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patrimonio

Oxígeno para un trocito desconocido de la historia de Zaragoza

Se acaban de iniciar los trabajos para que respiren mejor las paredes de la cripta de la iglesia del Hospital Provincial, donde descansan los restos de decenas de heroínas de los Sitios.

La cripta de la iglesia de Nuestra Señora de Gracia presenta humedades.
La cripta de la iglesia de Nuestra Señora de Gracia presenta humedades.
Heraldo

La del Pilar, la de la iglesia de la Magdalena o la de Santa Engracia son algunas de las criptas más conocidas -y aún así sorprendentes- de la ciudad. Hay otra, sin embargo, que resulta especialmente emotiva para los zaragozanos, dado que en ella se conservan los restos de muchas heroínas de los Sitios: la cripta de la iglesia de Nuestra Señora de Gracia, esto es, del Hospital Provincial.

Desde hace unos días, en el enrejado de su parte exterior, junto a la leyenda ‘Domus infirmorum urbis et orbi’ (‘Casa de los enfermos de la ciudad y del mundo’) puede verse un cartelito con una licencia de obra de la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza por el que se autoriza una “reforma del interior de la cripta”.

“Son trabajos para luchar contra las humedades. Periódicamente se han venido haciendo labores de mantenimiento, pero ahora se está repicando la pared para tratar de sacar el ladrillo original y procurar que los muros respiren mejor”, explica el capellán Alejandro Latorre. "Lo esencial de la intervención consiste en rehacer los revestimientos internos con morteros deshumidificantes. Después habrá que procurar también una plan adecuado de ventilación para todo el espacio que se encuentra bajo la iglesia", comenta el arquitecto Alejandro Deán Álvarez-Castellanos, cuyo estudio se ocupa de los trabajos. Según informan desde el Ayuntamiento, que ha autorizado las obras dado que se trata de un Bien de Interés Monumental, la labores no afectan al patrimonio protegido, que no es escaso tanto en el interior de la iglesia.

“Son muchos los atractivos del templo. Está el retablo de José Luzán, pintor aragonés que fue maestro de Goya. Es un gran óleo sobre lienzo de más de cinco metros de altura. También el llamado Cristo de los artistas, que es una talla de Juan de Ancheta, cuyo nombre viene de una misa tradicional en esta iglesia promovida por los artistas zaragozanos cada 23 de abril”, explican.

La placa en recuerdo a los nichos donde estuvieron la madre Rafols y Juan Bonal.
La placa en recuerdo a los nichos donde estuvieron la madre Rafols y Juan Bonal.
Heraldo

La cripta, no obstante, aún resulta muy desconocida, “aunque son cada vez más los curiosos que ven las escaleras y se preguntan por si pueden visitarla”, cuenta el capellán sobre la que debería ser una de las paradas obligadas en cualquier ruta de los Sitios. No en vano, ahí están enterradas algunas religiosas de la Caridad, mártires anónimas de los Sitios, y hasta octubre de 1925 se conservaban también los restos de la madre María Rafols, superiora de las religiosas de Santa Ana, como puede leerse en una placa cerámica en la propia cripta, donde aún se conserva un trozo del velo de la hermana. Cuentan que aquella ceremonia de la que van a cumplirse cien años se hizo con todo protocolo y “rindiéndole la ciudad grandes honores, armón enjaezado y escolta incluida”. Los restos de la madre Rafols, al igual que los del sacerdote Juan Bonal (fundador de la orden en 1804) descansan hoy en la Casa General de la Congregación de Hermanas de la Caridad de Santa Ana.

Sobre la cripta de la iglesia del Hospital Provincial, el exégeta Fernando Solsona solía pedir que se reparara en las lápidas en las que consta la edad de las monjas difuntas porque casi todas murieron muy jóvenes cuidando a los enfermos y enfrentándose a los franceses. Fue “por su abnegación en el cuidado de los enfermos” en pleno segundo Sitio lo que les hizo merecedoras de una “página de gloria de la congregación y de la ciudad”, escribió en su día el que fuera presidente de la Real Academia de Medicina y uno de los mayores conocedores de la procelosa historia del Hospital Provincial.

En 1925 fueron exhumados y trasladados con todos los honores los restos de la madre Rafols

Solo la cripta del Portillo puede ‘rivalizar’ con la de Nuestra Señora de Gracia en lo que a ser testigo de la sublime defensa de Zaragoza se refiere. Allí se conservan los restos de Agustina de Aragón, en el llamado Panteón de las Heroínas, en la capilla que se sitúa a la derecha del altar mayor, junto a otras dos defensoras de Zaragoza: Casta Álvarez y Manuela Sancho. Los restos de las tres heroínas fueron recientemente exhumados para un programa de televisión. En la cripta que nos ocupa hay más heroínas anónimas e, incluso, existen numerosos nichos ‘sin inscripción’, pero de los que está documentando que los ocupan hermanas de Santa Ana.

Salvo que hubiera que llevar a cabo “labores adicionales”, las obras en la cripta no implicarán el movimiento de las sepulturas. El saneado de las paredes, algunas deterioradas también por filtraciones, incluirá solados y un tratamiento para eliminar las patologías de los paramentos, como se hizo también hace cuatro años en la zona de la valiosa farmacia el Provincial. "Aunque el nivel freático está mucho más bajo, por algún motivo -quizá filtraciones de arquetas- todo el conjunto lleva sufriendo humedades varios años", comenta el arquitecto Alejandro Deán, que explica que la última gran intervención en la cripta la hizo la DPZ allá por los años 1979 y 1980. "Entonces estaba, incluso, tapada la escalera de acceso. Se encontró bajo los confesionarios de la iglesia".

Exterior e interior de la iglesia de Nuestra Señora de Gracia.
Exterior e interior de la iglesia de Nuestra Señora de Gracia.
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Quizá cuando se renueve la cripta -que incorporará también una iluminación más acorde- podría recibir más visitas que en la actualidad y convertirse así en otro de los reclamos de una iglesia muy conocida por los zaragozanos dado que es escenario habitual de numerosas bodas. Ubicada a la altura del número 60 de la calle de Ramón y Cajal, en todos los álbumes familiares aparecen fotos con serpentinas o lluvia de arroz frente a su sencilla fachada de ladrillo y una hornacina con la Virgen y el Niño. Explican los expertos que arquitectónicamente lo más interesante es la gran cúpula que no tiene tambor y descansa en cuatro pechinas, cubiertas de pinturas de artistas italianos.

Hay que recordar que en origen este espacio fue conocido como Hospital de Convalecientes y fue fundado en 1777 por el arzobispo Diego Castrillo, cuyo escudo aún figura en la fachada. De hecho, el originario Hospital Nuestra Señora de Gracia se ubicaba en el Coso, en donde está actualmente el Banco de España, pero fue destruido por completo tras un bombardeo en agosto de 1808. Así, este inmueble asumió forzosamente aquellas funciones muy penosas en la época de la guerra cuando apenas había tres médicos y otros tantos cirujanos para atender a una ingente cantidad de heridos. 

Y fue entonces cuando surgió la figura de la madre Rafols, de la que siempre se recuerda que “no manchó sus manos con la sangre de los combates, pero sus hábitos a buen seguro quedaron marcados por la sangre de los heridos a los atendió su congregación”. Situado en la calle que lleva su nombre, en el convento de las hermanas de la caridad de Santa Ana, puede verse un museo de reliquias y su sepultura, custodiada bajo cuatro llaves: una para el alcalde, otra para el presidente aragonés, otra para el arzobispo y otra para la superiora de la orden.

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