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Negocios en tiempo de pandemia 

El pequeño comercio del barrio de Delicias saca pecho a pesar de la “situación crítica”

Muchos establecimientos de este populoso barrio zaragozano han tenido que lanzarse a la venta online para sobrevivir, mientras otros hacen frente como pueden a las restricciones de aforo.

Comerciantes del barrio de Las Delicias de Zaragoza.
Comerciantes del barrio de Las Delicias de Zaragoza.
Toni Galán

La calle Delicias, todo un referente comercial en la ciudad, experimenta desde hace unos años una crisis de identidad agravada ahora por la pandemia de la covid-19. Sus comerciantes llevan tiempo alertando de la degradación de esta vía, que hace unas décadas albergaba las mejores firmas y atraía a visitantes de todos los puntos de la capital aragonesa.

Con todo, la mayoría de sus locales continúan abiertos -hay cerrados en torno a un 15 y un 20%- y quienes los regentan apuestan por devolver a la calle Delicias el esplendor que la caracterizaba. “Nuestro deseo es que vuelva a ser lo que era mucho antes de la pandemia. El trabajo que hacemos está encaminado a eso”, explica Sandra Sanz, secretaria de la Agrupación de Comerciantes de Calle Delicias y Adyacentes.

Uno de los grandes problemas de esta vía es el precio de los alquileres, elevados en relación al poder adquisitivo de la gente que vive o pasea por la zona. “Es una calle que se cotiza bastante para el tíquet medio que tenemos”, señala. La portavoz es propietaria de Granier, una panadería-cafetería ubicada junto al Mercado Delicias. Hace muy poco abrió otra en la calle Cinco de Marzo, pero reconoce que los hosteleros no tienen las cosas fáciles. “Nos han perjudicado mucho las modificaciones sin previo aviso, de un día para otro, especialmente en la hostelería, que requiere de mucha planificación”, apunta.

Sandra Sanz, secretaria de la Agrupación de Comerciantes de Calle Delicias y Adyacentes
Sandra Sanz, secretaria de la Agrupación de Comerciantes de Calle Delicias y Adyacentes
Toni Galán

Sanz cree que la situación es “crítica”, especialmente para quienes como ella, trabajan día a día en sus negocios. “En Delicias no somos empresarios. En cada uno de los comercios de esta calle, los dueños estamos trabajando como uno más. Esto se puede sostener un tiempo, pero los recursos son limitados”, explica.

En su caso, las restricciones de aforo y horarios le han supuesto un descenso del 30% en la facturación. En este sentido, Sanz se muestra partidaria de aplicar en la hostelería medidas ambientales, más de que de aforo y distancia. “En el AVE te puedes sentar a menos de 20 centímetros de un desconocido”, lamenta sin entenderlo.

En estos momentos, la agrupación de la que es secretaria cuenta con medio centenar de asociados. Una de ellas es Rosa Vicente, que hace dos años y medio decidió reincorporarse al mercado laboral abriendo A tu gusto y Bon Appétit, una tienda de alimentación en la que despacha tanto productos básicos como gourmet.

“Me conozco esta calle desde niña. Era una buena calle comercial, como una calle Alfonso, pero se ha quedado obsoleta”
Rosa Vicente, en su tienda de la calle Delicias.
Rosa Vicente, en su tienda de la calle Delicias.
Toni Galán

En sus estanterías se puede encontrar desde pan, huevos o madalenas, hasta pasta a granel, quesos y embutidos selectos, aceites de primera extracción o botellas de vermú premiadas en certámenes internacionales.

“Me conozco esta calle desde niña. Era una buena calle comercial, como una calle Alfonso, pero se ha quedado obsoleta”, lamenta Vicente. Lo achaca, principalmente, a la devaluación de sus viviendas, muchas de ellas antiguas, sin reformar, y sin ascensor.

Aunque la pandemia no le ha afectado demasiado económicamente -permaneció abierta por ser considerada un comercio esencial-, reconoce que esta llegó justo cuando su tienda comenzaba a despegar. “Ha sido duro desde el inicio, pero para los tiempos que corren, no me puedo quejar”, señala.

Rosa cree que, poco a poco, los vecinos se han dado cuenta de que las tiendas de proximidad tienen mucho que ofrecerles. “Durante el confinamiento, la gente no respondía tanto al pequeño comercio porque preferían las grandes superficies. Después, han visto que aquí se respetan aforos y se ha hecho mucha campaña”, concluye.

“Aquí venía a tatuarse gente de 300 kilómetros a la redonda”

En Aragón, el sector de los tatuajes no se ha visto tan perjudicado por las restricciones como en otras comunidades autónomas como Cataluña, Asturias o Cantabria, donde los estudios han tenido que cerrar durante algunos días al no ser establecimientos esenciales.

Lo que sí han notado en Imperium Tattoo son las limitaciones de movilidad entre territorios. “Aquí venía gente de 300 kilómetros a la redonda. Teníamos clientes de Soria, Navarra y La Rioja, que pueden representar un 20% de nuestro trabajo y que ahora no pueden venir”, comenta Luis Clares, propietario de este negocio que lleva 13 años en el paseo de Calanda.

Luis Clares es el propietario de Imperium Tattoo y de Traditional Barbershop.
Luis Clares es el propietario de Imperium Tattoo y de Traditional Barbershop.
Toni Galán

“Hemos tenido muchos problemas: cambiando de citas continuamente por gente que estaba confinada, se había quedado en ERTE, había estado en contacto con un positivo… Hemos hecho maravillas con la agenda para poder cubrir los días de trabajo”, explica. A pesar de ello, a este estudio de tatuajes y piercing las cosas no le están yendo del todo mal. De hecho, en enero ampliaron la plantilla contratando a dos nuevos empleados.

Clares también regenta Traditional Barbershop, una barbería tradicional a tan solo unos metros de su estudio. Allí la crisis sí que se ha notado más. “Desde mayo estamos a un 50% de trabajo. La gente se ha dado cuenta de que se pueden apañar el pelo o quitar la barba ellos mismos”, apunta.

“Estamos tristes, pero tenemos que seguir”

Para algunos comerciantes del barrio como Eugenia Castillo, la venta online está siendo fundamental para mantenerse abiertos. Castillo es la propietaria de En Frasca, una pequeña tienda de perfumes de equivalencia, jabones artesanos y productos cosméticos. Abrió hace casi siete años y resiste gracias al apoyo de su fiel clientela,

“La cosa ha aflojado muchísimo. Llevamos un año tirando como podemos. Estamos tristes por la situación, pero tenemos que seguir”, afirma. Desde que pudo reabrir el 11 de mayo, Eugenia tan solo abría por las mañanas. Hasta ahora, que ha decidido empezar a abrir también los jueves por la tarde.

Eugenia Castillo, en su tienda.
Eugenia Castillo, en su tienda.
Toni Galán

Poco a poco, En Frasca va recuperando el ritmo ayudada por la venta por internet. “Durante el confinamiento no vendía online, pero los clientes empezaron a llamarme para saber si hacíamos envíos a domicilio”, señala. Finalmente, decidió poner en marcha una web con la que poder llegar también a gente de fuera de Zaragoza.

Pese a las dificultades, Eugenia mira al futuro “esperanzada”. “Esperemos que esto pase pronto. Igual que comenzó, llegará un día en el que tendrá que terminar”, dice.

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