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Los edificios históricos del Ayuntamiento de Zaragoza piden paso tras varias décadas de abandono

Pontoneros se prepara para su reforma mientras el resto de los inmuebles catalogados siguen a la espera. El gobierno fía buena parte de las intervenciones a la colaboración público privada ante su elevado coste.

Montaje con las imágenes de Pontoneros, Giesa, los baños judíos y la Imprenta Blasco.
Imágenes de Pontoneros, Giesa, los baños judíos y la Imprenta Blasco.
Heraldo

La rehabilitación del antiguo cuartel de Pontoneros acaba de recibir un impulso que puede ser el definitivo. El gobierno municipal aprobó esta semana, entre críticas de la oposición por el carácter privado del proyecto, las bases del concurso para convertirlo en una residencia de estudiantes. Mientras, el resto de edificios históricos sin uso siguen a la espera de una solución. La ciudad dispone de un notable catálogo de joyas olvidadas y de 51 inmuebles de interés arquitectónico pero, mientras algunos se han reformado, otros siguen esperando una remodelación tras décadas en las que el paso del tiempo ha agudizado su deterioro.

De momento, el Ayuntamiento está pendiente de firmar un convenio con la Universidad de Zaragoza que pueda servir para programar diferentes actividades en los inmuebles que estén sin uso y hacer que recuperen su atractivo de cara a futuras inversiones. Y, como Pontoneros, también hay otros que están dando pequeños pasos hacia su recuperación. La apertura de los 26 pisos sociales de la Imprenta Blasco, impulsada por el anterior equipo de gobierno, o el acondicionamiento del interior de la antigua fábrica de Giesa, por el actual, son algunas de las noticias positivas de los últimos años en cuanto a la conservación del patrimonio, pero todavía queda camino por recorrer y en algunos edificios la degradación parece ser un problema enquistado.

En ocasiones, su puesta en funcionamiento requiere de ambiciosas obras de recuperación y grandes inversiones. Por eso, en muchos casos estos trabajos no han llegado a despegar fuera cual fuera la corporación municipal, a la espera de tiempos mejores que por culpa de la pandemia no parecen estar cerca. El palacio de Fuenclara es un buen ejemplo. Allí se han acometido en los últimos años pequeñas actuaciones de mantenimiento y conservación, y en 2021 se quiere seguir en la misma línea, es decir, nada de grandes renovaciones. Se han presupuestado 100.000 euros.

Gasto muy elevado

El concejal de Urbanismo, Víctor Serrano, ya ha manifestado en numerosas ocasiones que se trata de un gasto muy elevado que, en estos momentos, el Ayuntamiento no es capaz de asumir. Según sus cálculos, harían falta entre 8 y 9 millones solo para su correcta puesta a punto. Por eso, admite que este inmueble es «la gran espinita» en materia de patrimonio, ya que es un espacio «maravilloso» pero muy «deteriorado» y no se le puede dar salida. «Es una pena que esté sin uso», asegura el edil, que cuenta que la intención es apostar por la colaboración público privada y permanecer alerta a lo que pueda surgir. «El muro de Caballería, por ejemplo, se podría haber derruido, pero estuvimos atentos para conservarlo», incide.

Aún así, de momento Fuenclara tendrá que esperar, y no es el único edificio en esa situación. Para el Taller de los Hermanos Albareda, ubicado en la calle de Miguel Allué Salvador, ni siquiera hay previsiones a corto plazo. «Todos los años dotamos partidas, tanto generales como particulares, a través de la comisión de Patrimonio municipal para que no sufran deterioro», resume el edil. Este año, por ejemplo, se destinarán 300.000 euros para edificios sin uso y restos arqueológicos.

Por fortuna, no todo son sombras y varios inmuebles están cada vez más cerca de su segunda oportunidad. Es fácil encontrar algunos casos en el Casco Histórico, donde desde octubre las 26 viviendas sociales de la Imprenta Blasco ya tienen inquilinos. Aquí, sin embargo, los trabajos no están concluidos. Queda por ejecutar el espacio museístico de la planta baja con las máquinas catalogadas. Actualmente está en licitación un contrato para actualizar el proyecto y «adaptarlo a las nuevas necesidades» del área, a la espera de partida presupuestaria.

Pisos, museos y residencias

A apenas quince minutos a pie de allí está Pontoneros, que parece ser uno de los casos más avanzados. Aquí, la empresa adjudicataria deberá afrontar una reforma integral y ampliación de las instalaciones de Madre Rafols con un coste estimado de 16 millones de euros. La fórmula elegida es la cesión del derecho de superficie, por 75 años, que según el PSOE podría ser irregular, ya que no prevé viviendas sociales o un proyecto de interés público, como exige la ley. Por ello, el grupo municipal estudia llevar el caso a los tribuanles.

Por su parte, en la antigua factoría de Averly, en el paseo de María Agustín, van a comenzar pronto las obras para la construcción de 120 viviendas junto a los elementos protegidos de la vieja fundición, uno de los vestigios más importantes del patrimonio industrial de la ciudad. La promotora se encargará de construir además el denominado Jardín Romántico, pero sigue en el aire la reconversión del edificio catalogado, que podría albergar un museo.

En cuanto al futuro museo de los baños judíos, debía ver la luz este año, pero según reconoció hace unos días la vicealcaldesa, Sara Fernández, el Consistorio está encontrando problemas técnicos para acondicionar los accesos de acuerdo a la normativa actual.

Mientras, en Las Fuentes, la antigua fábrica de Giesa vivió el año pasado un profundo tras el derribo y limpieza de parte del complejo industrial, de donde se extrajeron 4.000 toneladas de basura. En este caso, las cuentas de 2021 contemplan una importante partida de 1,6 millones para la redacción del plan director y las primeras actuaciones de la mano de los vecinos. Pero se vuelve a repetir problemática porque la gran amplitud de la factoría implica que las actuaciones deberán ir desarrollándose poco a poco, ya que, según indican fuentes municipales, «no es factible una inversión de golpe por el alto coste que conllevaría».

Para este tipo de cuestiones, el Ayuntamiento prevé un convenio junto a la Universidad de Zaragoza que podría ser clave. Aún está en una fase muy inicial, pero la intención es que sirva para «poner en valor los edificios sin uso», explica Serrano. La idea sería celebrar actividades culturales o que fomenten el comercio de proximidad y poner así los inmuebles «en el escaparate».

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