, confío en la gente, me siento capaz de reconducir el paso del Real Zaragoza en la liga. Vamos a necesitar de la implicación de todo el mundo, va a ser largo y exigente, pero seguro que lo conseguiremos.

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