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Las trampas de Segunda

El Racing recordó al Zaragoza las dificultades que entraña cada jornada en una categoría plagada de minas.

Racing - Real Zaragoza / 29-02-2020 / Foto: Alberto Losa / LOF
La afición zaragocista, en las gradas de El Sardinero.
Alberto Losa

Por si a alguien se le había olvidado la categoría en la que juega el Real Zaragoza –y de la que trata de escapar desde hace ya siete temporadas–, el partido de anoche en Santander sirvió de recordatorio. De advertencia. De señal luminosa en la carretera. El equipo aragonés comparecía en El Sardinero aupado por una sobresaliente serie de resultados –cinco triunfos y tres empates en las últimas ocho jornadas–, instalado en la segunda posición y en una ola creciente de –merecidos– elogios en las últimas semanas. El Real Zaragoza era un cohete, un avión que parecía imparable y visitaba a un Racing colista, con solo tres triunfos en su casillero y con la defensa en cuadro. Los condicionantes para el observador neutral apuntaban a un ‘2’ fijo en la quiniela. Huyendo de forofismos, por pura lógica y sensatez, el Zaragoza era el favorito número uno al triunfo anoche.

Pero la Segunda División es la Segunda División. Es una categoría que no admite relajaciones, que esconde trampas dobles en cada esquina. Cada encuentro está plagado de minas y salir vivo de ella supone un ejercicio de paciencia, regularidad y concentración durante 42 jornadas. Esta liga no admite errores, sea tu rival el primero o el último, y el Racing de Santander se encargó ayer de rememorarlo a todos. El Zaragoza no estuvo cómodo en El Sardinero, con futbolistas como Kagawa o Burgui que nunca le encontraron la onda al partido. Víctor Fernández apostó por el japonés en la alineación, quería reincorporarlo a la dinámica positiva del equipo, meterlo en la ola buena para sumar un activo útil a la plantilla para el tramo final... y de nuevo pasó de puntillas por el partido, hasta tal punto que fue reemplazado en el descanso por Soro.

Guti y Eguaras no engarzaron con fluidez con el ataque, el equipo se partió en dos, especialmente en la primera mitad, y sufrió para contener a un Racing de Santander que le metió corazón al partido, sabedor de que la de ayer era una de sus últimas balas para sostener su plaza en Segunda. Los locales fueron puro sentimiento, jugando al límite de sus fuerzas y de su fútbol. Y con eso le dio para ser mejor que el Zaragoza en gran parte del encuentro. Sin embargo, este Zaragoza –que en otras temporadas hubiera sucumbido sin duda a las trampas del Sardinero– también sabe dónde está, cuál es hoy su categoría. Por eso, en una mala noche, en un partido gris e irregular, capturó un empate de gran valor, que le aleja a cinco puntos del Almería, que perdió en Cádiz, y del Huesca, que empató en casa con el Extremadura. De regalo, el empate lleva adjuntada una lección valiosa en lo que resta de temporada: la Segunda División sigue siendo la Segunda División. No ha cambiado ni cambiará. Para lo bueno y para lo malo. Partidos como el de ayer habrá más de aquí al mes de mayo.

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