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Deportes

Dos metros, 5.000 calorías diarias y una máquina de 'limpiar' récords

Ryan Crouser, el flamante plusmarquista mundial de lanzamiento de peso en sala, busca superar la barrera de los 23 metros al aire libre y borrar de los libros al dopado Barnes.

El flamante plusmarquista mundial de lanzamiento de peso en sala, Ryan Crouser, en el Mundial de Doha de 2019
El flamante plusmarquista mundial de lanzamiento de peso en sala, Ryan Crouser, en el Mundial de Doha de 2019
KAI PFAFFENBACH/REUTERS

Dos batidos de proteínas, gachas de avena con crema de cacahuete, frutos rojos y granola en el desayuno. Un plato de macarrones con queso, un bol de arroz, cuatro pechugas de pollo y dos rebanadas de pan para comer. De cenar, lo mismo, pero con algo de fruta y verdura. Luego toca 'recena' y si tiene hambre, que no suele, un postre. Cumplir con semejante dieta de 5.000 kilocalorías diarias no es sencillo, aunque Ryan Crouser no tiene elección: es la única forma de mantener su cuerpo de 201 centímetros en 145 kilos, los justos y necesarios para convertirse en uno de los mejores atletas de la historia. En camino está.

Por de pronto, a sus 28 años Crouser ya luce en el currículum un oro olímpico y el récord mundial bajo techo en lanzamiento de peso. El oro lo ganó en Río 2016, donde llegó tras imponerse en los 'trials' estadounidenses y de donde salió, además, con el récord de los Juegos (22.52 m). La plusmarca en pista cubierta la batió el pasado domingo en Fayetteville, Arkansas, tirando el artefacto de 7.26 kg a 22.82 metros en su primer intento. Tan lejos que se salió de la zona delimitada para el lanzamiento en el Randal Tyson Track Center. En su tercera tentativa, Crouser volvió a superar con 22.70 m el antiguo récord mundial de su compatriota Randy Barnes, que lanzó a 22.66 m en 1989, hace ya 32 años.

"Lograrlo era uno de mis objetivos, pero sobre todo era un escalón hacia el récord del mundo al aire libre y la barrera de los 23 metros", aseguró Crouser. Y es que a lo largo de la historia solo dos hombres han llegado más allá de esa cifra icónica: el alemán oriental Ulf Timmermann (23.06 m) y Randy Barnes (23.12 m), ambos salpicados por la polémica. Uno, por el conocido dopaje de estado en la RDA. El otro, por dar positivo en esteroides en dos ocasiones: la primera, tres meses después de batir la plusmarca global en 1990; y la segunda, en 1998, que le costó una sanción de por vida.

Favorito número uno a revalidar el oro olímpico, Crouser es junto a Joe Kovacs y Alessandro Andrei el tercero en el ranquin histórico con 22.91 metros. Bata o no el récord de Barnes, es indudablemente el mejor lanzador de peso de todos los tiempos, el más consistente. Prueba de ello es que ha superado los 22 metros en 107 ocasiones a lo largo de su vida, 68 más que el siguiente en esa lista, Timmermann con 39.

Al margen de su oro olímpico en Río, el palmarés de Crouser incluye una plata mundial en Doha 2019, seis victorias en la Diamond League, cinco títulos de Estados Unidos y cuatro de la NCAA con los Longhorns de Texas. Allí se graduó en Económicas e hizo un máster en Finanzas (el programa era de dos años y lo acabó en uno), y tan arraigado se siente al estado sureño que celebra cada éxito con el típico sombrero texano.

Doce cervezas y como nuevo

El personaje de Crouser, uno de los más carismáticos, no acaba ahí. Curiosamente, logró la plusmarca en sala en el Randal Tyson Center de la Universidad de Arkansas, una pista familiar para él, ya que desde hace dos temporadas colabora como entrenador asistente voluntario en el cuerpo técnico de los Razorbacks. Además, es el único atleta que puede presumir de haber batido un récord mundial con la gorra, literalmente.

Y puestos a fanfarronear, resulta poco probable que haya otro deportista de élite en el planeta capaz de igualar otra de sus 'hazañas': beberse doce latas de cerveza (tres litros) una noche y a la mañana siguiente entrenar como si nada. Y levantar, por ejemplo, 317 kilos en sentadilla y 226 en press de banca.

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