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El solsticio de invierno vence, por fin, su batalla a la niebla

Este lunes se ha podido ver, aunque ya un poco escorada, la alineación de los rayos solares con la calle Mayor de Zaragoza.

Se ha hecho esperar, pero un solsticio tardío se ha asomado esta mañana sin niebla.
Se ha hecho esperar, pero un solsticio tardío se ha asomado esta mañana sin niebla.
HERALDO.ES

La persistente niebla de las últimas dos semanas truncó hace cinco días una de las más bellas estampas de diciembre en el Casco Histórico zaragozano. El martes se producía el solsticio de invierno que hacía que los rayos solares se proyectaran sobre la calle Mayor, en recuerdo del rito fundacional de la ciudad, pero la jornada fue encapotada y con de densa niebla en todo el valle del Ebro. Esta mañana, por fin, y aunque la alineación ya no es milimétrica, se ha podido ver una suerte de solsticio tardano y los rayos del sol han dorado las calzadas y aceras de la calle Mayor (antiguo Decúmano Máximo).

Como recuerda el arquitecto y experto en geometría sagrada Carlos Martín La Moneda, el solsticio que se da el 21 de diciembre significa “sol quieto” y es así porque durante tres días el astro rey permanece más o menos en la misma posición respecto a la bóveda celeste. Ese el momento en el que el sol ocupa su posición más al sur y conlleva que sea el día más corto del año. Han pasado tres y también seis días desde esa posición idónea, pero hoy aún pueden disfrutarse algunos ‘restos’ del solsticio, que en años anteriores ha encandilado a ‘instagramers’ e ‘influencers’. Muchos ciudadanos se sorprendían esta mañana al ver el fenómeno astronómico, tanto por la calle Mayor como en el cruce de San Vicente de Paúl o por la zona de Doctor Palomar. Unos trataban de sortear el reflejo con sus manos mientras otros preferían sacar el teléfono móvil e inmortalizar la estampa. A partir de ahora y hasta el solsticio de verano, el 23 de junio, los días se irán poco a poco haciendo más largos y la luz ganará simbólicamente la batalla a la oscuridad, que es lo que también se expresa en Navidad: la tradición pagana se sacralizó con el nacimiento de Jesús.

Pero, ¿por qué este un rito se considera un momento trascendental para Zaragoza? Carlos Martín La Moneda explica que cuando los romanos diseñaron la ciudad miraron a los cielos buscando una cualidad cósmica: que el sol simbólicamente fecundara la tierra. Así, los augures de hace dos mil años utilizaron picas y proyectaron sus sombras para determinar la ubicación precisa en la que debían situar sus calles principales para procurar un equilibrio entre lo cósmico y lo telúrico. Se hizo así y en este fecha porque “la ciudad buscaba una ciudad iniciadora, tenía que ser precursora de un comienzo”. Sobre los restos del poblado ibero de Salduie se fundó el nuevo asentamiento una de las metrópolis más importantes de la península, a la que -de hecho- le pusieron el nombre del emperador. “Augusto quiso hacer aquí una ciudad fundacional de Hispania”, explica el arquitecto.

Al margen de la historia, el solsticio también hace que las personas que lo contemplan reconecten con su parte más espiritual al volver a prestar atención a una naturaleza, que de cotidiano pasa desapercibida. Se han podido ver numerosos ritos estos días en Stonehenge y en otros lugares telúricos del planeta y la calle Mayor de Zaragoza bien podría ser otro de ellos. “Todas las civilizaciones, desde el megalitismo, han prestado atención a los astros con el propósito de alcanzar un equilibrio”, explica Martín La Moneda, que cree que muchos avisatadores del solsticio siente cómo se vuelven a reenganchar con su interior y su “identidad sagrada”. “Somos una cultura muy racional y todo el conocimiento vinculado con la naturaleza, los sentimientos y la parte femenina se ha ido dejando atrás. Ahora, de forma espontánea con este tipo de actos, tratamos de recuperar esa otra polaridad”.

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