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El Zaragoza juega con fuego

Análisis de los puntos claves del empate del Real Zaragoza en casa del colista Racing de Santander

Imágenes del partido entre el Racing de Santander y el Real Zaragoza
Imágenes del partido entre el Racing de Santander y el Real Zaragoza
Alberto Losa

1. Víctor derrapa en la primera curva. Animado por la artillería a su servicio y el recuerdo de las debilidades del Racing en el partido de la primera vuelta, Víctor Fernández se embarcó en el fervoroso optimismo que mueve su modo de ver el fútbol y alineó un equipo con una única novedad relevante, la entrada de Kagawa. Un único movimiento que, sin embargo, arrastró otros colaterales: exilió a Puado de la región del campo donde su fútbol se expande y se envenena al mezclase con el de Luis Suárez y mandó a Burgui al costado opuesto al que habitualmente enciende la bombilla de su desequilibrio. El Zaragoza se desnaturalizó demasiado. Víctor, quizá confiado en ganarle la espalda al centro del campo del Racing como en diciembre, se la jugó con Kagawa y sus aspiraciones de verticalizar el juego a la espalda del mediocampo rival, pero este derrape en la primera curva dejó una marca profunda en el asfalto del equipo, borrando el orden natural sobre el que ha crecido. En resumen, Víctor se dejó llevar por la pasión, y olvidó que pocas veces es buena idea ponerse a experimentar con los cables de una máquina que funciona. Su plan agrietó al Zaragoza.

Zaragoza vs Racing - Football tactics and formations

2. El Racing lanza el pulso. Aunque colista, el conjunto cántabro responde a un estilo atrevido, animado y con jugadores de buen pie y punzantes en su segunda línea. Su entrenador, José Luis Oltra, siempre ha ensamblado bien en esa filosofía y le planteó al Zaragoza, valiente, uno de esos partidos en los que el rival tiene todas las de perder ante el arsenal de inspiraciones individuales que el equipo aragonés guarda en su frente ofensivo. El Racing se asentó sobre tres cuestiones: una presión alta, asfixiante y organizada con precisión; una defensa de tres centrales con lo que aumentar la densidad defensiva de las zonas interiores; y dos pivotes de pico, pala y recorrido trabajando constantemente sobre Guti y Eguaras. Al Zaragoza se le anularon las salidas, obligado a jugar en largo -sin acierto, sin que Luis Suárez esta vez sacara oro de un pozo ciego- y peligrosamente expuesto: el plan de Víctor desarmó el centro del campo, el Zaragoza formaba con un desequilibrado 4-2-4 que condenó a Guti y Eguaras, sin ayudas de Kagawa y un Burgui gélido e inmóvil. Tampoco ofrecían referencias sólidas a la hora de darle fluidez y continuidad a la pelota.

3. La hora de los gladiadores. Ante un Zaragoza con la columna quebrada, la imprecisión y el desconcierto en pases y controles llenaron de pérdidas sus movimientos y el Racing castigó su repliegue. El Zaragoza se sujetó entonces con las armaduras de Atienza y El Yamiq, diques de seguridad que contuvieron al Racing. En un partido sin control de ningún tipo, los dos gladiadores eran la garantía ante el toma y daca de ambos equipos, idas y vueltas e intercambios de golpes… Un contexto que le suele venir bien al Zaragoza: el Racing disparaba con pistolas y el ataque aragonés se arma con misiles. Era cuestión de pegarle un zarpazo a un error cántabro.

4. Soro, el desequilibrante que equilibra. El Zaragoza pisaba en alguna estampida de Luis Suárez el área del Racing especialmente cuando Puado le encontraba y surgía algún chispazo, pero eran situaciones aisladas. Víctor trató de activar a Burgui devolviéndole a la izquierda en el tramo final de la primera mitad, pero el Zaragoza vivía incómodo y con las líneas fragmentadas. La corrección más lógica era Soro. Salió en el descanso, y su sola presencia reordenó al equipo (Burgui a la izquierda, Puado como segundo delantero...) y le suministró un jugador sacrificado, con piernas para correr hacia detrás: Vigaray y Guti respiraron. El Zaragoza no mejoró gran cosa, pero sí compensó sus posiciones y cerró espacios. Soro es un futbolista de talento, grácil con la pelota, con capacidad de desequilibrio, pero también clave a la hora de equilibrar a su equipo. Justo cuando el Zaragoza parecía que podía resurgir, un error de Nieto le dio el primer gol al Racing. El Zaragoza había jugado con fuego y se estaba quemando. Sin embargo, en su momento más crítico, floreció un disparo de Guti que abrió de nuevo el partido.

5. Víctor agita el árbol. Álex Blanco entró por Burgui para estirar al Zaragoza por ese lado izquierdo, aunque el partido no se salió de su curso anterior… El equipo aragonés no imponía su juego, no descifraba al rival, ni acertaba con el camino que tomar: pausa o vértigo. El Racing no se salió tampoco de su carril y apretaba arriba. El segundo gol, de penalti, le subió al Zaragoza las llamas por el pantalón. Víctor, entonces, sacó el manual de las soluciones desesperadas: Linares al campo por Vigaray y nuevo sistema. El Yamiq cerraba en la derecha, Atienza en el centro y Nieto en la izquierda de una línea de tres. Álex Blanco pasó a la derecha, Soro se filtró por dentro y Puado volvió a la izquierda, con dos puntas arriba. Por inercia de la ventaja, el Racing dio un paso atrás, pero su triunfo no parecía peligrar… Hasta que, de nuevo, cuando peor pintaban las cosas, el Zaragoza encontró un gol en una acción de balón parado, con un inaudito cabezazo de Blanco, salvando su condición de invicto de 2020 y recordando que en un punto en Segunda División vale tanto como el sudor que cuesta ganarlo.

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