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120 años de sender. artes y letras

Seis escritores aragoneses eligen sus libros favoritos de Sender

Ramón Acín, Ana Alcolea, José María Conget, Cristina Grande, Ricardo Lladosa y Fernando Sanmartín comentan sus obras maestras

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Ramón José Sender en el Casino Mercantil, en 1974. El fotógrafo Gerardo Sancho ajusta su cámara para preparar un retrato.
Archivo Heraldo.

Seis autores aragoneses, Ramón Acín, Ana Alcolea, José María Conget, Cristina Grande, Ricardo Lladosa y Fernando Sanmartín (entre ellos dos premios de las Letras Aragonesas: Ana Alcolea y José M.ª Conget), eligen y elogian un libro de Sender.

RAMÓN ACÍN

‘Crónica del Alba’

"Con la autoficción como eje, ‘Crónica del alba’ me parece de lo mejor de Sender. Su lectura es un viaje con continuos cambios en la mirada con jugosos y fértiles contenidos. A la simplicidad de una vida y su ingenua vivencia por entornos rurales aragoneses (‘Crónica del alba’), sigue el agobio y aislamiento en el internado (en Reus) que, junto a la pérdida de la inocencia, inicia en los conflictos personales e indica aficiones del futuro escritor (‘Hipogrifo violento’), antes de desembocar en el universo urbano y plural de una Zaragoza conflictiva (‘La quinta Julieta’). Tres tiempos, vitales e históricos, que forjaron la persona y personalidad del autor. La autobiografía y el documento histórico cosidos a la literatura".

ANA ALCOLEA

‘Réquiem por un campesino español’

«Releer el ‘Réquiem por un campesino español’ no es solo mirar la historia de España, también es bucear en las entrañas de la humanidad. La prosa sobria, directa, y sin adornos de Sender nos lleva a un mundo de supersticiones, de rivalidades, de abismos entre el campo y la ciudad, de ambigüedad, de injusticia social, de murmuraciones, de delaciones, de hipocresía. Un réquiem que sirve para lavar de sombras las conciencias en una novela de cien páginas que nos retrata y nos revuelve las tripas».

JOSÉ MARÍA CONGET

‘La locura equinoccial de Lope de Aguirre’

"Uno de los prejuicios –injusto, como casi todos—de mi etapa universitaria se cebaba en la narrativa contemporánea escrita en español que no fuera latinoamericana o procediera del exilio. Esta última se enfrentaba a la dificultad de atravesar la barrera de la censura –lo que le confería un mayor valor--, ya no siempre por el contenido de las obras sino por su origen venenoso en editoriales y autores asociados a los rojos republicanos. Mitifiqué una literatura de la que lo ignoraba casi todo, salvo los nombres más destacados que ya circulaban entre los estudiantes letraheridos del momento. Por eso celebré, con emoción incomprensible para quien haya crecido en tiempos menos miserables, la publicación en 1967 o 1968 de ‘La aventura equinoccial de Lope de Aguirre’, de Ramón J. Sender. Leí luego novelas suyas que me gustaron más –la primera parte de ‘Crónica del alba’, el ‘Réquiem’, ‘Imán’– pero conservé el fervor de amor primerizo por aquella aventura que, además, se convirtió en modelo ejemplar del personaje histórico: ni las películas de Herzog y Saura, ni las versiones de aquel episodio delirante por Uslar Pietri y Otero Silva, me convencieron, por apartarse del relato canónico que para mí era (es) el de mi paisano".

CRISTINA GRANDE

‘El lugar de un hombre’

«Ramón J. Sender publicó en 1939, en su exilio mejicano, una primera versión de esta extraordinaria novela. En 1958 publicó la segunda versión, la definitiva, que es en realidad una tragedia intensa y compleja. Sender se basó en los artículos que escribió para ‘El Sol’ en 1926 sobre el famoso crimen de Cuenca. Pero la novela es también un tratado de etnografía de la España rural de la época, donde afloran las injusticias, la naturaleza (maravillosamente descrita), y una sociedad fragmentada y dividida en la que “cada hombre, hasta el más miserable, ocupa un lugar en el mundo”».

RICARDO LLADOSA

‘Mr. Witt en el Cantón’

"La vigencia de un clásico de la literatura consiste en su capacidad de explicar el presente desde el pasado. La recuperación por Contraseña de ‘Míster Witt en el Cantón’, premio Nacional de Literatura 1935, es muestra de ello a través de su protagonista, el ingeniero Jorge Witt, cómodamente instalado en su gabinete, al margen de la revolución cantonal en la Cartagena de 1873. A día de hoy, Witt sigue ejemplificando a la élite tecnocrática de tantos gobiernos del mundo, alejados de la ciudadanía e incapaces de resolver sus problemas, lo cual da lugar al populismo".

FERNANDO SANMARTÍN

‘La aventura equinoccial de Lope de Aguirre’

"El abuelo de Sender era analfabeto. Lo contó en una entrevista que yo vi hace dos meses, una noche de diciembre; una entrevista de 1976 en la que Sender viste con elegancia, traje y corbata, aunque lleve calcetines blancos que la cámara capta un instante. ¡Y qué más da que se lleven esos calcetines cuando se ha escrito ‘La aventura equinoccial de Lope de Aguirre’. Leí esa novela con veinte años y aún recuerdo la cojera de Lope, su estatura corta y su aire atravesado. Sender no se erosiona por el paso del tiempo. Sucede con muy pocos".

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