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La misteriosa desaparición del letrero del Cementerio Alemán

En breve se repondrá el relieve en piedra de casi dos metros que señala la entrada al ‘Deutscher Friedhof’ de Torrero. Lleva más de un mes desaparecido y se desconocen las causas.

La placa de 'Friedhof' sigue en su sitio, pero falta la que indicaba 'Deutsche'.
La placa de 'Friedhof' sigue en su sitio, pero falta la que indicaba 'Deutscher'.
Heraldo

Lo primero que puede pensarse es que fue un acto de vandalismo, pero desanclar y llevarse una piedra pesadísima es harto complicado, incluso con nocturnidad y alevosía. Otra posibilidad es que una tormenta pudiera haber arrancado el relieve, pero entonces quedaría, al menos, algún resto partido sobre el suelo. Nadie se explica qué ha podido pasar con el letrero del Cementerio Alemán de Zaragoza que lleva mes y medio sin estar en su sitio.

“Tenemos constancia de que falta desde, por lo menos, el 2 de julio, fecha en la que una persona del cementerio pasó por allí y se percató de que no estaba la placa”, explican fuentes municipales que recuerdan -no obstante- que del cuidado y la gestión del camposanto germano se ocupa la Asociación para la Administración y Conservación del Cementerio Alemán en Zaragoza, creada oficialmente en 1983 por los descendientes de la colonia teutona, que llegó a la capital aragonesa durante la Primera Guerra Mundial.

Desde la asociación están al tanto de lo sucedido y, de hecho, calculan que el cartel falta desde mediados de junio. Ya están pidiendo presupuesto para poner una nueva placa con la palabra ‘Deutscher’ (alemán), que ha de labrarse en piedra y supone un desembolso importante para una colectivo que no tiene más recursos que la buena voluntad de la treintena de personas que lo forma. La otra placa, la de ‘Friedhof’ (cementerio), la cambiaron hace más de diez años y, de hecho, ahora se percibía a simple vista una notoria diferencia entre ambas cartelas. Desde la Asociación han pedido tres presupuestos en diferentes empresas y en breve decidirán por cuál optan, y cuándo se repone un cartel que mide 1,5 metros de ancho por 40 centímetros de alto.

Las dos relieves están colgados a más de dos metros de altura y separados por una cruz a las puertas del recinto. Otras de las posibilidades que se contempla es que el letrero se pudiera desprender accidentalmente o forzado por algún vándalo -el mortero para su fijación estaba muy deteriorado- y que alguien que pasara por ahí se lo llevara, hecho añicos, “de recuerdo”. También está la menos probable hipótesis de que una tormenta pudiera haberla arrancado y, de hecho, en el Ayuntamiento llegaron a preguntar a Servicios Públicos por si los barrenderos de las calles hubieran podido recoger los restos, pero no hay constancia. 

Los trabajadores municipales explican que “lo normal” es que cuando pasa algo en los alrededores del cementerio les den cuenta a los responsables y, en este caso, se sorprenden de no haber tenido noticia porque el letrero puede pesar más de 50 kilos. Las brigadas de conservación y mantenimiento de Torrero no se ocupan de él, aunque en las oficinas municipales sí llevan al día el registro de los enterramientos que ahí tienen lugar. La cónsul honoraria, María López Palacín, explica que no dispone de información de lo sucedido por ser un recinto privado (dependió del consulado zaragozano hasta que este se convirtió en honorario en 1945), por lo que de su gestión y cuidado se encargan los familiares de quienes ahí están inhumados.

Una imagen del interior del desconocido camposanto germano.
Una imagen del interior del desconocido camposanto germano.
Guillermo Mestre

El Cementerio Alemán guarda en su interior otros enigmas y misterios, pero para muchos zaragozanos su propia existencia es desconocida. El recinto se encuentra al final de la avenida de América, en un lateral de la tapia de Torrero separado por un muro y una valla metálica, y se deja entrever a través de dos cancelas cerradas por un candado. Hay alrededor de 60 lápidas y en este espacio descansan empresarios de grandes familias con ascendencia germana e, incluso, el músico Mauricio Aznar, el que fuera líder de Más Birras que falleció en el año 2000. Su segundo apellido era Müller y su historia la está rodando Javier Macipe en la película ‘La estrella azul’.

En tiempos se enterró aquí también a militares de las dos guerras mundiales y de la contienda española (aviadores de la Legión Condor), pero hoy en día el cementerio no tiene carácter castrense y, de hecho, de la mayoría de los soldados solo quedan las losas porque los restos fueron trasladados en 1982 a Yuste, donde está la única necrópolis militar alemana de España.

Pero, ¿cuál es su origen? El Cementerio Alemán se inauguró oficialmente el 6 de noviembre de 1941, año de la cesión del lugar por parte del Ayuntamiento y quedó a cargo del cónsul alemán en la ciudad. No obstante, hay tumbas anteriores a esas fechas y, de hecho, la historia de la emigración alemana a Zaragoza es apasionante. El escritor Sergio del Molino rastreó su historia y su influencia en el libro 'Soldados en el jardín de la paz', donde se explica que todo empezó en mayo de 1916, cuando llegaron a Zaragoza 347 internados alemanes procedentes de Camerún. ¿Por qué motivo? Resulta que los aliados anglo-franceses lanzaron una victoriosa ofensiva sobre la colonia alemana de Camerún, ocupándola por completo. Los militares y civiles germanos en África pidieron asilo en la vecina Guinea Española y el Gobierno de Madrid, neutral en el conflicto, les dio refugio por motivos humanitarios. Fueron trasladados en barco a la Península y alojados en varias ciudades: Zaragoza recibió uno de los mayores contingentes y sus miembros se integraron rápidamente en la ciudad. 

La puerta de entrada al recinto, en una foto de archivo.
La puerta de entrada al recinto, en una foto de archivo.
Guillermo Mestre

Aparecen en un pasaje de la novela "La Quinta Julieta" de Ramón J. Sender y se les atribuye la introducción de un deporte de origen inglés desconocido en la ciudad hasta entonces: el adictivo "football". De hecho, el primer campo de fútbol que hubo en Zaragoza parece que estaba en Torrero y se llamaba, significativamente, Campo de los Alemanes. Con los años, la colonia atrajo a nuevos miembros, con poderosas familias de industriales como los Kurtz, los Shönemann o los Schneider. El Tinte de los Alemanes, el Colegio Alemán y el Cementerio de los Alemanes son parte de su legado en la ciudad.

El Cementerio Alemán guarda otros secretos como el hecho difícilmente explicable de que una de las tumbas, la de Robert Ysenburg, señale la fecha de 1863 como la de defunción de su morador (esto es, 74 años antes de la existencia del propio cementerio) o que el terreno estuviera en su día dividido entre la parte cristiana y la protestante, distinción que hoy ya no se hace ni apenas se aprecia entre la maleza y las lápidas semivencidas.

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