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Netflix desmonta a la familia Romanov

El documental‘Los últimos zares’ no deja a nadie indiferente. Mitad reportaje y mitad drama, sus gazapos han causado risas en Rusia, pero su aura mágica atrapa a los espectadores

Los miembros de la familia Romanov
Nicolás II y su esposa, Alejandra, junto a sus cinco hijos:María, Olga, Tatiana, Anastasia y Aleksei.
Netflix

Netflix estrenaba esta semana la miniserie ‘Los últimos zares’, que narra la historia de la familia Romanov, que mantuvo las riendas del poder en Rusia desde el siglo XVIIhasta que, tras la Revolución Rusa, fueron asesinados todos sus miembros. Una serie que recuerda a la premiada ‘The Crown’, aunque con mucho menos presupuesto, pero que, a diferencia de la ficción sobre Isabel II, está jalonada por entrevistas a expertos. «Precisamente, cuando veíamos ‘The Crown’ echábamos en falta poder parar el capítulo y buscar información al respecto. Así, ‘Los últimos zares’ añade distintas opiniones que ayudan a entender el momento histórico», dicen desde la productora Nutopia, que tiene como ambición traer un nuevo estilo de ficción a nuestras vidas, bautizado como ‘megadoc’.

La serie sitúa al espectador en importantes hechos de la familia, como la influencia de Rasputín, el enigma de Anastasia, los tejemanejes de Sergei, el tío de Nicolás, o la delicada salud del pequeño Alexei. Todo ello permite explicar por qué Nicolás II tomó las decisiones que alimentaron una revolución que cambiaría para siempre la historia del país y borraría la que era la dinastía más poderosa del mundo.

Porque Nicolás II tomó muy malas decisiones. Por ejemplo, la coronación en la que prometió regalos a una población extremadamente pobre y que concluyó con miles de muertos por aplastamiento. O la guerra contra Japón, de la que Rusia salió derrotada y demostró que era más débil de lo parecía. Y, finalmente, la decisión de llevar personalmente la estrategia durante la I Guerra Mundial.

Por la gracia de Dios

Pero es que, como se puede entender gracias a los expertos que participan en la serie, Nicolás II se creía heredero al trono por derecho divino. Esa patraña, con la que durante siglos se adoctrinaba a la plebe para que aceptase los privilegios de la monarquía, era dogma para el zar de Rusia. Por otro lado, era el heredero de un trono que durante 300 años había funcionado a base de batalla y conquista, sin plan alguno. ¿Qué otra cosa iba a hacer Nicolás II excepto ofrecer limosna al pueblo, defender las fronteras del impulso japonés y asumir el mando en una guerra entre países?

No ha gustado mucho la serie en Rusia. Tampoco es que sea un país que vea con agrado producciones occidentales interpretando su historia. Si Putin anunció que habría una producción rusa para «explicar bien» el desastre de Chernobyl y contrarrestar así la versión de la docuserie de HBO, a lo mejor también se propondrá crear su propia ficción sobre los zares. Así, quizá en los planos correspondientes a 1905 no se verá al fondo el mausoleo de Lenin, y en la biblia que lee Nicolás II no se mezclarán caracteres cirílicos y latinos, como pasa con el ‘megadoc’ de Netflix.

Recreación de Netflix de la familia real rusa
Recreación de Netflix de la familia real rusa
Netflix

Y hay más errores, como cuando el narrador llama a la Duma «el gobierno electo» cuando en realidad se trata del Parlamento ruso. Además, a Anastasia y Milica, las hijas del rey de Montenegro, que residían en palacio, se las denomin ‘princesas negras’, confundiendo el término ‘negro’ con el de ‘montenegro’. Lo que indica que los de Nutopia no han hablado con ningún rusoparlante y, quizás, ni siquiera se han molestado en buscar en Google.

Escarceos incluidos

Y, cómo no, tenía que haber también escarceos sexuales en la corte. Es una de las marcas de identidad de las series de época que triunfan hoy en día. Es imposible ver ‘Versalles’ o ‘Los Tudor’ o cualquier ficción anterior al siglo XXsin que dé la impresión de que la corte es un berenjenal. ‘Los últimos zares’ tiene también su momento con las relaciones de Rasputin o con la princesa María disfrutando con un bochevique. Pero son males menores que tampoco deslucen la trama.

Para los amantes de la ficción histórica, ‘Los últimos zares’ es, en realidad, un regalo. Pocas veces se puede disfrutar de una serie en la que se intenta (gazapos aparte) ofrecer un contexto al espectador que vaya más allá del drama. Y eso que con los zares había todo tipo de argumentos que podían haber exprimido, empezando por Rasputín. En su lugar, se intenta explicar cómo un régimen puede caer si los errores se acumulan en el tiempo, si las condiciones de la población empeoran, si los que más tienen acumulan aún más riquezas. Quizá necesitamos más ‘megadocs’ para explicar la historia y entender el mundo que nos rodea.

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