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Un hospital musulmán con alfombras y teteras en pleno centro de Zaragoza

Durante la Guerra Civil se habilitó un hospital para heridos musulmanes del frente, que incluso contaba con mezquita y fakir.

Teteras de orfebrería sobre bajas mesitas. Tapices, espejos, bandejas y otros elementos decorativos de aires moriscos en las paredes. Alfombras como suelo y cojines o divanes como asiento. El legado fotográfico y algunos reportajes de prensa de la Guerra Civil describen así el conocido como 'salón del moro' del hospital musulmán de Zaragoza. De fondo, cuentan que se escuchaba el rumor de las oraciones procedente de la mezquita del propio hospital.

"La alimentación característica, rezos, abluciones y ritos funerarios recomendaron la creación de hospitales específicos para su asistencia", explica el doctor Luis Alfonso Arcarazo García, en 'Guerra Civil Aragón. Zaragoza'. Se inauguró el 15 de octubre de 1936, en lo que era la delegación de Hacienda, en una de las esquinas de la plaza de los Sitios.

Hospital musulmán de Zaragoza, ubicado en la plaza de los Sitios de Zaragoza durante la Guerra Civil.
Varios convalecientes, algunos amputados, con personal del hospital.
Archivo Heraldo de Aragón

Era un centro dotado de quirófano y aparato de rayos X. Imágenes en blanco y negro muestran largas habitaciones con hileras de camas a ambos lados, de cabecero y pies metálicos. Convalecientes de origen africano posan tumbados, rodeados de jóvenes enfermeras de blanco impoluto y cofia en la cabeza.

Hospital musulmán de Zaragoza, ubicado en la plaza de los Sitios de Zaragoza durante la Guerra Civil.
Hospital musulmán de Zaragoza, ubicado en la plaza de los Sitios de Zaragoza durante la Guerra Civil.
Archivo Heraldo de Aragón

En 'Guerra Civil Aragón. Zaragoza', Arcarazo detalla que en un primer momento hubo 40 camas, aunque llegaron a ser 400 al usar las siete plantas. El incremento del número de heridos hizo que se tuviera que habilitar otro pabellón en el Grupo Escolar Gascón y Marín –donde también se ingresaban heridos- y más tarde el colegio de los Corazonistas –reservado para los enfermos-. En total, sumando las camas de las tres sedes, se llegaba a las 800. A pesar de que pudieran parecer muchas, en algunos momentos las necesidades obligaron a trasladar enfermos al Hospital Provincial. De hecho, el doctor Arcarazo cuenta que en algunos casos dos heridos compartían una sola cama, que también descansaban sentados en los pasillos y escaleras o postrados en camillas en el suelo. Se calcula que por estas instalaciones pudieron pasar unas 39.000 personas.

Sus camas fueron ocupadas por heridos del frente de Brunete, Belchite, Teruel o del Ebro, también de Jaca, Aguarón, Fayón, Caspe, Teruel, Lérida o Tremp. En su mayoría eran áskari, soldados, cabos o sargentos, heridos por arma de fuego o enfermos de tuberculosis. Si un ingresado fallecía sin identidad, era fotografiado para ser identificado en el futuro, dice Arcarazo. En la descripción del cementerio musulmán de Torrero, se apunta que allí se enterró a los combatientes musulmanes marroquíes muertos en la capital aragonesa en los años de la Guerra Civil

"Atienden y cuidan a todas la horas del día y de la noche"

Este centro era totalmente "autosuficiente", destaca Luis Alfonso Arcarazo. El personal del hospital estaba formado por indígenas, destinados al sacrificio de reses o enfermeros, considera Arcarazo en la mencionada obra. Médicos, la comunidad de Hijas de la Caridad y un centenar de enfermeras a turnos cuidaban de los pacientes, la mayoría de ellos ataviados con turbantes, chilabas y babuchas. Un intérprete facilitaba la comunicación entre ambos. En las sucesivas informaciones relativas al hospital se alababa el servicio prestado: "Atienden y cuidan a todas la horas del día y de la noche".

Hospital musulmán de Zaragoza, ubicado en la plaza de los Sitios de Zaragoza durante la Guerra Civil.
Un grupo de enfermeras junto a Joaquín de Benito, director del centro.
Archivo Heraldo de Aragón

Entre sus servicios también había una sección de costura, como se mencionaba en un reportaje de este periódico, con decenas de mujeres a la aguja y el dedal. En los fogones varias fuentes mencionan a Sor Martina, quien cocinaba junto a pinches marroquíes. "Figúrese que en el día de nuestra visita tenían para comer huevos, merluza, cordero y un cuarto de gallina por cabeza. Esto sin contar con la leche, que beben en abundancia, y el té", describió el plumilla de HERALDO en un reportaje.

Los ingresados eran guiados con la figura del fakir. "Es el que preside y orienta el vivir de los moros hospitalizados. Él se encarga personalmente de preparar la comida y de realizar los sacrificios con arreglo a los ritos de su religión", pudieron leer los lectores de este diario en junio de 1937.

El hospital era visita obligada para las autoridades que venían de fuera, como a principios de marzo de 1937 cuando el Gran Visir se camufló entre los blancos uniformes de las enfermeras.

Hospital musulmán de Zaragoza, ubicado en la plaza de los Sitios de Zaragoza durante la Guerra Civil.
El Gran Visir, en el hospital musulmán de Zaragoza.
Marín Chivite | Archivo HERALDO

Este centro hospitalario formaba parte de la red sanitaria de la ciudad. En los años de la contienda, Zaragoza era "un seguro de vida" a juicio de los soldados, ya que en caso de ser heridos tenían la opción de ser atendidos en "verdaderos hospitales", no como ocurría en Cataluña o Valencia, donde existía cierta “precariedad sanitaria”, se menciona en 'Guerra Civil Aragón. Zaragoza'.

La implicación de la ciudad por el hospital era tal que en la prensa de esos años abundan los anuncios y los agradecimientos por los actos organizados por la sociedad zaragozana. En octubre de 1936 se celebró un festival en el Teatro Principal, como "homenaje de simpatía al Hospital Musulmán", se publicó en las páginas de HERALDO.

Y también hubo un matadero musulmán

En el Cuartel de Agustina de Aragón se alojaba la Mehal-la-Jalifiana y levantaron un matadero musulmán. "Las condiciones en que sacrificaban a las reses al aire libre no pareció al mando las más oportunas", apunta el doctor Arcarazo. El edificio es de ladrillo, de una planta y tejado a dos aguas. Las fuerzas de la Mehal-la-Jalifiana no podían comer carne que no hubiera sido sacrificada por un matarife de su raza y bajo el rito musulmán. En 1940, con la posguerra, perdió esta función.

El 2 de mayo de 1939 fue el último día del Hospital Musulmán, fecha cuando los ingresados fueron trasladados al Grupos Escolar de Joaquín Costa, también habilitado como centro sanitario. Tras varias reformas, el edificio en la actualidad aloja al departamento de Hacienda y Administración Pública del Gobierno de Aragón. Ningún vestigio queda de su pasado como hospital, más allá de las fotografías antiguas y los reportajes que dan testimonio de que hubo un hospital musulmán a orillas del Ebro.

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