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El vecino de Ejea que mató a un joven de un disparo actuó para defenderse, según la Fiscalía

El homicidio se produjo en febrero de 2022 en casa del detenido, donde la víctima y tres amigos entraron por la fuerza de madrugada armados con palos.

La Guardia Civil, cerca de la vivienda donde ocurrió el homicidio, en febrero de 2022.
La Guardia Civil, cerca de la vivienda donde ocurrió el homicidio, en febrero de 2022.
Oliver Duch

Alfonso G. G., de 59 años, será juzgado por un tribunal popular por la muerte de un disparo de escopeta de Manuel C. H., de 21 años, ocurrida en la madrugada del 25 de febrero de 2022. El homicidio se produjo en el domicilio del acusado de Ejea de los Caballeros, donde la víctima y tres amigos suyos habían entrado de madrugada por la fuerza, armados con palos y varas y retando a sus moradores, especialmente a Alfonso G. G. y a su hijo David G. H., a que salieran a la calle para matarlos.

La reyerta terminó de la peor manera posible, ya que el acusado, después de que le rompieran la nariz de un golpe y atacaran a su hijo con una empuñadura metálica, apuntó con la escopeta y disparó alcanzando en el pecho a Manuel C. H., conocido como Mikel. Acto seguido recargó el arma y apretó de nuevo el gatillo e hiriendo en un hombro a Ángel C., en ese momento de 17 años, quien sufrió una fractura de húmero. Tras esta reacción, tanto el herido como los sus acompañantes salieron corriendo de la vivienda dejando allí a Manuel C. H., cuyo cuerpo fue sacado a la calle por el acusado y su hijo.

El jurado que vea este caso deberá decidir si, como cree la abogada de Alfonso G. G., Marina Ons, su representado actuó en legítima defensa y debe ser absuelto por eximente completa de responsabilidad o si, como mantiene la Fiscalía, la actuación fue ciertamente defensiva, pero podría haber buscado otro resultado menos lesivo. Por esa razón, el Ministerio Público cree que la eximente es incompleta y solicita una pena de seis años de prisión por el homicidio y dos por las lesiones agravadas causadas a Ángel C. A David G. H. lo llegó a imputar en un primer momento, pero finalmente solicita que se archive la causa contra él.

Postura completamente distinta sostiene la acusación particular, ejercida por la letrada Jennifer Gil en nombre de los padres del fallecido, que pide 20 años de prisión por asesinato para Alfonso G. G. y otros 20 para su hijo David, para quien solicita un año más por tenencia ilícita de armas. La acusación intentará convencer al jurado de que ambos actuaron de manera sorpresiva y amparados en la oscuridad de su casa sin dar ninguna posibilidad de defensa a la víctima.

La versión de los hechos, según una u otra parte, difieren sustancialmente. El acusado, en su declaración ante el juez de Ejea, contó que sobre la una y media de la madrugada de aquel viernes, 25 de febrero, Manuel C. H., Ángel C. C., Jonathan G. B. y Noé C. B., vecinos de Gallur, se presentaron delante de su casa de dos plantas, situada en la calle de Juliana Larena, en el barrio de La Corona. 

"Baja, que te vamos a matar, hijo de puta", "no sabes quien soy, el Mikel"

Entre las familias de unos y otros existían desavenencias no aclaradas y el grupo comenzó a lanzar improperios y a exigir a gritos a los moradores que salieran a la calle. "Baja, que te vamos a matar, hijo de puta", "no sabes quien soy, el Mikel" o "David, baja que te vamos a matar, maricón" fueron algunas de las frases que profirieron, según los acusados.

Las hijas de Alfonso G., una menor de edad, se asomaron a una ventana y les pidieron que se marcharan porque su padre estaba enfermo -lo habían operado días antes y estaba convaleciente-, a lo que contestaron: "Venimos a rematarlo".

Según su versión, los cuatro jóvenes usaron los palos y que portaban para golpear la puerta hasta que la desencajaron del marco y accedieron al interior de la vivienda. La familia se había refugiado en la planta superior y Alfonso G. G., temiendo por la integridad de todos, cogió una de sus escopetas de caza, para la que tenía licencia, y bajó las escaleras acompañado de su hijo David, que fue quien recibió los primeros golpes.

El padre salió en su defensa y le rompieron la nariz de un bastonazo. Manifestó que entonces pensó que iban a matar a su hijo y, en un momento dado, retrocedió, separándose de Manuel C. H. hasta una distancia de un metro o metro y medio y disparó, provocándole la muerte de manera instantánea, ya que le dio de lleno en el pecho. Luego volvió a cargar e hirió en el hombro al menor de edad.

Para el fiscal, estos hechos constituyen un delito de homicidio y otro de lesiones agravadas de los que es responsable a Alfonso G. G. Además de la pena de cárcel, solicita que indemnice con 70.000 euros a cada uno de los progenitores de la víctima y con 30.000 a los tres hermanos que tenía. Para el herido reclama una compensación de 16.609 euros.

El Ministerio Público también culpa a los tres jóvenes de las amenazas y    lesiones sufridas por el acusado y su hijo y solicita para ellos penas de un año de prisión para cada uno y dos multas de 720 euros, así como una indemnización conjunta de 4.013 euros por las lesiones que ocasionaron al padre.

La acusación particular, por su parte, discrepa de esta versión y asegura que el grupo de jóvenes pasó por casualidad por delante de la casa de la calle de Juliana Larena y que fueron los ocupantes de la misma quienes les llamaron la atención. El intercambio de palabras con Alfonso G. G. y su mujer se prolongó durante diez minutos y la tensión aumentó hasta que este les dijo que "esperaran" que iba a bajar a la calle con su hijo David.

Según la acusación, los dos prepararon las escopetas, bajaron a la planta calle, abrieron la puerta y, "amparados en la oscuridad", dispararon alcanzando a Manuel C. H., que cayó "fulminado". Hubo un segundo disparo que hirió a Ángel C. y, cuando oyeron que recargaban de nuevo, cogieron a este en volandas y se marcharon del lugar. Mantiene igualmente que los acusados modificaron la escena del crimen sacando el cuerpo del fallecido a la calle, ya que impedía cerrar la puerta, sin prestarle ayuda.

La Policía Local de Ejea fue requerida por los acusados y tardó tres minutos en llegar al lugar y, según la versión de la acusación, David G. H. portaba una escopeta con la que encañonó a los agentes, aunque entregó el arma en cuanto se la pidieron.

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