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día del pilar

Más zonas verdes y buses eléctricos para cumplir las exigencias de la OMS

La ampliación de las zonas verdes y la renovación de las flotas de vehículos serán algunas de las actuaciones en la capital aragonesa para luchar contra el cambio climático.

El nuevo autobús eléctrico, junto al palacio de Congresos de la Expo.
El nuevo autobús eléctrico, junto al palacio de Congresos de la Expo.
Miguel Gracia/Ayuntamiento de Zaragoza

La capital aragonesa ha reducido sus emisiones contaminantes un 20% en los últimos quince años. La renovación del parque de vehículos por motores menos nocivos, la llegada del tranvía y la apuesta por un urbanismo más pensado en el peatón y el ciclista que en el coche particular han propiciado esta mejora. Pero el Ayuntamiento quiere ir más allá y se ha fijado como objetivo convertirse en 2030 en una ciudad «climáticamente neutra». Para ello será fundamental la implantación de medidas de eficiencia energética así como la ampliación de las zonas verdes –con el Bosque de los zaragozanos como proyecto estrella– o las restricciones al tráfico privado, en especial en la zona centro.

Sin embargo, pese a la tendencia favorable que marcan los indicadores de emisiones en la ciudad, hay un amplio margen de mejora tras la revisión a la baja de los niveles máximos recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Con los nuevos criterios, la concentración anual recomendada de dióxido de nitrógeno (NO2), un contaminante cuya principal fuente es el tráfico rodado, ha pasado de 40 a 10 microgramos por metro cúbico.

Ni Zaragoza, ni la mayoría de las ciudades europeas cumplen con esos requerimientos. Según un reciente estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona, la capital aragonesa podría evitar 225 muertes al año si redujera su nivel de contaminación hasta los límites que recomienda la OMS, lo que la sitúa en el quinto peor puesto de la clasificación nacional y en el 192 de toda Europa.

En Zaragoza, el 44% de las emisiones proceden del sector industrial, el 29% del residencial y el 20% de la movilidad. De ahí que la estrategia a seguir para luchar contra el cambio climático deba ser global. En materia de movilidad, el Ayuntamiento pondrá en marcha el próximo año una zona de bajas emisiones en el centro de la ciudad, donde no podrán acceder los vehículos más contaminantes. Además, a partir de ahora solo se incorporarán buses eléctricos a la flota municipal. Cada unidad evitará la emisión de 1.700 toneladas de CO2 a lo largo de su vida útil.

Por otro lado, también en 2022, se ampliará la recogida de residuos orgánicos con un quinto contenedor en toda la ciudad. En este sentido, Zaragoza logró el año pasado reciclar el 50% de toda la basura generada. Finalmente, el Consistorio ha emprendido el proyecto del Bosque de los zaragozanos, que prevé plantar un árbol por cada vecino en la próxima década.

La pandemia agudiza la necesidad de una ciudad más peatonal y ciclista

La drástica reducción de viajeros del transporte público de Zaragoza a causa de la pandemia está lejos de normalizarse. Año y medio después de la llegada del coronavirus a la ciudad, la demanda es todavía un 30% inferior a lo que era habitual, y no se descarta que nunca se recupere por completo. En el Ayuntamiento son conscientes de que muchos usuarios que abandonaron el bus y el tranvía por el temor al contagio o por los nuevos hábitos de vida, como el teletrabajo, ya no volverán.

En cambio, la movilidad peatonal y la ciclista –o en patinete– está en pleno auge. Sus beneficios para la salud de los vecinos y para el medio ambiente de la ciudad son excusas suficientes para apostar por este tipo de desplazamientos, siempre y cuando sean posibles.

En materia urbanística, la remodelación de calles y avenidas que se ha emprendido en los últimos años va en esa dirección, y el espacio peatonal gana terreno al del vehículo privado. No en vano, según los datos que maneja el Ayuntamiento, la mitad de los desplazamientos que se realizan cada día en la ciudad son peatonales.

También se contemplan nuevos tramos de carril bici segregado, el único que defienden los usuarios. La red municipal suma algo más de 130 kilómetros de longitud, una cifra elevada en términos globales, pero no tan buena respecto a otras ciudades si se tiene en cuenta el ratio por población. De momento, el Consistorio, que recuerda que la movilidad ciclista solo representa el 5% de los desplazamientos diarios, ha vinculado la ejecución de nuevos ramales a la llegada de fondos europeos.

En cuanto al transporte público, supone el 28% de los desplazamientos, y dentro de ese porcentaje, el bus aglutina el 80% de la movilidad, y el tranvía el 20% restante. Desde el Consistorio se ha apostado por renovar la flota de autobuses y posponer la necesaria reordenación de líneas a que la demanda se asiente tras la pandemia y al nuevo contrato de gestión. Será entonces cuando se busque una mayor intermodalidad y mejorar las frecuencias.

En cuanto al tranvía, de nuevo los fondos europeos marcarán la posibilidad de comprar nuevos convoyes que reduzcan las aglomeraciones.

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